Freixenet se reúne para decidir sobre su venta el 2 de mayo en plena batalla familiar
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con las familias más enrocadas que nunca

Freixenet se reúne para decidir sobre su venta el 2 de mayo en plena batalla familiar

Se trata de un conflicto familiar largamente larvado que ahora con la oferta de Henkell & Co. ha salido a la luz. Con tantas posibilidades y sin un protocolo familiar, puede pasar cualquier cosa

placeholder Foto: El equipo de gimnasia rítmica, junto al presidente de Freixenet, José Luis Bonet. (EFE)
El equipo de gimnasia rítmica, junto al presidente de Freixenet, José Luis Bonet. (EFE)

El próximo 2 de mayo, Freixenet celebrará su consejo de administración más tenso, ya que han de decidir si la empresa líder de cava en España se vende al grupo alemán Henkell & Co. La opción de vender es la que defienden los Hevia, con un 29% de la compañía. Mantener la empresa en la familia es la opción de los Ferrer, que tienen el 42%. Ambas ramas llegarán del todo enrocadas a este consejo, según explican fuentes cercanas a la compañía, y sin ninguna posibilidad de acuerdo.

Los Hevia ya dan por hecho que los Bonet, que con su 29% podrían arbitrar la situación, se encuentran a su vez divididos entre ellos, tal y como ya avanzó El Confidencial, por lo que los Hevia no podrán sumar el 50,1% que exige Henkell & Co. para mantener su oferta. La clave es Pilar Bonet, prima de los Hevia y que, al contrario que sus hermanos Eudald y Pere Bonet, no quiere vender al grupo alemán. Los Hevia y los dos hermanos Bonet solo suman el 43,5%.

En todo caso, los Hevia ya descuentan que pueden perder y esperan cobrarse, al menos, la cabeza de Pedro Ferrer, que está al frente del día a día de la empresa como consejero delegado. Pedro Ferrer es el hijo de José Ferrer, el presidente de honor de la compañía y la cara más reconocible del grupo. José Ferrer tiene puntos fuertes y débiles. El fuerte es que el 42% de Freixenet es suyo, no de sus hijos. El débil radica en su edad, 90 años.

Los Hevia cuentan para desplazar a Pedro Ferrer del puesto de consejero delegado con los Bonet, ya que ni siquiera José Luis Bonet, actual presidente, apoya los últimos años de gestión en Freixenet. Las ventas están estancadas en los 501 millones de euros y la compañía apenas ganó dinero el último año, solo 2,2 millones de euros.

Además, los Hevia tampoco quieren a José María Ferrer, el hermano pequeño de Pedro Ferrer, como CEO, lo que aboca a la compañía a una situación de bloqueo. Pero los Ferrer saben que solo comprando el paquete de Pilar Bonet (7,25%), y siempre que José Luis Bonet siga siendo neutral, ya bloquearían la jugada de los Hevia. Una forma barata de ganar esta guerra.

Para los Ferrer, comprar su 7,25% a Pilar Bonet es una manera eficaz y barata de hacer descabalgar la oferta de compra de Freixenet por parte de Henkell & Co.

Las acciones de los Ferrer no son propiedad de los hermanos, sino que todavía permanecen en manos del patriarca, José Ferrer. En cambio, tanto las de los Bonet como las de los Hevia son patrimonio de los hermanos de cada rama, lo que les otorga un mayor margen de maniobra.

Una gestión independiente

Hace dos años, los Hevia ya propusieron que se nombrase a un consejero delegado profesional ajeno a la familia, pero los Ferrer se negaron y contaron con el apoyo de José Luis Bonet, lo que mantuvo a Pedro Ferrer al mando de la compañía.

Se trata, por tanto, de un conflicto familiar largamente larvado que ahora con la oferta de Henkell & Co. ha salido a la luz. Con tantas posibilidades y sin un protocolo familiar que blinde a la empresa, puede pasar cualquier cosa. Y gane quien gane, se acepte o no la oferta, habrá cambios en la dirección. Si los Ferrer se imponen, será Enrique Hevia, actual director financiero, el sacrificado. Si los Hevia consiguen alguno de sus objetivos, Pedro Ferrer tendrá que dejar su cargo.

García Carrión

El cava está sufriendo por una apuesta general por los bajos precios, en especial por la presión de empresas como García Carrión, a través de las cavas Jaume Serra. Freixenet jugó a esta política durante mucho tiempo y ahora le está costando reposicionar su producto en la línea de la calidad, tal y como pretende el giro en la gestión. La crisis de Freixenet no es solo familiar, se enmarca en la profunda problemática de un sector que ha preferido apostar por los grandes volúmenes y no por reforzar el valor de sus marcas.

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