TRAS LA COMPRA DEL LÍDER MUNDIAL SMITHFIELD

China y Brasil se disputan el sector del porcino sin oposición de EEUU ni Europa

China y Brasil quieren dominar el mercado de las materias primas. El último pulso entre las dos potencias ha tenido como objeto el sector porcino

Foto: Cerdos en una granja (Reuters)
Cerdos en una granja (Reuters)

Lo recuerda el refranero: "Del cerdo gustan hasta los andares". Será por eso que el porcino es una de las tres proteínas, junto al vacuno y la avícola, que conforma la industria del mundo cárnico. En nuestro país, apenas un par de fabricantes se han consolidado como operadores locales. La burgalesa Campofrío, por ejemplo, punta de lanza nacional en este segmento, ha vuelto a quedar al albur de los vaivenes del mercado, donde Brasil y China libran un pulso soterrado por convertirse en los jugadores dominantes. Como si fuera una cuestión de estado, las dos potencias emergentes han peleado por el negocio mundial del cerdo sin que Europa o EEUU hayan reparado en ello.    

Esta primavera, el líder mundial del porcino, la estadounidense Smithfield Group, pasó a ser propiedad de la china Shuanghui. Una vez más, por paradójico que pueda resultar, el pez chico, con una facturación de 6.400 millones de dólares, se comió al pez grande, un coloso de 13.000 millones. El dinero no resultó un problema. El fabricante asiático desembolsó 4.700 millones (además de asumir una deuda de otros 2.400) para hacerse con uno de los principales operadores cárnicos del mundo. Su éxito, sin embargo, representó el fracaso de la brasileña JBS, líder mundial del vacuno e implantada en EEUU, que renunció a contraofertar después del órdago chino. 

Este juego de poderes entre chinos y brasileños tuvo lugar gracias a un tercero, la multinacional Continental Grain, primer accionista de Smithfield con cerca de un 8%. El pasado marzo, Charles y Paul Fribourg publicaron la carta que habían remitido al consejo de administración del productor porcino manifestando su descontento con la gestión. El toque de atención era especial. Los hermanos llevan un negocio familiar fundado hace 200 años en Arlon (Bélgica), originalmente un intermediario de cereal, que ahora es, seis generaciones después, un gigante mundial que factura más de 15.000 millones de dólares y tiene intereses en toda la cadena agroalimentaria.

La brasileña JBS, líder mundial del mercado vacuno, descartó presentar una contraoferta

La pataleta de los hermanos sacudió los cimientos del líder del porcino. Los descendientes del fundador Simon Fribourg habían visto esfumarse el valor en bolsa del 8% del capital que Continental Grain tenía desde principios de 2008. Su entrada en el accionariado fue fruto de una operación a tres bandas por la que Smifhfield compró (dinero/acciones) al holding familiar el negocio a medias que tenían de cría de ganado (Five Rivers Ranch) para poder vendérselo después del gigante brasileño JBS. Un simple cambio de cromos entre los grandes del mercado de la carne, un negocio de volúmenes donde los precios de la materias primas (piensos) juega un papel determinante. 

Tras años en balde, los últimos sin ver un dólar como dividendo, Paul y Charles reclamaron de forma pública en marzo lo que ya habían pedido antes sin éxito de manera interna: que Smithfield se desprendiera de alguna de las tres divisiones que forman el grupo. En opinión de Continental Grain, el gigante cárnico valía más por partes que en su conjunto, así que conminaban a la cúpula a que troceara la compañía y repartiera dividendo. De lo contrario, habría guerra entre accionistas y directivos. Bajo este tono, la idea del troceo caló de inmediato en el mercado y el calentón bursátil de Smithfield fue acompañado enseguida del favor de los analistas. 

Esta tensión corporativa llegó pronto a oídos de competidores. La oportunidad estaba sobre la mesa y había razones de estado para interesarse. Hace un año, la producción porcina y avícola de EEUU se salvó gracias al maíz brasileño, mucho más competitivo en precios. Tanto los cerdos de Smithfield Group como los pollos de Tyson Foods se alimentaron con cereal fletado a través del Golfo de México. Igual que con el vacuno, Brasil tenía la opción de saltar a otro segmento del negocio cárnico. En lugar de vender sólo el grano para engordar a los cerdos, igual convenía desembarcar en los escalones superiores de la cadena (cría y transformación) donde hay más valor.

El accionista Continental Grain precipitó la venta de Smithfield ante su deseo de trocear la compañía

Para asestar este golpe, el mejor posicionado era JBS. El fabricante brasileño, líder mundial del vacuno, lleva tiempo disputando al tridente estadounidense de Smithfield, Tyson y Cargill el negocio de la carne en su propio mercado. Además, conocía a los hermanos Fribourg del acuerdo cerrado años atrás. La operación parecía cantada. Sin embargo, el management de la compañía tardó poco en dar con un caballero blanco que desistiera del troceo que abanderaba Continental Grain. Y para dar forma a esta escapatoria, el consejero delegado Larry Pope viajo hasta el gigante asiático para presentar la posible inversión al 'carnicero de China', la cotizada Shuanghui.

De momento, la compra de Smithfield representa ya la mayor inversión china en EEUU de la historia. La operación ha permitido a Shuanghui controlar más de 450 granjas y despachar más de 16 millones de cerdos al año. A pesar de estas magnitudes, sin embargo, las autoridades estadounidenses han dado luz verde a la operación, que se culminó a finales de septiembre. Justo desde esa fecha, la española Campofrío tiene un nuevo accionista mayoritario. El cambio ya se ha hecho notar. A partir de ahora los viajes del presidente Pedro Ballvé serán a otro lugar distinto a Nueva York. Si quiere glosar sobre las bondades del cerdo español tendrá que ir ahora hasta Pekín.

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