PROPIEDAD INDUSTRIAL

La guerra del perfume 'pirata': la patronal cosmética expulsará al fabricante 'low cost'

Dos gemelos de Zaragoza han encontrado un filón: vender perfumes de imitación a diez euros. Bordean la ley y las grandes marcas van a por ellos. Lo siguiente, echarlos del 'lobby'

Foto: Antonio Resines presenta una gala de los Goya con los perfumes Saphir. EFE
Antonio Resines presenta una gala de los Goya con los perfumes Saphir. EFE

Supermercado DIA de las afueras de Madrid. Junto a la cajera hay un expositor de plástico con unos frascos numerados del 1 al 56. "Caravan fragancias. Perfumes de lujo a tu alcance. Pregúntanos". Son de 150 mililitros y cuestan menos de 10 euros. Preguntamos. La cajera mira alrededor y levanta el teclado de la caja. Saca un folio sin membrete en el que está el listado al que equivale cada número. Carolina Herrera, Cacharel, Paco Rabanne, Loewe, Invictus y un numerito a boli al lado... lo que uno quiera. El olor es idéntico, según los que entienden, y cuesta cuatro o cinco veces menos que en una perfumería. Es el sueño del capitalismo.

En otro supermercado, el cajero da el nombre del perfume buscando con el móvil en internet. Farmacias y tiendas de chinos también tienen estos perfumes numerados. Algunos ocultan la referencia y otros citan abiertamente la marca que copia el perfume de imitación. En una pequeña encuesta no científica solo una cajera explica que no sabe a qué número corresponde cada perfume: "La distribuidora nos ha dicho que no nos puede dar una lista, que es ilegal. Le hemos dicho que así no sabemos cómo vamos a venderlo". De todas maneras, si el comprador tiene interés, lo puede encontrar en multitud de webs.

"Nosotros no confundimos a nadie. Vendemos un producto con nuestro nombre. Es como si se ponen de moda los huevos rotos y todo el mundo los hace"

Detrás de este 'boom' hay una guerra comercial que mueve millones. No es algo nuevo, pero en los últimos tres o cuatro años se ha multiplicado su venta. Los llaman perfumes de equivalencia y están sacudiendo la industria cosmética. Uno de los grandes agitadores es Saphir parfums, un fabricante de Zaragoza.

Al entrar en su sede, en un polígono industrial a las afueras, huele estupendamente, como a coche nuevo. La empresa la dirigen dos gemelos de 41 años: Ignacio y Jorge Sierra. En los años 40 del siglo XX su abuelo montó un almacén de droguería y perfumería que su padre convirtió en una fábrica para otras marcas. La tercera generación tomó las riendas a principios del XXI y en vez de hundir el negocio -como les correspondería según el tópico- lo han multiplicado.

"Damos empleo a 200 personas y exportamos el 25% de la producción. Llevamos cuatro años creciendo a dos dígitos y pagamos impuestos, pero se habla de eso. No lo entiendo", se queja Ignacio Sierra en las oficinas. Eso. Eso son los perfumes de equivalencia. Un pirateo descarado, según las grandes marcas; un negocio legal en alza, según sus defensores. Porque cuando uno compra un perfume de imitación es probable que sea de Saphir, bien de su marca Caravan, la del DIA; de IPA, la de las farmacias, o de Yuven Beauty para otros establecimientos.

Un estante con los perfumes numerados y sin marca.
Un estante con los perfumes numerados y sin marca.

Si alguien piensa que estos perfumes salen de un chiringuito en el que cuatro amigos rellenan garrafas se equivoca. Saphir prevé facturar este año unos 60 millones de euros, frente a 52 del año pasado -y eso que ya había crecido un 30% respecto a 2014-. La empresa está cuidada y cumple con todas las normas.

Ignacio enseña el laboratorio: allí cuatro mujeres y dos hombres se llevan varillas a la nariz y debaten como si fueran enólogos. "Tiene un toque de melocotón", dice una. Saphir no solo imita otras fragancias sino que fabrica marcas propias. Velvet, inspirada en la serie de televisión de Antena 3, es una marca reconocida, como Audrey Hepburn. También produce para terceros pero tienen que respetar la confidencialidad de los nombres. Las equivalencias, explica, solo suponen el 15% del negocio.

Pero es eso lo que los ha convertido en objetivo del sector. El 30 de julio de 2013, el Grupo Puig demandó a Saphir y a los supermercados El Árbol (hoy propiedad de DIA) por vender copias de Paco Rabanne, Nina Ricci, Jean Paul Gaultier, entre otros. Acusaba a Saphir de haber distribuido listas de equivalencia de sus perfumes a través de sus comerciales para identificarlos como imitaciones. En enero de 2015 Saphir fue condenada por competencia desleal y fue obligada a "cesar y abstenerse en el futuro cualquier acto de comercialización, ofrecimiento, publicidad o promoción de sus perfumes de equivalencia haciendo uso de las marcas registradas de Carolina Herrera, Puig y Gaulme", las denunciantes. El fallo señaló que El Árbol y Saphir llevaban a cabo "una explotación parasitaria de la reputación ajena". La sentencia fue confirmada por la Audiencia Provincial de Alicante en septiembre pasado, aunque ha habido recurso al Supremo.

No es la única empresa que ha tenido este tipo de problemas. Equivalenza, una firma que tiene franquicias, fue denunciada en Francia por la patronal francesa de cosmética. La empresa sostiene que cumple la legislación y que ese procedimiento sigue su curso y llegó a un acuerdo con Puig sobre la cuantía a pagar tras una denuncia similar.

La empresa factura 60 millones y patrocina los Goya, donde se lanzan soflamas contra la piratería

La clave es la última parte de la prohibición de la sentencia. Los perfumes de equivalencia se pueden vender, pero sin hacer alusión a las marcas originales. La línea que separa una cosa de otra es fina. Jean Devaureix, abogado en el despacho Pons Intellectual Property, explica que “una peculiaridad es que los perfumes en sí no suelen estar patentados”. Las marcas optan por protegerse mediante el secreto industrial. Así que cualquiera que consiga saber qué aceites esenciales han diluido en alcohol puede imitarlos. Y eso no es nada complicado. El problema surge si se usa la marca. "En un perfume está protegida la marca, el embalaje, el diseño, e incluso puede estarlo el líquido. Respecto al aspecto de la marca, alguien puede argumentar que si no hay confusión tampoco hay engaño al consumidor y se puede defender. Pero los jueces están aplicando el artículo 8 de la Ley de marcas, que protege las marcas notorias, interpretando que no se puede usar una marca reconocida ajena para vender tu producto diciendo que el aroma se parece al de dicha marca, pues supone un aprovechamiento indebido de su reputación". La pregunta evidente es: "¿Cómo se va a vender un perfume que imita a otro sin decir a quién imita?".

Una sentencia condenó a El Árbol y a la marca por "una explotación parasitaria de la reputación ajena"

Las farmacias son incluso menos precavidas que los supermercados y a menudo pegan el nombre del perfume original. Isabel Marín, abogada experta en derecho farmacéutico, critica que "se hace abiertamente. No tienen ningún cuidado y ponen la marca original debajo del perfume". Apunta que un motivo es que las farmacias son inspeccionadas por Sanidad, que se centran en los medicamentos e ignoran la parte de consumo. Por el momento no ha habido problemas legales con farmacias. "Hasta que alguna marca reclame y lo gane", advierte.

La condena no afectó al negocio de Saphir. Tomó medidas para que no se repita. "Mandamos una carta a todos los comerciales prohibiendo usar listas de equivalencia. Nosotros no vendemos al público, si alguien lo hace es problema suyo", cuenta David Rey, director de comunicación de Saphir. "Decimos que nadie haga alusión a terceros, pero la venta es un campo que no controlamos", apostilla Ignacio Sierra, el propietario. Un portavoz de DIA también se desmarca de la cajera que enseñó la lista: "No es política comercial nuestra. Será un hecho puntual". Nadie sabe de dónde salen las listas de equivalencia que cualquier consumidor puede encontrar.

Una farmacia de Madrid muestra a qué perfume famoso equivale la imitación.
Una farmacia de Madrid muestra a qué perfume famoso equivale la imitación.

Las grandes marcas de perfume braman contra las equivalencias. La gota que colmó el vaso fue que Spahir patrocinara la gala de los Goya, donde hubo soflamas contra la piratería (cultural). El próximo paso contra Saphir es expulsarlos de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética, Stanpa, según explican fuentes del sector a El Confidencial, algo que la patronal no quiere comentar. Ignacio Sierra, el director de Saphir, dice estar sorprendido al escuchar que hay movimientos contra él en la patronal: "Llevamos 40 años en la patronal y no hemos tenido problemas". La patronal está ultimando la decisión. Han decidido que en la mesa del 'lobby' no puede estar alguien condenado por usurpar marcas de otros socios.

Saphir responde que todo es una sucia guerra que ya no solo se libra en los estantes de supermercados y droguerías. "Nosotros no confundimos a nadie. Vendemos un producto con nuestro nombre. Es como si se ponen de moda los huevos rotos y todo el mundo los hace. Existe Ryanair y existe Lufthansa. Los grandes diseñadores sacan una colección y al poco está en tiendas asequibles ropa parecida. Todo el mundo convive", sostiene Ramírez con vehemencia. Este insiste en que todo es una lucha de David contra Goliat porque las multinacionales del perfume ven que ellos crecen vendiendo perfumes de calidad mucho más baratos. Según este, la guerra del perfume huele a guerra comercial.

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