reunión del consejo para el próximo lunes 25

Abengoa retrasa su plan para limar asperezas con la consultora Álvarez & Marsal

El presidente de Abengoa trata de ampliar al máximo las líneas de liquidez, lo que pone en un brete a la consultora encargada del plan que ha sido contratada a instancias de los bancos acreedores

Foto: Foto: Reuters.
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Las diferencias de criterio surgidas entre el presidente de AbengoaJosé Domínguez Abascal, y la consultora Álvarez & Marsal han impedido que el grupo andaluz cumpliera con la fecha prevista inicialmente para la presentación del plan de viabilidad. El objetivo consistía en tener resuelto un acuerdo de principio con la banca acreedora este pasado lunes, pero todo hace indicar que las negociaciones internas dentro de la compañía se prolongarán a lo largo de la semana con el fin de someter el documento de trabajo al consejo de administración el próximo día 25.

La mayor parte de los miembros que componen el máximo órgano de gobierno de Abengoa no están dispuestos, ni por asomo, a sellar con su rúbrica un plan de viabilidad que no venga avalado por las entidades acreedoras del llamado G-7, encabezado por el Banco Santander, y que aportaron el ‘crédito de Nochebuena’ por valor de 106 millones de euros. Esta línea de financiación puede ser pan para hoy y hambre para mañana si el plan de futuro no garantiza a medio plazo la liquidez suficiente para que la empresa pueda atender a sus necesidades financieras más acuciantes, incluyendo nóminas de trabajadores y pagos a proveedores.

El problema es el mismo que se planteó en su momento con Gestamp cuando el grupo industrial de los hermanos Francisco y Jon Riberas reclamaron de los bancos un ‘colchón’ de liquidez de hasta 1.500 millones de euros como garantía para hacerse cargo de Abengoa. El nuevo presidente de la compañía, conocido dentro de la casa por el cariñoso apelativo de ‘Pepón’ Domínguez Abascal, tampoco quiere remendar de viejo y ha insistido ante los responsables de la consultora Álvarez & Marsal para que estiren la manga de los banqueros en busca de un acuerdo de máximos que permita apalancar el reflotamiento de la compañía sin necesidad de tirar la casa por la ventana con la venta de activos.

El consejo de administración de Abengoa no quiere firmar un plan de viabilidad que no cuente con un mínimo respaldo de los bancos acreedores

El plan de Abengoa es lo más parecido a una ecuación múltiple en la que es preciso conciliar dos tipos de variables que responden a intereses claramente encontrados. En primer lugar, hay que definir la magnitud del saneamiento financiero a través de la capitalización de las deudas bancarias que la compañía mantiene con los bancos y los bonistas, y cuya consecuencia será la dilución de la familia Benjumea en el accionariado de la que ahora es su empresa familiar. En segundo término, se impone una renegociación del pasivo pendiente con la adaptación de plazos más extensos de amortización que deberán ser garantizados con la venta decidida de activos.

El objetivo de Felipe Benjumea, expresidente de la compañía pero factótum de todos los movimientos que lleva a cabo Domínguez Abascal, no es otro que salvar los muebles sin renunciar a una posición relevante en el capital, manteniendo a buen recaudo las joyas de la corona que en estos momentos están situadas dentro de la filial británica cotizada en el Nasdaq. La flamante Atlántica Yield, como acaba de ser rebautizada, es gestionada por el antiguo consejero delegado de Abengoa, Santiago Seage, con la misión de preservar los mejores y más rentables activos del grupo para que el plan de desinversión no suponga una reducción a la mínima expresión del perímetro futuro de negocio.

Álvarez & Marsal trabaja en teoría por encargo de Abengoa, pero su papel en la elaboración del plan de viabilidad está claramente influenciado por los bancos acreedores que, no en balde, monitorizan desde hace meses al grupo sevillano. La firma estadounidense, conocida en España por sus trabajos en el proceso de rescate financiero, actúa realmente de mediadora en busca de una solución de compromiso que asegure la supervivencia de Abengoa pero que, por encima de todo, sea satisfactoria para los acreedores financieros. En resumidas cuentas, Álvarez & Marsal trata de evitar principalmente las suspicacias de los bancos, no vaya a ser que alguien pueda pensar que también a la consultora le ha hecho la boca un fraile.

Las negociaciones con los acreedores se prometen intensas hasta el próximo 28 de marzo en que vence el plazo para evitar la suspensión de pagos

Los responsables técnicos del reflotamiento tratan que apurar con los bancos un pacto que garantice el eventual convenio de acreedores para el caso de que finalmente sea más conveniente para las entidades financieras acudir a un procedimiento concursal con todas las consecuencias. No hay que olvidar que el plazo otorgado por el juzgado mercantil número 2 de Sevilla vence el próximo día 28 de marzo. El proyecto que ahora va a presentar Álvarez & Marsal tiene que contar con el visto bueno de KPMG, como representante de los bancos, pero solo constituye el punto de partida para intentar demostrar las posibilidades reales de futuro que ofrece Abengoa.

Las divergencias que estos días atrás han venido manteniendo la dirección de la empresa con su firma consultora son, en suma, el mejor termómetro para medir la distancia que todavía separa a Abengoa de sus acreedores. Los bancos del G-7 quieren limitar el riesgo en la empresa y no están por la labor de aportar más que 800 millones de euros de liquidez, prácticamente la mitad de lo que reclama la compañía. Además, cualquier línea de financiación debe complementarse con un objetivo de venta de activos que las entidades financieras sitúan en un mínimo de 1.200 millones. Las líneas maestras del plan de viabilidad están marcadas en trazo grueso, pero ahora es necesario abordar el ajuste fino en una negociación que se promete intensa durante los dos próximos meses.

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