EL REGULADOR CEDE ANTE EL GRITO DE SOCORRO DE UNOS BANCOS HARTOS DE PROVISIONES

El BdE cambió a última hora la circular de refinanciaciones por un 'mero aviso a navegantes'

La temida circular sobre refinanciación de créditos, la guinda del plan Guindos de ajuste bancario, ha sido finalmente rebajada al grado de simple comunicación

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    La temida circular sobre refinanciación de créditos, la guinda del plan Guindos de ajuste bancario, ha sido finalmente rebajada al grado de simple comunicación o aviso a navegantes por parte del Banco de España. Luis Linde, en su papel de gobernador flexible, ha escuchado las peticiones de las grandes entidades de crédito para evitar la crispación de un sector que está literalmente “harto de provisiones”.

    El acuerdo adoptado el pasado martes por la comisión ejecutiva del Banco de España representa, en efecto, una vuelta de tuerca adicional en la política de dotaciones que el Ministerio de Economía viene imponiendo en el último año al sector financiero. Pero la situación podría haber sido mucho peor si el supervisor hubiera invocado su potestad como entidad de regulación con una circular oficial que habría implicado una modificación automática en el tratamiento contable de todos los préstamos que la banca está renegociando con sus prestatarios.

    El Banco de España quiere evitar que estas reestructuraciones en el activo de las entidades de crédito se conviertan en refugios contables para esconder la morosidad latente dentro del sector. La banca española cuenta con más de 125.000 millones de euros en refinanciaciones, cuya provisión media dista mucho de los niveles exigidos a los créditos morosos. El objetivo ahora consiste en que dichos préstamos sean clasificados con un rango inferior de solvencia, en el mejor de los casos dentro de la llamada categoría subestándar, que obligará a nuevos saneamientos durante este mismo ejercicio de 2013.

    La espada del Parlamento y la pared del Banco de España

    La medida, que supondrá un serio quebranto en las cuentas de resultados de las grandes entidades bancarias, afectará de lleno a aquellos segmentos de actividad industrial más dependientes del apalancamiento financiero, especialmente a todo lo que rodea a la decadente industria del ladrillo. Las consecuencias se dejarán notar también de manera muy grave en detrimento de la capacidad crediticia de particulares, autónomos y pymes, precisamente los agentes económicos que más están sufriendo el colapso del canal del crédito en España. 

    En medios bancarios existe una “especie de sensación de mareo” a juzgar por la reacción inmediata que ha suscitado la comunicación del instituto supervisor. La banca se muestra atrapada entre la espada del Parlamento y la pared del Banco de España. El Congreso ha metabolizado la presión social para exigir a las entidades de crédito que frenen su escalada de desahucios y ejecuciones pero, al mismo tiempo, el regulador insiste en levantar barricadas contables que impidan la renegociación efectiva de los préstamos en situación dudosa. La contradicción de este so y arre no ha sido todavía  procesada en los cuarteles generales de las instituciones financieras que han corrido raudas a pedir árnica al Gobierno a través de la Asociación Española de Banca (AEB) y la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA).

    El grito de socorro de las asociaciones patronales ha surtido efecto apiadando a Luis Linde para que tenga en consideración las circunstancias particulares de cada una de las marcas que compiten en el mercado español. De ahí que la circular 4/2004,  donde se desarrollan los modelos de información de los estados financieros, se haya actualizado mediante una simple comunicación firmada por el director general de Regulación del Banco de España, José María Roldán. De esta forma, los servicios de inspección que dirige Ramón Quintana podrán trabajar con cierta discrecionalidad evitando ese “café para todos” que tan mal sabor de boca suele dejar a las grandes entidades sistémicas.

    La banca se muestra atrapada entre la espada del Parlamento y la pared del Banco de EspañaLa solución acordada supone un cierto respiro para el Banco Santander, BBVA y La Caixa pero en todo caso ha sido también suavizada con carácter general para todo el mercado bancario. La comparación entre la normativa finalmente aprobada por el Banco de España y la circular que había sido redactada previamente deja entrever la delicadeza con que ha actuado el regulador a la hora de exigir que las refinanciaciones sean clasificadas con los máximos criterios de prudencia contable.

    Diferencias entre la circular original y la comunicación final

    La circular nonata obligaba a considerar como dudosas todas las operaciones que otorgasen periodos de carencia en la amortización del principal superiores a los 24 meses. En la comunicación oficial dicho plazo se extiende hasta los 30 meses pero incluso se deja abierta la puerta para mantener un rango inferior “subestándar” si el contrato con el prestatario incluye condiciones que mejoren de forma relevante las posibilidades de recobro. Esta última coletilla implica una mayor subjetividad en la provisión que deban realizar en última instancia las entidades de crédito.

    Más llamativo si cabe es el escenario para la contabilidad de estas mismas refinanciaciones como “riesgo normal” al que realmente aspiran los bancos para no  tener que ajustar sus dotaciones. En la circular del supuesto Guindos 3 se establecía como condición al respecto que el plan de amortización de la deuda por parte del prestatario debería contemplar una relación máxima no superior al 40% entre las cuotas periódicas a pagar y su renta disponible, una vez deducida cualquier otra deuda. En la normativa ahora vigente el plan de amortización del prestatario se acomoda a lo que el Banco de España define como una “corriente contrastable de ingresos”. Si acaso, y para el caso de operaciones con particulares estructuradas a través de cuotas mensuales, se establece una proporción entre las deuda a pagar y los ingresos recurrentes del prestatario que no deberá exceder del 50%.


    La circular nonata obligaba a considerar como dudosas todas las operaciones que otorgasen periodos de carencia en la amortización del principal superiores a los 24 mesesEsta misma tendencia más emoliente prima también en el apartado destinado a la reclasificación de créditos dudosos o subestándar que pasen a ser considerados como “riesgo normal”. Para ello la circular original preveía que los prestatarios hubieran atendido sus compromisos durante un mínimo de dos años desde la refinanciación o cuando el principal se hubiera reducido al menos en un 20%. Al final, el regulador ha rebajado  el listón de manera que el cumplimiento de los pagos de limita a un año, que sólo serán seis meses cuando se trate de cuotas mensuales con garantía hipotecaria. Además bastará también con que la operación haya reducido su  importe principal en un 10%.

    Las entidades de crédito tendrán que hacer nuevas filigranas para salvar unas cuentas de resultados en las que llueve sobre mojado pero el Ministerio de Economía no está dispuesto a contravenir las indicaciones de esa troika implacable que vigila con lupa los movimientos dentro del mercado financiero español. Por eso Luis de Guindos ha preferido dejar en barbecho su tercer decreto de provisiones y elaborar una circular que, a la postre, se ha  presentado con la cara más amable de lo que en medios oficiales se califica como un aviso a navegantes. El Banco de España aprieta pero no ahoga al tiempo que cumple órdenes.

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