DOLCE VITA GESTIONA 500.000 METROS CUADRADOS

Inmobiliaria Chamartín escucha ofertas por su cartera de centros comerciales

Carlos Cutillas está dispuesto a desprenderse de su joya de la corona. El presidente y máximo accionista de Inmobiliaria Chamartín, de la que controla un 45%,

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Inmobiliaria Chamartín escucha ofertas por su cartera de centros comerciales
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    Carlos Cutillas está dispuesto a desprenderse de su joya de la corona. El presidente y máximo accionista de Inmobiliaria Chamartín, de la que controla un 45%, tiene encima de su mesa desde hace meses distintas ofertas por Dolce Vita. La división de centros comerciales de su grupo gestiona una bolsa de 500.000 metros cuadrados de superficie comercial, formada por un total de 14 complejos repartidos entre Portugal, la mayoría, y España.

    De momento, el empresario riojano se resiste a vender, aunque por una simple cuestión de precio, como reconocen fuentes accionariales. “Han existido ofertas y siguen llegando periódicamente. Sin embargo, la compañía no tiene necesidad de deshacerse de estos activos a cualquier precio. Las rentas, aunque se han corregido a la baja, dan para seguir pagando los intereses de la deuda que tiene asociada cada centro, por lo que no hay ninguna urgencia”.

    La incursión de Inmobiliaria Chamartín en el negocio de centros comerciales se remonta a la compra de la división inmobiliaria del magnate luso Amorim, por la que pagó 500 millones en 2006, un año antes de que el sector comenzara su declive. Esta operación permitió a Cutillas entrar en el mercado portugués, dentro de la estrategia de diversificación geográfica y de crecimiento que luego le llevó a Alemania, siempre con vistas a culminar el proyecto con una salida a bolsa.

    Sobre esa base, Cutillas fue añadiendo otros complejos de nueva promoción hasta convertirse en el primer operador español de grandes superficies. De hecho, los planes de Chamartín pasaban por convertir la actividad patrimonial (centros comerciales y oficinas) en la base de la compañía, revirtiendo la estructura de negocio que tenía en 2005, en pleno boom inmobiliario, cuando la actividad de residencial pesaba un 70%.

    Las dificultades financieras existentes para el sector hicieron que inicialmente Chamartín buscara socios inversores con los que afrontar los proyectos en marcha y la posibilidad de desarrollar otros. Sin embargo, esta opción fue descartada ante la falta de interés y quedó abiertala posibilidad de venta, para la que sí hay apetito entre los inversores, como demuestran las recientes operaciones que se han cerrado en el propio mercado español.

    Laventa en bloque, nunca por partes, de Dolce Vita, cuya actividad genera unos ingresos de cerca de 100 millones de euros anuales, reduciría significativamente tamaño de Inmobiliaria Chamartín, pero también le permitiría eliminar gran parte de su deuda, sobre todo la que vence a corto, cerca de 140 millones de los que ha amortizado ya más del 40% y que trató de refinanciar a lo largo de 2010 con su pool de bancos acreedores.

    Aunque no ha corrido la suerte de otras inmobiliarias, Chamartín es consciente de la necesidad de redimensionar su tamaño y ajustarse al mercado natural existente,con un reparto equilibrado por áreas de negocio. La historia hubiera sido distinta de haber salido a bolsa en el primer trimestre de 2008, como bien imaginan los otros accionistas, Morgan Stanleyy CCM, pero ese tren tardará en volver a pasar. Hasta entonces, el dinero estáen Dolce Vita.

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