tras una guerra judicial sin precedentes

La accionista disidente de El Corte Inglés firma la paz con las hijas herederas

Carlota Areces, que fue destituida como consejera del grupo de grandes almacenes por deslealtad, ha llegado a un acuerdo con las herederas de Isidoro Álvarez

Foto: Marta Álvarez (i) y Cristina Álvarez (d), hijas de Isidoro Álvarez. (Foto: Enrique Villarino)
Marta Álvarez (i) y Cristina Álvarez (d), hijas de Isidoro Álvarez. (Foto: Enrique Villarino)

La paz vuelve de momento a El Corte Inglés casi un año después de que el consejo de administración expulsara a uno de los accionistas relevantes del órgano de gobierno del grupo de distribución. Según indican fuentes próximas a la compañía, Marta y Cristina Álvarez Guil, las hijas adoptivas y herederas de Isidoro Álvarez, han firmado un armisticio con Carlota Areces, que el 30 de agosto del pasado año fue destituida como consejera por oponerse a la entrada en el capital del inversor catarí Hammad bin Jassim.

Las mismas fuentes indican que Carlota Areces, representante de Corporación Ceslar, dueña del 9% de El Corte Inglés, recuperará su asiento tras la celebración de la próxima junta general de accionistas, que inicialmente tendrá lugar el último día de agosto. Se formalizará su vuelta para poner de manifiesto que las aguas vuelven a su cauce en el 'holding' de grandes almacenes, que en 2015 vivió una de las batallas más cruentas en sus 75 años de historia.

Porque Carlota Areces fue destituida por “los reiterados incumplimientos de Corporación Ceslar SL de sus deberes legales como administrador", según explicó El Corte Inglés después de la celebración de la junta general. Posteriormente, añadió en una nota pública que la accionista había faltado a sus obligados compromisos de “lealtad y secreto que le son exigibles como administrador, al dar difusión pública a informaciones, datos, informes o antecedentes a los que ha tenido acceso en el desempeño de su cargo y sobre los que debía guardar la necesaria reserva”. La guerra fue tan feroz que El Corte Inglés aseveró que “ese comportamiento por parte de un consejero impide el ordenado funcionamiento del órgano de administración e imposibilita la buena marcha de los asuntos sociales en perjuicio de la sociedad y el conjunto de sus accionistas".

Exterior de uno de los centros comerciales El Corte Inglés.
Exterior de uno de los centros comerciales El Corte Inglés.

La reacción de Carlota Areces, hija de Luis Areces, hermano del fundador, fue proporcional a la afrenta. Presentó una demanda en un juzgado mercantil para impugnar los acuerdos adoptados en la junta y exigir medidas cautelares que le permitieran volver a tener su lugar en el consejo. Pero el juez desestimó este mes de enero su petición, al considerar que “la demandante infringió sus deberes de lealtad comunicando a terceros informaciones, datos, informes o antecedentes a los que tuvo acceso en el desempeño de su cargo sin exigencia ni habilitación legal alguna”. Al perder este primer envite, Ceslar amenazó con una querella penal por administración desleal.

Pero las dos partes se han sentado a negociar al ser conscientes de que una pelea de este calibre solo puede perjudicar a El Corte Inglés, en un momento crucial, dada la reestructuración financiera en la que está inmerso, los importantes ajustes de costes, los cambios en el equipo gestor y los retos a los que se enfrenta por la competencia digital. Con el próximo regreso de la familia Areces al consejo, se da por hecho que se cerrarán los frentes judiciales y se iniciará una nueva etapa de aparentemente más tranquilidad en El Corte Inglés, donde está por ver el rol que jugará el presidente, Dimas Gimeno.

El presidente de El Corte Inglés, Dimas Gimeno. (EFE)
El presidente de El Corte Inglés, Dimas Gimeno. (EFE)

Cambios en la dirección

Por ello, habrá que ver qué efectos tiene a corto y medio plazo en el equipo gestor la vuelta de Ceslar al consejo de administración. El equilibrio de poder entre la Fundación Ramón Areces, que posee el 37,39% del capital, e IASA, la sociedad que creó Isidoro Álvarez y que han heredado sus hijas Marta y Cristina Álvarez -cuenta con el 22,18%- podrían sufrir alguna alteración si se suma la participación de la accionista disidente -9%- y de Cartera Mancor, otra sociedad de herederos de los fundadores, con el 7%.

En total, el segundo grupo de inversores sumaría el 38,18% y superaría el 37,39% de la Fundación, por lo que podrían proponer cambios en la estrategia comercial o en la financiera. No se esperan de forma inmediata, pero tampoco se descarta que haya una revolución directiva que afecte a desde los cuadros intermedios hasta el propio presidente, que se ha visto envuelto en un rifirrafe entre dos fuegos apenas un año después de tomar las riendas. 

La presencia del inversor catarí, que ha comprado el 12% del capital a cambio de prestar 1.000 millones al grupo, y las distintas emisiones de bonos realizadas en los últimos meses, suscritas por inversores institucionales, obligan a los administradores de El Corte Inglés a tomar las decisiones con un criterio más próximo a las empresas cotizadas que a una compañía familiar, que sigue celebrando sus juntas de accionistas a puerta cerrada. 

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