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Rodrigo Echenique, guardián de los secretos de Botín, nuevo inquilino de Metrovacesa

El nuevo presidente de la constructora era el hombre de total confianza de Emilio Botín. Guardián de sus secretos, albacea de su testamento y clave en asuntos como Madoff o Luzón

Foto: Rodrigo Echenique en una imagen de archivo (EFE)
Rodrigo Echenique en una imagen de archivo (EFE)

Si alguien puede conocer alguno de los secretos que alberga la familia Botín, ese es Rodrigo Echenique (Madrid, 1946), actual vicepresidente cuarto del Santander. Era el hombre de absoluta confianza de Emilio Botín; y no sólo de él, sino también de su hermano Jaime y de sus hijos. De ahí que Ana Botín haya seguido recurriendo a él cuando el resto de la vieja guardia de su padre ha salido del Santander. Y ahora, le entrega una nueva presidencia, la de Metrovacesa, que compatibilizará por el momento con la de NH Hoteles (antes también tenía la de Vocento).

Echenique es mucho más que vicepresidente y primer ejecutivo (entre 1988 y 1994) del banco. Era el consejero de cámara, el factótum con el que Emilio consultaba buena parte de sus decisiones y en el que delegaba los encargos más delicados. Hasta el punto de que le nombró albacea de su testamento (y el de su hermano). Pocas tareas tan delicadas como el reparto de una herencia.

Emilio Botín en una imagen de archivo.(Reuters)
Emilio Botín en una imagen de archivo.(Reuters)

 

Además, era el hombre al que acudía para cubrirle las espaldas cuando se encontraba en apuros. Los ejemplos son innumerables. Uno de los peores días en la vida del banquero fallecido fue el 19 de junio de 1992, cuando fue llamado a declarar en la Audiencia Nacional por las cesiones de crédito. Según una versión, ese día Echenique depositó varios miles de millones de pesetas en la sucursal del Santander de la calle Génova de Madrid por si había que pagar fianza en caso de que el juez Moreiras ordenara prisión provisional para su jefe. Hay otra versión que va aún más lejos y asegura que estuvo en un furgón blindado cargado de dinero dando vueltas por los alrededores del tribunal durante las horas que se prolongó la declaración. Tal vez mera leyenda.

En noviembre de 2008 otra tarea de peso recayó sobre los hombros de Echenique: el caso Madoff (el hedge fund que el Santander había colocado entre los VIP españoles y que resultó ser una estafa piramidal). Un mes antes de que estallara el escándalo, el ejecutivo viajó a Nueva York para reunirse con Bernard Madoff. Como su olfato le decía que algo olía mal, planteó su deseo de retirar el dinero invertido a través del banco español, más de 2.300 millones de euros, pero el entonces gestor estrella (hoy en prisión) le respondió que "el que se va no vuelve". A su regreso a Madrid, Echenique elaboró un informe en el que recomendaba salir de allí cuanto antes, pero no dio tiempo: el 13 de diciembre Madoff se entregaba al FBI y se suspendían todos los reembolsos. 

Anunció la destitución a Marín

Echenique también tuvo un papel que nunca se ha aclarado en la salida del banco de uno de sus pesos pesados, Francisco Luzón, en 2011. Según diferentes medios, Luzón, uno de los hombres fuertes del banco y entonces responsable de toda Latinoamérica, quiso picar demasiado alto dada la debilidad en que se encontraba el entonces consejero delegado, Alfredo Sáenz (que había sido condenado en firme por el Supremo por acusación falsa, lo que conllevaba su inhabilitación, y sólo esperaba un indulto gubernamental que se antojaba remoto en aquel entonces). Pero se encontró con la oposición de Botín y su mano derecha, y acabó abandonando la entidad.

Tras el fallecimiento de Emilio Botín, su sucesora mantuvo esa confianza para encargarle las labores que requerían más mimo. Así, y según aseguran fuentes conocedoras del episodio, fue Echenique el que comunicó a Javier Marín –el sustituto de Sáenz– su inesperada destitución en noviembre del año pasado, apenas dos meses después de que la presidenta le reafirmase en público. Y ahora recibe la misión de enderezar Metrovacesa, la inmobiliaria que se tuvo que quedar la banca tras el estallido de la burbuja y que el Santander confía en poder vender con beneficios cuando la incipiente recuperación del mercado se consolide.

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