UNA GESTIÓN REPLETA DE CONTRASTES

A Coruña, Santiago y Ferrol: una marea de incógnitas con el PSOE al acecho

Los alcaldes del cambio gallegos afrontan este 26 de mayo su primera reválida tras una gestión con claroscuros y con los socialistas muy cercanos en las encuestas

Foto: El alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro (en el centro), con la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño.
El alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro (en el centro), con la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño.

Si algo caracterizó las municipales de 2015 en Galicia, fue la triple victoria de las Mareas en A Coruña, Santiago y Ferrol. Tres de las siete ciudades caían en manos de aquella amalgama participada por Podemos pero abierta a otros partidos y movimientos ciudadanos, un sopapo en la cara del PP de Alberto Núñez Feijóo, que gobernaba las tres. El panorama político ha cambiado en todas ellas, especialmente en las propias Mareas, que han atravesado un duro proceso de reorganización interna. En las elecciones del 26-M se enfrentan a su primera reválida, y lo hacen con una gestión desigual y con el PSOE acechando en las encuestas, pero con el consuelo de un PP que parece lejos de recuperar el terreno perdido.

La autodenominada nueva política llegó a A Coruña, Santiago y Ferrol bajo distintas marcas: Compostela Aberta, Ferrol en Común y Marea Atlántica, nombre este último —el de lista de la capital provincial— que anticipaba a la En Marea de las generales y el posterior partido instrumental. Pero los tiempos han cambiado, y En Marea es ahora un rival político de los tres alcaldes: Xulio Ferreiro en A Coruña, Martiño Noriega en Santiago y Jorge Suárez en Ferrol. Todos ellos intentan repetir la proeza de 2015, pero con el riesgo de perder las tres alcaldías de un plumazo. Compiten en unas condiciones menos favorables que entonces, con lastres como la crisis del rupturismo, la resurrección del PSOE y un entorno mediático que tachan de "hostil". Y con una gestión repleta de contrastes.

Los resultados de 2015 condicionaron notablemente los mandatos de cada una de las tres mareas urbanas. En Santiago, Noriega ganó las elecciones (10 ediles, por nueve del PP, cuatro del PSOE y dos del BNG), mientras en A Coruña Ferreiro empataba a 10 concejales con el PP —al que superó por solo cuatro votos—, lo que les permitió liderar gobiernos en solitario con el apoyo o la abstención de socialistas y nacionalistas. Mucho más complejo fue el pacto en Ferrol, donde Suárez solo consiguió seis de los 25 asientos en disputa, por lo que selló un tortuoso pacto con el PSOE —cinco ediles— que no tardaría en saltar por los aires. La división en su propio grupo y las diferencias con el PSOE han hecho del mandato de Suárez un calvario político.

Ferrol no contó con presupuesto hasta mayo de 2018, cuando se cumplían tres años de su victoria electoral. Hasta ese momento, Jorge Suárez ha administrado unas cuentas prorrogadas heredadas del anterior alcalde, del Partido Popular, una circunstancia que demuestra hasta qué punto el acuerdo de gobierno chirrió desde el primer momento. Por ahí llegaron los principales problemas de Suárez, que vio incluso cómo sus socios pactaban con el PP para dejar a los suyos sin retribuciones. Sin poder contar con el apoyo del PSOE —ahora renovado— a lo largo del mandato, muchas de las ambiciosas promesas electorales de Ferrol en Común se quedaron en el tintero. Es el caso de las remunicipalizaciones de servicios como agua, basura y limpieza viaria.

Martiño Noriega, alcalde de Santiago de Compostela.
Martiño Noriega, alcalde de Santiago de Compostela.

En el haber de Suárez está la consecución de fondos europeos para distintos proyectos, como la Estrategia Ría de Ferrol o el Programa Interreg Espazo Atlántico. También exhibe como éxitos los 15 millones de euros invertidos en ayudas a la rehabilitación, o las reformas emprendidas en diversos barrios y dotaciones. Pese a que Suárez ha sido más noticia por las divisiones internas y los problemas de gobierno que por todas estas actuaciones, las encuestas no le son del todo desfavorables, pero lo tendrá muy difícil para gobernar. El mapa político seguirá fragmentado en una ciudad donde ningún alcalde ha logrado nunca la reelección.

Tan ambicioso o más que el de Ferrol en Común fue el programa electoral de Marea Atlántica en A Coruña. Había un proyecto de 25 medidas urgentes que se deberían aplicar en 100 días, pero algunas no se plasmaron en todo el mandato. Ferreiro ha puesto en marcha los presupuestos participativos —aunque limitados a una partida de tres millones de euros—, en los que intervienen los habitantes de la ciudad, ha dado turno de palabra a los ciudadanos en los plenos y ha bajado el salario del Gobierno municipal. También aplicó la Ley de la Memoria Histórica, y en una ciudad en la que era imposible pasear sin tropezar con símbolos franquistas, ha retirado del callejero las calles General Mola, General Sanjurjo y Caídos, entre muchas otras.

Ferreiro ha tenido que hacer frente a acusaciones de amiguismo por parte de la oposición, que le acusa de favorecer a afines de su entorno político en distintas actuaciones, como la compra de dos pisos a una persona afín a la Marea Atlántica, una operación en la que el propio alcalde reconoció "errores patentes". También desde su propio ámbito se le reprochan actuaciones como el desalojo de un colectivo okupa de un antiguo edificio oficial. Las encuestas sitúan al partido del alcalde por detrás del PP y a la par con el PSOE. La previsible ausencia de aliados que permitan gobernar a los populares obliga a Ferreiro a superar a los socialistas para repetir como alcalde.

Según el último barómetro preelectoral del CIS, en Santiago, Martiño Noriega tendrá que abandonar el despacho de alcaldía al conseguir apenas el 7,3% de los votos, en un contexto de recuperación del PSOE que devolvería el bastón de mando a Xosé Bugallo, regidor entre 1999 y 2011. La encuesta fue toda una sorpresa, porque Compostela Aberta no contempla una caída semejante. La situación es en todo caso distinta a 2015, cuando el partido de Martiño, mano derecha del histórico Xosé Manuel Beiras, accedió al Pazo de Raxoi, que el ayuntamiento de la capital comparte con la Xunta de Feijóo.

Según el último barómetro preelectoral del CIS, en Santiago, Martiño Noriega tendrá que abandonar el despacho de alcaldía al conseguir apenas el 7,3%

Noriega ha logrado sacar adelante remunicipalizaciones que figuraban en su programa electoral, como las de la ORA —no sin polémica— y de la grúa. De los tres alcaldes del cambio, es el que ha solucionado con menos dificultades la aprobación de presupuestos, el último en enero de este año. Sus opositores le reprochan cuestiones como la epidemia de baches que sufren las calles de la ciudad, los constantes atascos en una urbe dominada por una gran zona histórica peatonal y el funcionamiento del transporte público. Pero de lo que más se ha hablado en Santiago durante estos cuatro años es de polémicas como la que Noriega mantuvo con el Arzobispado, un poder fáctico en la ciudad del Apóstol, que se le enfrentó por el lenguaje irreverente de un pregonero del carnaval.

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