ES "UNA COMPAÑÍA PRIVADA"

Rajoy rechaza entregar a Pemex la cabeza de Brufau y el control de Repsol

Les ha comunicado que Repsol es “una compañía privada” sobre la que el Ejecutivo no tiene nada que decir, pese a que parte de su actividad está regulada

Foto: Mariano Rajoy (2d) conversa con el presidente de Repsol, Antonio Brufau (i). (EFE)
Mariano Rajoy (2d) conversa con el presidente de Repsol, Antonio Brufau (i). (EFE)

El Gobierno no va a caer en el juego que le ha propuesto México por las inversiones industriales del país latinoamericano en España. El Ejecutivo dirigido por Mariano Rajoy ha trasmitido a Enrique Peña Nieto su rechazo a la operación para defenestrar a Antonio Brufau, como le ha pedido Pemex, empresa pública mexicana que tiene el 9,6% de Repsol y que no oculta su animadversión hacia la gestión del actual presidente de la petrolera.

Según distintas fuentes próximas a los principales accionistas de Repsol, Rajoy se ha mostrado muy frío a las constantes peticiones que ha recibido en los últimos 15 meses para facilitar un cambio en la cúpula directiva de la multinacional española. El líder del PP ha rechazado implicarse en los distintos movimientos generados por algunos de los inversores que han discrepado de las decisiones adoptadas por Brufau.

Aunque en los consejos de administración en los que se han planteado cuestiones vitales para Repsol, como la oferta de compensación para resolver el conflicto con YPF, todos los accionistas relevantes –Pemex, La Caixa y Sacyr– han votado siempre a favor de lo dispuesto por el presidente, lo cierto es que ninguno de ellos disimula sus divergencias. Hasta el punto de que tanto la mexicana como la caja catalana se han reunido con altas instancias del Gobierno para plantearle un cambio en la cúpula de la compañía con sede en Madrid.

Rajoy les ha comunicado en todo momento que Repsol es “una compañía privada” sobre la que el Ejecutivo no tiene nada que decir, pese a que parte de su actividad está regulada. Conscientes de que cualquier real decreto impositivo puede cambiar sustancialmente las cuentas de la empresa y el carácter estratégico que siempre ha tenido Repsol –fue pública hasta finales de los noventa–, tanto La Caixa como la petrolera saben que cualquier relevo en la alta dirección y movimiento accionarial necesita el visto bueno de Moncloa.

Así fue en los nombramientos de sus dos últimos presidentes, Alfonso Cortina, propuesto por el PP cuando Aznar llegó al poder, y el propio Antonio Brufau, ascendido por la caja catalana con el plácet del Ejecutivo dirigido en su día por José Luis Rodríguez Zapatero. Pero al contrario que hicieron sus predecesores, Rajoy ha optado por no participar en este juego de cambio de sillas y prefiere que sean los accionistas los que decidan libremente.

El presidente de la Xunta y el delegado de Pemex España, Carrera Panizzo.
El presidente de la Xunta y el delegado de Pemex España, Carrera Panizzo.
Sin embargo, en La Caixa son conscientes de que no pueden vender el 10% que aún mantienen en Repsol sin la autorización del Ministerio de Industria, mientras que Pemex sabe que no debe forzar una guerra entre países. El chantaje de que México incumplirá el contrato para fabricar en Galicia varios buques y remolcadores por 300 millones si Brufau sigue en la petrolera ha chocado con el desafecto de Rajoy, que ha enviado a la capital latinoamericana a José Manuel Soria para exponer su posición.

El presidente del Gobierno les ha trasmitido a las partes que resuelvan sus diferencias por sí solos, lo cual podría suceder si Pemex decide dar el paso de proponer una junta extraordinaria de accionistas, tal y como adelantó este lunes El Confidencial. La mexicana se ha reunido con distintos inversores institucionales, con Crédit Agricole –su banco asesor– y con Cuatrecasas –su asesor legal– para preparar la operación.

Lo que parece claro es que Carlos Slim no va a entrar en la pelea. El magnate mexicano había sonado como posible socio de Pemex para comprar una participación en Repsol con la que doblegar a Brufau, pero un portavoz del dueño de la mayor operadora de telecomunicaciones de Latinoamérica negó ayer por la tarde cualquier interés en la operación. La petrolera pública también lo desmintió.

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