otra saga familiar en apuros

El clan de los Villar Mir, entre la cita con Fainé y el síndrome de las Koplowitz

La familia lucha por mantener un castillo atacado por su propia mala gestión y las ganas de los 'hedge funds' de aprovecharse de un enjambre de deuda difícil de resolver

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

“El Grupo Villar Mir (GVM) es uno de los mayores grupos privados españoles, con una presencia internacional muy importante y con actividades muy diversificadas en 6 divisiones. Especializado en comprar y consolidar empresas en graves dificultades. La mayor y más grande compañía del Grupo Villar Mir es Obrascón Huarte Lain (OHL), uno de los mayores grupos mundiales de construcción y concesiones, en el que, por cotizar en Bolsa, el Grupo tiene una participación limitada voluntariamente al 50,1%”.

Esta es la cabecera de una presentación oficial con la que la familia Villar Mir sacaba pecho hace apenas un mes antes los inversores del 'holding', un documento público en que se hace una loa al padre, Juan Miguel Villar Mir, que, según el mismo, fundó el 'holding' en 1987 con sus tres hijos con “fondos propios iguales a cero”. Es decir, sin una peseta, que era la moneda corriente en ese momento, haciendo hincapié en que el veterano empresario es el único propietario de un imperio “independiente”, ya que “ninguna institución, ni financiera ni de ningún otro tipo, es propietaria de una sola acción”.

Pese a haber perdido 1.500 millones de capitalización bursátil entre octubre de 2015 y la publicación del dossier de 38 páginas el pasado mes de junio, Villar Mir hizo saber a los inversores que merodeaban sobre las presuntas grietas del holding que el grupo seguiría llevando siempre su apellido y que la familia nunca perdería la mayoría del capital (ni su control). Al contrario, lejos de eso, el marqués de Villar Mir, un hombre muy vinculado al rey emérito Juan Carlos I, recordó sus propias virtudes en la citada presentación al asegurar que “la integridad, la honestidad y la ética en todos los aspectos de los negocios” son sus principios fundacionales, amén de “trabajar con pasión, con espíritu de superación, con vocación de liderazgo, con máxima delegación y recompensando según resultados”.

Todo un panegírico de sí mismo acompañado de su currículum empresarial y político, en el que omite sus primeros pasos, todavía bajo la dictadura franquista como director general de Empleo, presidente del Fondo Nacional de Protección del Trabajo y presidente, entre otras, de Altos Hornos de Vizcaya, que después compraría por una peseta, el cimiento de su imperio.

Diapositiva de la presentación corporativa del Grupo Villar Mir
Diapositiva de la presentación corporativa del Grupo Villar Mir

Diapositiva de la presentación corporativa del Grupo Villar Mir
Diapositiva de la presentación corporativa del Grupo Villar Mir
 

Pese a que las dificultades financieras del castillo son públicas, como quedó evidenciado con la ampliación de capital de 1.000 millones en OHL y la venta a la carrera de Torre Espacio por casi 558 millones, el veterano empresario dejó claro a los buitres que olían su sangre que jamás claudicaría. “Vender es perder”, le dijo varias veces a su entorno familiar, algunos de cuyos miembros le habían pedido hace varios años que diese un paso atrás y que se dejase de delirios de grandeza, que había que desinvertir antes de que los bancos le obligarán a malvender sus torres. A diferencia de lo que en su día hicieron los patriarcas de los Entrecanales, que a los 71 años cedieron el testigo a sus hijos (1970 y 2004), él nunca quiso marcharse.

Ni su vástago, Juan Villar Mir de Fuentes, ni su yerno, Javier López Madrid, fueron capaces de convencerle en ningún momento de que se apartara de la primera línea ejecutiva, reclamo que le hicieron con insistencia tras su grave accidente del verano de 2014. También a principios de 2015, cuando se enfrentó con la comunidad financiera -analistas, inversores y agencias de 'rating'- tras venir a decirles públicamente que no sabían calcular bien el valor de OHL, el corazón del imperio. Todos estaban equivocados, menos él.

La familia ha pasado de comprarlo todo -Abertis y Colonial- a tener que vender lo que tiene a mano -Canalejas, México, Ferrobloge- para pagar las deudas

No le faltaba razón. La malla de créditos cruzados entre Grupo Villar Mir y OHL no era ni sigue siendo fácil de descifrar. La sociedad familiar y la constructora comparten inversiones en Inmobiliaria Colonial, Canalejas y Abertis, sus tres grandes aspiraciones -llegó a decir que será el primer accionista de la inmobiliaria y la concesionaria catalana-, con préstamos y contratos derivados sometidos a unos 'margin call' que cada vez que saltan por la caída de la acción exigen a la familia y a la constructora poner más garantías o vender activos. Sea como fuere, la conclusión es que los inversores, sobre todos los 'hedge funds' cortoplacistas, sospechan que ni la empresa ni la saga pueden hacer frente a las deudas.

En las conversaciones en la planta 46 de Torre Espacio, entre la capilla, la pista de pádel y la piscina, el líder del clan confiaba en sus relaciones con la banca, sobre todo Emilio Botín (Santander) e Isidro Fainé (Caixabank), para superar cualquier adversidad. Sus colegas banqueros, con los que compartía consejos de administración, siempre estarían de su parte. En resumen, que no le pasaría como a las Koplowitz, que han acabado perdiendo FCC en favor de Carlos Slim. Esther y sus hijas, que llegaron a acumular la mayor deuda privada de Europa, jamas creyeron que BBVA, Santander, Bankia y Caixabank les harían hincar la rodilla.

Al tiempo que difundía la citada presentación a los inversores, mientras rechazaba la segunda oferta de un grupo chino que le quiso comprar su 50,01% de OHL por 1.000 millones de euros, Villar Mir, de 84 años, claudicó una mañana que se fue a ver con Isidro Fainé. El constructor le expresó al banquero su malestar porque no había podido explotar la alianza con Abertis, controlada por Caixabank, firmada en 2012, cuando OHL le vendió su negocio en Brasil a cambio de un 18% en la concesionaria catalana. 

Emilio Botín e Isidro Fainé en 2011. (EFE)
Emilio Botín e Isidro Fainé en 2011. (EFE)

Villar Mir se quejó a Fainé de no haber hecho nada juntos. Aquella pretensión de crear el grupo líder de concesiones en el mundo se quedó en nada. Por ello, le comunicó su decisión de vender la mitad de su paquete, un 7%. El veterano banquero, informado por los gestores de Abertis de algunas cosas feas del negocio en Brasil, entendió que la desinversión se debía más bien a los apuros financieros de la familia, que cada vez que cae la acción de su constructora tiene que rascarse el bolsillo y poner garantías. Y en caso de no tener dinero en caja, pedir más dinero prestado, una pescadilla que se come la cola. Un manjar para los cortoplacistas.

Esa mañana, lejos de recibir cierto cariño o comprensión de su colega, observó en el presidente de Caixabank una total frialdad. Esa escena ya la había vivido Fainé años atrás. Primero, cuando Sacyr se compró el 20% de Repsol que todavía no ha podido pagar pese a haber vendido ya un 12% de la petrolera. Segundo, cuando Florentino Pérez, ahogado por las deudas de su ocurrencia en asaltar Iberdrola, tuvo que largar el 10% de la propia Abertis en la primavera de 2012 para que los bancos no le quitaran ACS. Como Villar Mir, estos dos constructores pasaron por el confesionario de don Isidro.

La constructora sufre lo que Josep Piqué, el ya ex consejero delegado, va predicando por Madrid: que se apunta ingresos que no llegan a entrar en la caja

Aquella reunión fue clave para la retirada de Villar Mir padre, el ascenso de su hijo Juan a la presidencia, la destitución de Josep Piqué y el nombramiento de Tomás García Madrid como nuevo consejero delegado. El patriarca, con una salud renqueante, cedió antes de enfrentarse a todos. García Madrid, un hombre de la casa con las ideas muy claras, ha tirado de manual: poner patas arriba las cuentas y levantar las alfombras, hasta el punto de reconocer que el equipo gestor anterior, liderado por Piqué, apuntaba ingresos antes de que existieran. Es decir, decía que facturaba una obras cuyo dinero nunca llegaba a la caja de OHL, lo que se traducía en un estrangulamiento del circulante. Un asunto de contabilidad creativa muy grave y muy habitual en las constructoras en los últimos años.

Fuentes próximas a la familia aseguran que el desplome de la última semana es un ataque despiadado de los 'hedge funds' que juegan a corto, a hundir la cotización. Una embestida que OHL no ha podido parar pese a anunciar un programa de recompra de acciones para frenar el 'crash'. Los 'traders' sospechan que los Villar Mir tienen unos apuros financieros que les hace muy difícil afrontar sus deuda personales, vinculadas a las acciones de la constructora, de la que quieren mantener el 50,01% para seguir conservando el control. Están jugando a quitar la empresa a un apellido que hasta ahora se consideraba intocable, como les ha pasado a las Koplowitz, los Benjumea o los Luis Delso de turno.

Juan Miguel Villar Mir. (Reuters)
Juan Miguel Villar Mir. (Reuters)

El problema es que la joya de la corona empieza a tener muchas vías de agua y aunque García Madrid ha acotado el virus, cuantificando el dolo causado por las casi 20 obras fallidas que le generan graves pérdidas, y ha hecho un ejercicio de transparencia muy significativo, lo que es evidente es que OHL y Grupo Villar Mir están abocados a un reajuste severo, con la venta de todo lo que puedan, como su gran proyecto inmobiliario de Canalejas, sus hoteles en México, parte de sus concesiones en Latinoamérica y hasta un trozo de Ferroglobe. En definitiva, aunque la constructora vale seguro más de lo que dice ahora la bolsa y deberá rebotar dado que tiene activos que valen más que su deuda, ambas compañías, la madre y la hija, ya están calificadas por el mundo financiero como distress o de alto riesgo. Llevará tiempo quitarse esa cruz.

A Villar Mir hijo le toca ahora demostrar la supuesta capacidad del padre para “consolidar empresas en graves dificultades financieras”, como dice la citada presentación. Pero en un entorno mucho más complicado, sin los beneplácitos institucionales -la Corona y los distintos partidos- que tenía el patriarca, buscando proyectos en el extranjero donde se corre un grave riesgo de perder dinero si se aplica la Marca España de pedir sobrecostes. El verano será, más que nunca, tiempo de reflexión para la familia, algunos de los cuales han suspendido su tradicional visita al yate atracado en Grecia al calor de los acontecimientos. Más que nunca deberán estar unidos. Porque tener a un fondo especulativo de Mónaco -Tyrus Capital como principal aliado para defender su fortaleza es la mayor demostración de debilidad. Las Koplowitz no han tenido más remedio que caer en las manos de Slim; los Benjumea, en la de los 'hedge funds'; y Delso, en las de la banca.

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