el antiguo presidente SIGUE AL MANDO DE LA EMPRESA

La banca se harta de Felipe Benjumea y pide que deje de acudir a los consejos de Abengoa

El antiguo presidente de Abengoa, Felipe Benjumea, sigue al frente de la compañía y participa como 'asesor invitado' en las reuniones del consejo de administración

Foto: El expresidente de Abengoa Felipe Benjumea. (EFE)
El expresidente de Abengoa Felipe Benjumea. (EFE)

El ojo del amo engorda el caballo, pero en este caso la mirada inquisidora de los bancos puede cambiar el aserto en el seno de Abengoa. El grupo de entidades acreedoras que encabeza el Banco Santander, donde también tiene mucho que decir La Caixa, ha puesto pies en pared contra el mando y control que de una forma indirecta viene ejerciendo a día de hoy dentro de la empresa su antiguo y teóricamente defenestrado expresidente, Felipe Benjumea. La tensión cobra especial trascendencia ante la próxima reunión que los responsables oficiales de la empresa andaluza mantendrán esta semana al máximo nivel con los representantes del llamado G-7, en el que también figuran Bankia, Popular, Sabadell, HSBC y Crédit Agricole.

La gota que ha colmado la paciencia de los bancos más beligerantes es la presencia activa que viene protagonizando Felipe Benjumea en los debates que celebra el propio consejo de administración de la compañía. El máximo órgano de gobierno de la compañía convoca en las últimas fechas reuniones sucesivas de manera cotidiana a fin de aclarar los aspectos básicos de las propuestas que han elaborado los diferentes asesores del grupo. Abengoa ha ido acomodando su plan de reflotamiento en una especie de presentación por fascículos; primero el proyecto industrial desarrollado por la consultora Álvarez & Marsal y luego el programa financiero diseñado por el banco de inversión Lazard.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

La necesidad de verificar todos los pormenores con el visto bueno del propio expresidente parece haberse convertido en un requisito obligatorio para los actuales administradores de la compañía, pero los bancos acreedores consideran que la injerencia de Felipe Benjumea puede ralentizar gravemente el desarrollo de unas negociaciones que tienen que resolverse bastante antes de la fecha límite del 28 de marzo. Cabe señalar que la formalización del acuerdo con los grandes bancos debe luego trasladarse al resto de pequeños acreedores financieros, con objeto de asegurar un mínimo de adhesiones equivalente al 75% de la masa de la deuda. El tiempo apremia y el G-7 no quiere que las prisas en contra determinen una mala solución para sus intereses en la empresa.

El malestar de los bancos se dirige también contra el actual presidente, José Domínguez Abascal, a quien todo el mundo dentro de la compañía reconoce una extraordinaria lealtad a Felipe Benjumea. Las entidades de crédito asumieron al principio con cierta resignación la situación creada a sabiendas de quién pincha y quién corta realmente en Abengoa. Pero ahora ha llegado el momento de la verdad, con una discusión que se presume a cara de perro y en que los bancos quieren hacer valer la posición negociadora que ganaron allá por el mes de septiembre, cuando reclamaron la cabeza del anterior presidente como condición previa para afrontar el plan de rescate.

Los bancos quieren hacer valer la posición negociadora que ganaron en septiembre, cuando forzaron la dimisión del antiguo presidente

El G-7 no entiende que los compromisos profesionales de Domínguez Abascal lleguen al punto de facilitar el acceso a las reuniones del consejo de administración de Felipe Benjumea. Para ese viaje no hacen falta alforjas, aseguran en medios financieros, donde se considera que la presencia en el consejo del antiguo titular de la compañía supone un menoscabo al liderazgo del actual presidente. A tal efecto, y a fin de evitar malentendidos, los bancos van a exigir que cesen de forma inmediata este tipo de 'invitaciones' y, si es necesario, se prohíba que el antiguo máximo responsable de una empresa en suspensión de pagos en ciernes siga refrendando su capacidad de influencia en lo más alto de la organización institucional y corporativa.

Los actuales administradores de Abengoa no ven tan clara la insistencia de la banca, por cuanto consideran que Felipe Benjumea cedió la presidencia a cambio de una ampliación de capital que luego ha quedado en agua de borrajas. El aumento de 650 millones de euros había sido solemnemente aprobado incluso por la junta general de accionistas el 10 de octubre, pero la aparición en escena del Grupo Gestamp como fallido mirlo blanco de Abengoa trastocó los planes y la inyección de fondos frescos fue suspendida, a expensas de un plan completo de saneamiento y refinanciación que asegure la viabilidad del nuevo proyecto empresarial.

En el entorno de Felipe Benjumea se recuerda también que el expresidente se inmoló como cabeza visible de la empresa para no entorpecer la ayuda prometida por los acreedores, pero las mismas fuentes añaden que, de momento y mientras no se demuestre lo contrario, sigue representando al máximo accionista de Abengoa, que todavía es la sociedad familiar Inversión Corporativa, propietaria de un 54% del capital. En otras palabras, la empresa considera que los que no han cumplido realmente su parte del trato son los bancos, lo que motivó la presentación del preconcurso de acreedores a finales del pasado mes de noviembre.

En el seno de Abengoa se recuerda que Felipe Benjumea dejó la presidencia para facilitar un aumento de capital que finalmente no se llevó a cabo

La presencia de Felipe Benjumea en el consejo de administración se justica sobre la base del contrato de asesoramiento que mantiene con la empresa y por el que percibe una retribución de un millón de euros. Esta relación mercantil fue acordada en el momento de la dimisión como presidente y estará vigente hasta finales del próximo mes de diciembre, ya que la compañía no tiene previsto rescindir el acuerdo, según anunció hace unas semanas el propio José Domínguez Abascal. El presidente actual es, en definitva, el mejor aval con que cuenta su antecesor y del que depende, en suma, que este último siga acudiendo a las próximas reuniones del consejo de administración.

La posibilidad de que el antiguo presidente pilote realmente las negociaciones con las entidades financieras se ha convertido en algo más que una sospecha, y no deja de ser un problema añadido con vistas a los encuentros que a partir de ahora deberá prodigar la alta dirección de Abengoa con sus grandes acreedores. El plan de la compañía propone una reducción de la deuda bancaria a un 30% como máximo de los 9.000 millones que, en números redondos, acumula la entidad. Además, se necesita una línea de liquidez estimada en 160 millones hasta final de marzo para evitar el concurso de acreedores.

Una vez superada la prueba de fuego de la suspensión de pagos, las líneas de financiación para mantener viva la empresa y abordar una reestructuración viable del perímetro de negocio se extienen en una horquilla que oscila entre los 700 y los 1.000 millones de euros. Los bancos van a tener que asumir nuevos y muy onerosos sacrificios para mantener su apuesta en Abengoa pero, de entrada y precisamente por eso, lo que no parecen dispuestos a renovar es la confianza en Felipe Benjumea.

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