cruce de trenes

Botella dejará a Pastor sin 1.200 millones para Cercanías si frena Operación Chamartín

Adif cuenta con su parte de la Operación Chamartín para invertir en cercanías y, en concreto, con los 250 millones que recibiría este mismo año para remodelar la estación ferroviaria del norte Madrid

Foto: Francisco González, Ignacio González, Ana Pastor y Ana Botella en la foto de familia de Operación Chamartín
Francisco González, Ignacio González, Ana Pastor y Ana Botella en la foto de familia de Operación Chamartín

Un auténtico choque de trenes se avecina en el norte de Madrid. La mayor inversión de la historia de Cercanías, anunciada ayer a bombo y platillo por la ministra de Fomento, Ana Pastor, depende del desarrollo inmobiliario más importante, y polémico, de la capital: Operación Chamartín. Este extraño cruce de caminos se produce en un momento extremadamente sensible para tomar decisiones sobre proyectos faraónicos como estos, en año electoral, lo que explica el complejo juego de equilibrios que desde las diferentes Administraciones se está tratando de hacer.

En un lado de la balanza está Adif, que cuenta con el cheque de 1.250 millones de euros que va a recibir de BBVA, capitán del desarrollo inmobiliario ahora rebautizado como Distrito Castellana Norte, para financiar inversiones de cercanías y de la red convencional. La primera y más importante, la modernización de la propia estación de Chamartín, que Adif prevé acometer con los primeros 250 millones que este mismo año confía percibir por la venta de sus terrenos al banco.

Al otro lado de la balanza están las reticencias de la todavía alcaldesa de Madrid, Ana Botella, a convocar un pleno extraordinario que permita aprobar el Plan Parcial que dé la definitiva luz verde a este desarrollo inmobiliario. Y es que, ahora mismo, todo este plan está en el aire, y con él, los 1.250 millones con que cuenta Adif para financiar al hermano pobre de los ferrocarriles.

El problema es que la empresa pública no percibirá un sólo euro hasta que se apruebe el citado plan parcial, algo que se esperaba tener listo para antes de elecciones, pero que a falta de poco más de dos semanas para los comicios todavía está en el aire..., y con cuervos sobrevolando ya ante el posible cadáver. Y es que las últimas declaraciones de Botella han dejado entrever su preferencia por dejar al próximo Gobierno la responsabilidad de aprobar el proyecto, después de no haber conseguido granjearse el respaldo del PSOE.

Toda una bomba de relojería ya que, a tenor de las encuestas, el Ejecutivo que resulte de las elecciones de mayo carecerá de la mayoría absoluta que permitiría a Botella aprobar ahora sin problemas la Operación Chamartín. A esta incertidumbre se suma el ultimátum dado por BBVA, para quien esta es la última oportunidad que concede a este desarrollo, que lleva dos décadas atascado.

Hay que remontarse hasta 1993 para encontrar las raíces de este proyecto, dirigido a cerrar la herida que rompe a Madrid por el norte con las vías del tren, lo que convierte a barrios como el de Begoña en áreas deprimidas, sin apenas conexiones, pocas zonas verdes y focos todavía pendientes de desarrollar urbanísticamente, a pesar de su privilegiada ubicación.

Última oportunidad

La concesión que permitió a Duch, empresa participada en un 75% por BBVA y en un 25% por San José, hacerse con este desarrollo caducó justo antes del verano pasado, momento en el que la entidad presidida por Francisco González dio una última prórroga a este proyecto, que también tiene fecha límite: 2016. Esto significa que si Botella no convoca pleno extraordinario y el nuevo Ejecutivo tiene dificultades para lograr los apoyos que permitan su aprobación, la entidad tirará la toalla definitivamente el próximo año, o al menos esa es su actual amenaza.

El resultado será que los cerca de 3 millones de metros cuadrados de superficie que abarca Operación Chamartín seguirán en manos de sus actuales dueños, con Adif a la cabeza, propietario de 1,8 millones de metros cuadrados, que verá esfumarse los prometidos 1.250 millones.

Imagen del proyecto de la Operación Chamartín.
Imagen del proyecto de la Operación Chamartín.

En total, BBVA y San José prevén invertir casi 5.000 millones en nuevas infraestructuras y en edificación, con la vista puesta en levantar hasta 16.000 viviendas dentro de un proyecto que promete reportar a las arcas públicas 3.363 millones. A cambio, estas mismas administraciones públicas deberán invertir 1.200 millones en convertir 1,5 millones de metros cuadrados en equipamientos sociales, servicios urbanos y zonas verdes.

Desde el Ministerio de Fomento se insiste en que, aunque este proyecto derrape, el plan anunciado ayer por Pastor de invertir 1.257 millones en mejorar el servicio de Cercanías en los próximos tres años se afrontará con el propio presupuesto de Adif. En 2015, este asciende a 4.127 millones, aunque, de esta cifra, la inmensa mayoría se destina a Alta Velocidad, mientras que cercanías y red convencional apenas tienen destinados 805 millones, cantidad que se divide entre los fondos para mantenimiento (585 millones) y los dirigidos a inversiones, que quedan reducidos a 220 millones este ejercicio.

Estos cálculos permiten hacerse una idea de la importancia que tiene para Adif que Operación Chamartín llegue a buen puerto y se garantice el cobro, este mismo ejercicio, de 250 millones para remodelar la puerta ferroviaria de entrada a la capital por el norte, y a lo largo de los próximos 20 años, de un total de 1.250 millones.

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