España pulveriza las cifras del desarrollismo franquista: la inversión roza ya el 30% del PIB

La España de Zapatero tiene más grúas que la de Franco. La economía española ha traspasado en 2005 un récord histórico. La inversión total ha rozado

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España pulveriza las cifras del desarrollismo franquista: la inversión roza ya el 30% del PIB
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    La España de Zapatero tiene más grúas que la de Franco. La economía española ha traspasado en 2005 un récord histórico. La inversión total ha rozado el 30% del Producto Interior Bruto (PIB), el porcentaje más alto jamás alcanzado por la economía nacional. Incluso en los años 60 y primeros 70, en los que España acometió un enorme esfuerzo inversor propio de los países subdesarrollados, el gasto en formación bruta de capital fijo nunca llegó a superar el 25% del PIB, lo que da idea de lo que representa la cifra alcanzada el año pasado.

    En concreto, y según datos todavía provisionales del Banco de España, el conjunto de las inversiones significó el 29,1% del PIB, ocho décimas más que el ejercicio anterior. Este porcentaje se descompone de la siguiente forma: 14 puntos corresponden a inversiones productivas de carácter privado; 3,5 puntos a inversión pública en infraestructuras de todo tipo y el resto; 11,6 puntos a inversión en construcción, es decir, a inmuebles y obra pública en general.

    La mayor aceleración corresponde a la inversión privada en actividades productivas, toda vez que ha ganado cuatro décimas del PIB. Es decir, se trata del dinero que gastan las compañías privadas para garantizar su crecimiento a medio y largo plazo, tanto en plantas como en nuevas tecnologías o maquinaria.

    La inversión pública, por el contrario, se mantiene estabilizada en valores próximos al 3,5% desde el año 2002, lo que significa que se está cumpliendo la regla no escrita de los dos grandes partidos españoles de situar el esfuerzo inversor anual del Estado por encima del 3% del PIB. Durante el periodo del desarrollismo franquista, la inversión pública nunca llegó a alcanzar el 2% del PIB, lo que da idea de la capacidad actual del Estado para acometer nuevos proyectos de infraestructuras en un contexto de cuentas públicas saneadas.

    En cuanto a las inversiones de carácter residencial, suponen el 11,6% del PIB, con una aceleración de tres décimas. De este porcentaje, según el Banco de España, 9,2 puntos corresponden a construcción no residencial, es decir a obra pública en infraestructuras: carreteras, aeropuertos o red de ferrocarriles.

    Este enorme esfuerzo es el que explica que si en la Unión Europea (de 15 miembros) se destinan cada año 100 euros a inversiones, en España se gastan 148 euros, que llegan a los 180 euros si se tienen en cuenta únicamente las inversiones en vivienda.

    Poco gasto en I+D

    Estas cifras contrastan, sin embargo, con lo que gasta este país en Inversión y Desarrollo (I+D), que apenas representa el 55,1% de la media comunitaria, porcentaje que se manifiesta de forma muy desigual, ya que si el sector público significa el 65%, el privado apenas supone el 53,6%.

    ¿Qué significa esto? Pues ni más ni menos que el esfuerzo inversor de España se está materializando fundamentalmente en infraestructuras, ya que el gasto en capital tecnológico es prácticamente residual en relación al conjunto total de inversiones.

    Como consecuencia de ello, el stock en capital tecnológico -una variable clave para explicar la capacidad de competir de una economía- apenas supone el 52% de la media de la Unión Europea, lo que sitúa a España a la cola de las naciones más avanzadas.

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