municipales, autonómicas y europeas

Elecciones municipales 2019: ¿a quién beneficia o perjudica el voto en blanco?

Votar en blanco es una opción que se plantean muchos electores, pero, ¿sabes a quién beneficia (y perjudica) esta opción de voto? Lo explicamos aquí:

Foto: Un votante elige su papeleta en las elecciones andaluzas de 2018. (Reuters)
Un votante elige su papeleta en las elecciones andaluzas de 2018. (Reuters)

Llega la segunda jornada electoral del año. Después de haber decidido el voto de las elecciones generales, ahora 37,2 millones de españoles están llamados a las urnas para, salvo en Galicia, País Vasco, Comunidad Valenciana, Cataluña y Andalucía, dónde no habrá autonómicas, decidir quiénes serán los representantes políticos que gobernarán durante los próximos cuatro años tanto en ayuntamientos, como en asambleas autonómicas o en el Parlamento Europeo. Será en casi toda España, una triple cita electoral en la que los ciudadanos con derecho a voto tendrán que decir entre votar a una de las candidaturas que se presentan, hacerlo en blanco, emitir un voto nulo o directamente abstenerse.

Pero, ¿qué implica cada una de estas opciones? Los votos a los partidos sumarán fuerzas para que cada una de las formaciones pueda conseguir representantes públicos; el voto nulo no será contabilizado para ninguno de los partidos en los comicios, por lo que no irá más allá de un gesto siempre y cuando su nulidad sea voluntaria, es decir, si se incluye un mensaje político en la papeleta o algún detalle que indique disconformidad y la abstención puede tener distintas interpretaciones políticas, entre ellas la disconformidad con el sistema o con los partidos que se presentan.

Por su parte, el voto en blanco es el que más controversia genera entre los electores. ¿Beneficia realmente a alguien esta opción o por el contrario perjudica? Según la Ley del Régimen Electoral se considera que se ha emitido un voto en blanco y que este es nulo cuando se deposita un sobre vacío en la urna (o en el caso del Senado, sin que se haya marcado ninguna de las opciones en la papeleta). Así, la emisión de un voto en blanco sí computa en el recuento e influye en el reparto de los escaños que corresponden a cada partido.

Es la Ley D'Hont la que explica cómo puede beneficiar o perjudicar la emisión de votos en blanco. El sistema de reparto español, en el que se hace uso de esta ley, establece que el reparto de representantes se lleva a cabo dividiendo el número de votos emitidos hacia cada partido entre el número de escaños que puede decidir cada circunscripción. Así, si una provincia tiene derecho a elegir cinco cargos, los votos totales de cada partido se dividen entre 1, 2, 3, 4 y 5; obteniendo los respectivos cocientes, los cinco representantes se asignan a las cinco cifras más altas.

No obstante, hay que recordar que con objetivo de que no exista una gran fragmentación, para obtener representación es necesario un 3% de votos como mínimo, con lo cual este reparto perjudica siempre a los partidos pequeños en las circunscripciones con menos escaños en juego. Así, si el número de votos en blanco es muy alto, al ser votos válidos (no como el voto nulo o la abstención) este 3% 'crece', por lo que las pequeñas formaciones tienen más dificultades de llegar al mínimo necesario para tener representación.

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