momento crítico ante las elecciones del 20-D

El cisma en la CNMC se inflama con los últimos informes sobre Repsol y Telefónica

El principal órgano de regulación económica vive su mayor momento de tensión debido al enfrentamiento interno en la cúpula directiva y la falta de apoyo político

Foto: El presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, José María Marín Quemada. (EFE)
El presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, José María Marín Quemada. (EFE)

En la Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC) se echaron las manos a la cabeza, un poco por asombro y algo más por sana envidia, cuando sus homólogos de la llamada Autoridad Fiscal (AIReF) sacaron los pies del tiesto hace unas semanas para demandar al Gobierno ante la Audiencia Nacional en un último intento por romper el cordón umbilical de Hacienda y defender su más preciada independencia. Si por eso fuera, el regulador de los mercados hace tiempo que debería haber accionado el botón rojo de una batalla judicial contra tirios y troyanos para hacer honor a ese título honorífico concedido de nacimiento y que lo define como el ‘supervisor mayor del Reino’. Como diría el clásico, a cualquier cosa llaman chocolate las patronas.

A diferencia del ímpetu con que ha reaccionado José Luis Escrivá frente a Cristóbal Montoro, en la CNMC llevan tiempo tentándose la ropa para no provocar un conflicto político que pondría en evidencia a muchos de los actuales ministros y colaboradores de Mariano Rajoy. La AIReF está constituida por un mandato expreso de la Unión Europea y se ha edificado bajo el liderazgo de un responsable que ha hecho guardia en peores garitas, destacando sobre todo el prestigioso servicio de estudios del BBVA, al que llegó en 2003 para sustituir a Miguel Sebastián y donde permaneció hasta principios de 2011, cuando Francisco González decidió darle la típica patada lateral. La CNMC actúa de un modo distinto, como entidad colegiada y, en consecuencia, su presidente suele estar vendido ante cualquier conflicto de intereses inflamado por criterios cada vez más opuestos.

José María Marín Quemada dispone del usufructo presidencial pero su cargo no está investido con el pleno dominio, sino que depende únicamente de la confianza del ministro de Economía que lo nombró. La supuesta salida de Luis de Guindos de un eventual Gobierno del Partido Popular ha producido consecuencias atroces para la integridad de la CNMC. Desde que el máximo interlocutor económico de España en Bruselas decidió poner toda la carne en el asador de la fallida presidencia del Eurogrupo, la jaula de grillos que ha sido desde su origen la CNMC se ha convertido en un campo minado donde cualquier mal apoyo amenaza con desencadenar una explosión en cadena en el seno de la organización.

El conflicto entre el presidente, José María Marín Quemada, y la vicepresidenta, María Fernández, toma tintes que empiezan a resultar irreconciliables

El organigrama ejecutivo y la estructura funcional del organismo contribuyen a propagar la onda expansiva desde el momento en que los repartos de poder se efectúan en torno a una división en dos áreas de decisión enfrentadas desde su propia esencia. La sala de Competencia y la de Regulación actúan de forma paralela apoyadas en los dictámenes de sus servicios técnicos, cada cual con su propia óptica y su inquebrantable falta de voluntad para llegar a un mínimo consenso. De ahí la imposibilidad de generar una imagen de unidad que pueda ser percibida como una posición de fuerza en los mercados. La falta de cohesión interna y las discrepancias permanentes entre los comisionados dan pábulo al contraataque de los agentes regulados, que se frotan las manos cada vez que la CNMC publica sus resoluciones cargadas con los habituales votos particulares en contra.

Las disensiones se han trasladado incluso al ámbito de actuación del Gobierno, llegando a generar situaciones rocambolescas para la integridad del organismo, sobre todo teniendo en cuenta la proximidad de las elecciones generales y las ganas con que los distintos partidos de la oposición han manifestado su rechazo a la existencia en España de una entidad única y soberana en materia de regulación y competencia económica. El enésimo golpe de gracia viene telegrafiado directamente desde el Ministerio de Industria, que ha hecho caso omiso del controvertido informe publicado este verano sobre el mercado de carburantes, en el que la CNMC denunciaba de manera casi temeraria la existencia de un oligopolio que facilita, ahí es nada, “la extracción de rentas a los consumidores finales”.

El ministro de Industria se pone de perfil

El ministro de Industria, José Manuel Soria. (EFE)
El ministro de Industria, José Manuel Soria. (EFE)

La autoridad de Competencia disparaba a la línea de flotación de Repsol y Cepsa con un estudio que suponía la preparación artillera de una actuación mucho más coercitiva contra las petroleras. El pleno de la CNMC aprobó el dictamen después de un enfrentamiento interno de los que hacen época, saldado con los votos negativos de un total de cuatro de los 10 comisionados que forman el máximo órgano de gobierno de la institución. El grupo ‘rebelde’ estaba encabezado por la vicepresidenta, María Fernández, quien se despachó a gusto criticando el trabajo de base realizado por los servicios técnicos que encabeza el director de CompetenciaEduardo Prieto Kessler, uno de los máximos colaboradores de Marín Quemada.

El ministro Soria ha salido ahora por la tangente reclamando del organismo regulador un nuevo informe para fijar la metodología de las tarifas que cobra el operador logístico CLH. La petición está orientada a rebajar en lo posible los precios de los carburantes pero no entra a valorar la estrategia comercial de las grandes petroleras. El máximo responsable de la política industrial se ha colocado de perfil para no involucrarse en el conflicto de la CNMC, pero esta supuesta actitud neutral supone un desaire para el presidente del organismo en la medida en que ofrece el lado más bueno de la pose a la vicepresidenta y resto de consejeros que hace unos meses descalificaron el estudio de mercado presentado por Prieto Kessler.

La propuesta de regulación de la fibra óptica evidencia la división que también se extiende entre los directores y servicios técnicos de la CNMC

El cisma que vive desde hace tiempo la CNMC ha adquirido tintes irreconciliables porque, al margen de las luchas de poder en la cúpula del organigrama, lo que subyace dentro de la casa es una visión claramente enfrentada a la hora de conciliar la regulación vertical de los mercados con la defensa transversal de la sagrada competencia. Los intereses particulares combaten contra un interés general que necesita un respaldo político inexistente en el actual momento electoral. De ahí que surjan ahora precisamente unas disputas que estaban larvadas en los propios genes con que fue concebida la fusión de las antiguas comisiones independientes de los supuestos mercados liberalizados.

La última se ha librado en torno a Telefónica y la reciente y polémica resolución sobre los mercados de banda ancha en España. La operadora que preside César Alierta clama al cielo y afirma que la CNMC se ha cargado el desarrollo de la fibra óptica, mientras que dentro del organismo regulador se sacuden las responsabilidades asegurando que la decisión podía haber sido mucho peor. Cada cual cuenta la feria como le fue en ella, pero es verdad que la propuesta inicial elaborada por los ínclitos jacobinos de la división de Competencia fue rebajada después de un tenso tira y afloja con la directora del área de TelecomunicacionesAlejandra de Iturriaga.

La solución salomónica no ha dejado satisfecho a nadie, entre otras razones porque todos los agentes del sector saben que la resolución tiene que pasar todavía los filtros de la Comisión Europea y del Ministerio de Industria. La CNMC propone mucho pero realmente dispone poco, y cuando lo hace ya se encargan los tribunales de echar por tierra sus fallos y sentencias. El gran problema del supervisor 'menor' del Reino no reside tanto en la falta de entendimiento interno sino en el escaso amparo externo que ha recibido en estos dos años de existencia. Una vida muy corta para la institución pero que a algunos de los que allí habitan se les está haciendo especialmente larga.

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