pone en jaque el plan de mejora de la estación

Fomento busca ya un plan B con BBVA para salvar a Chamartín del 'huracán Carmena'

La estación ferroviaria del norte de Madrid es el principal damnificado del posible descarrilamiento de Operación Chamartín, ya que verá esfumarse el cheque con el que iba a financiarse su remodelación

Foto: El presidente del BBVA, Francisco González, junto a Ignacio González, Ana Pastor, Gonzalo Ferre (Adif) y Ana Botella. (EFE)
El presidente del BBVA, Francisco González, junto a Ignacio González, Ana Pastor, Gonzalo Ferre (Adif) y Ana Botella. (EFE)

La Estación de Chamartín puede ser la principal daminificada de la amenaza que se cierne sobre el mayor desarrollo urbanístico del norte de la capital. Bautizado con el nombre de este enclave ferroviario, el plan urbanístico ideado para desarrollar hasta 17.000 viviendas en los terrenos donde actualmente circulan carriles del tren puede quedar en vía muerta si la nueva alcaldesa de la capital, Manuela Carmena, cumple su programa y decide aparcar este proyecto.

Una decisión que privaría a Cercanías, el hermano pobre de los ferrocarriles, de un cheque superior a los 1.200 millones, cuyo primer pago, de 250 millones, el Ministerio de Fomento esperaba percibir este mismo ejercicio y destinarlo a remodelar la estación del norte de Madrid, uno de los proyectos estrella de todo el plan de modernización anunciado por la propia ministra Ana Pastor hace pocas semanas.

Consciente del negativo impacto que tendrá para sus planes el descarrilamiento de Operación Chamartín, en Fomento se está trabajando ya en un plan B consensuado con BBVA. La entidad presidida por Francisco González, dueña del 75% de Duch, la concesionaria de Operación Chamartín, es el financiador del grueso de todo este proyecto y, por ende, quien tiene voto de calidad en los próximos pasos.

Imagen del proyecto de Operación Chamartín.
Imagen del proyecto de Operación Chamartín.

Para terminar de complicar la situación, éstos ya cuentan con fecha de caducidad: 2016. Y es que, un aspecto que ha pasado bastante desapercibido, pero que explica gran parte del nerviosismo existente, es el ultimatum que dio el banco al Gobierno hace un año, cuando caducó la concesión que hace más de 20 años, en 1993, se concedió a Duch para cerrar la herida que rompe a Madrid por el norte y convierte a barrios como Begoña en zonas deprimidas.

Ahora, o nunca (al menos con BBVA)

Dos décadas de retrasos colman la paciencia de cualquiera y, de hecho, según confirman fuentes conocedoras, cuando expiró la concesión, el verano pasado, BBVA dejó claro que no iba a estar esperando eternamente y que la nueva oportunidad que concedía iba a ser la última... y caducaba en dos años. Uno ya se ha cumplido, sin conseguir sacar adelante el Plan Parcial a partir del cual poder empezar a trabajar ya sobre seguro en el proyecto, y el otro está en manos de un nuevo Ejecutivo, que siempre se ha mostrado contrario a esta idea.

Aunque Carmena ya ha dejado entrever que está dispuesta a analizar el desarrollo, también ha puesto sus condiciones, y éstos pasan por introducir cambios, como un mayor número de viviendas protegidas, frente al escueto 25% actual. A pesar de este primer avance, en los despachos del Ministerio de Fomento el feeling que existe es que este desarrollo tiene pocos visos de salir adelante, al menos dentro del poco margen temporal dado por BBVA hace un año, de ahí la necesidad de empezar a trabajar en un plan B.

Entre las tesis que se barajan está empezar a trabajar en una nueva concesión, incluso en dividir el desarrollo en varios lotes, todo con la vista puesta en poder salvar el proyecto estrella de la estación de Chamartín, para la cual hay grandes planes, muchos de ellos dirigidos a convertirla en la mejor tarjeta de presentación de la capital, como ya es Atocha, sobre todo, ante la llegada masiva de AVEs que se producirá cuando se complete otro faraónico proyecto que arrastra tres años de retraso: el túnel entre las dos puertas ferroviarias de la capital.

A pesar de estas amenazas, los responsables del Distrito Castellana Norte, nombre con el que se ha rebautizado el proyecto de Operación Chamartín, continúan trabajando con la vista puesta en poder convencer a la nueva alcaldesa de las bondades de un desarrollo que promete dejar a las arcas públicas 3.500 millones y crear 120.000 empleos. Trabajo que, no obstante, quizás termine requiriendo otra prórroga más allá de 2016. Todo con tal de salvar Chamartín.

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