FIN DEL CICLO ELECTORAL

26-M | España cierra la segunda vuelta de las generales con la duda de la participación

Los partidos echan el telón a una campaña a la que llegan agotados pero en la que se juegan mucho. Cataluña ha vuelto a copar parte de los discursos y ha sido objeto de confrontación

Foto: Pedro Sánchez, con Pepe Borrell, Ángel Gabilondo y Pepu Hernández, este 24 de mayo en el mitin de cierre de campaña en el madrileño parque de Pinar del Rey. (EFE)
Pedro Sánchez, con Pepe Borrell, Ángel Gabilondo y Pepu Hernández, este 24 de mayo en el mitin de cierre de campaña en el madrileño parque de Pinar del Rey. (EFE)

España llega a su segunda cita con las urnas en un mes. Exhausta. El país, que se sumergió en una espiral de campaña permanente casi desde 2015-2016, cuando por dos veces los ciudadanos dibujaron un Parlamento inestable, comenzó una agotadora e intensísima doble carrera en marzo pasado que concluye este domingo, 26 de mayo. 35.277.728 españoles tienen en sus manos el reparto de un enorme poder institucional. El que decidirá la gestión de la sanidad, la educación o la dependencia, el que se ocupa de los problemas que surgen en cada calle y barrio de los pueblos y ciudades de toda la geografía, el que mirará a una Europa más en penumbra que nunca. Solo a partir del 26-M se perfilarán los contornos del nuevo mapa político para los próximos años. A todos los niveles. Nunca había sucedido algo así en los 40 años de reciente historia democrática.

Las elecciones autonómicas, municipales y europeas de este domingo no son formalmente una segunda vuelta de las generales del 28 de abril. Pero para los partidos sí opera como tal. Todos se juegan mucho. Revalidar su victoria, en el caso del PSOE. Tomar oxígeno tras la debacle, el PP. Afianzar su pretendida posición de liderazgo de la oposición, Ciudadanos. Obtener mejores cartas para negociar mejor, Unidas Podemos. Salvar la sensación de fiasco, Vox. Ninguna urna será inocua. Las encuestas están ahí y favorecen a Pedro Sánchez, sí, pero en realidad las formaciones acuden muy a ciegas el 26-M, porque la gran duda que atenaza a las direcciones de las fuerzas políticas es el comportamiento del electorado. Su grado de movilización apenas un mes después de unas generales que marcaron un hito de participación: un 75,75% que ya parece irrepetible por el encadenamiento y el empacho de dos campañas consecutivas y sin apenas respiro. Pero aún asoman unas nuevas catalanas en el horizonte, con las que definitivamente se clausuraría el ciclo electoral.

El camino hacia las segundas urnas tuvo como prólogo la ronda del presidente en funciones con Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias. Una primera imagen de la nueva legislatura nacional con la que el líder socialista pretendía fijar en la retina que él es quien ocupa la Moncloa y quien seguirá siendo su inquilino, ahora ya con el respaldo indubitado de los ciudadanos. Ese primer contacto con Iglesias sirvió para encarrilar, primero, la negociación de las Mesas de Congreso y Senado y, después, para comenzar a tejer complicidades para una renovada alianza entre ambos. Los socialistas aspiran a gobernar en solitario, aunque en los últimos días han abierto la mano y ya estudian las ventajas de un Ejecutivo de coalición. Para el jefe de Podemos, se trata de una cuestión vital: pide entrada en el Consejo de Ministros. Él mismo incluso. Y que lo consiga o no, que avance o no hacia la Moncloa estará muy condicionado a lo que ocurra este 26-M. Las negociaciones de ayuntamientos, comunidades y Gobierno central quedarán trenzadas. Forzosamente.

Pablo Casado, con Dolors Montserrat, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida, este viernes en su cierre de campaña en Madrid Río. (EFE)
Pablo Casado, con Dolors Montserrat, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida, este viernes en su cierre de campaña en Madrid Río. (EFE)

Precisamente esas conversaciones para la investidura han sido uno de los motivos indirectos de esta campaña. Se siguen de manera "discreta", como advirtió Iglesias tras su entrevista con el líder del Ejecutivo. Podemos ha insistido en esa fórmula de cogobierno, mientras que los socialistas, que quieren mantener su posición preeminente en el tablero, apelan a ejercer un "voto de coherencia" respecto al 28-A. Si entonces los ciudadanos, ha reiterado Sánchez, respaldaron masivamente a su partido —123 diputados en el Congreso, casi el doble que el segundo de la lista, el PP (66)— para frenar a la "derecha y sus tres siglas", ahora corresponde "no relajarse", ni "confiarse", porque el "riesgo" del "retroceso" sigue siendo muy real, con la desventaja añadida, añadía, de que el sistema electoral ahora actúa de modo más proporcional. Los socialistas desearían fortalecerse con rotundidad en las urnas, de tal forma que la dependencia de los morados sea la mínima. Ello diluiría las pretensiones de Iglesias de conseguir un billete para la Moncloa.

En la campaña ha operado como telón de fondo la negociación para la investidura, aún prematura, pero Iglesias pide entrada en el Gobierno


Este mismo viernes, en el mitin de cierre en el parque Pinar del Rey, en Madrid, y ante unos 3.500 simpatizantes, según la organización, Sánchez volvió a insistir en que no se puede "dejar la faena a medias", que hay que llenar las urnas del 26-M con "la misma ilusión, la misma fuerza y el mismo futuro" que en las generales. El gran enemigo de los socialistas son ellos mismos, la desmovilización de los suyos. Que crean que todo está ya ganado. Pero "el trabajo no está terminado, ni mucho menos", alertó el presidente. Muy cerca, en el parque Alfredo Kraus, Albert Rivera avisaba a los votantes de que quedarse en casa es dar un "cheque en blanco" a Sánchez e Iglesias.

La competición por Madrid

La travesía del 28-A hacia el 26-M pretendía ser, para Ferraz, una línea continua, para aprovechar el viento a favor de la primera victoria. El CIS reflejó en su macrobarómetro que así era, que ganaría las europeas, conservaría sus gobiernos autonómicos y además podía conquistar otros como Madrid —la joya más preciada del PP— y Canarias, afianzaría Sevilla y podría arrebatar ayuntamientos a algunos 'alcaldes del cambio'. Pero el arranque de la campaña se rompió abruptamente por la súbita muerte, a causa de un ictus masivo, de Alfredo Pérez Rubalcaba. La desaparición del exvicepresidente del Gobierno y exlíder del partido fue llorada por miles de ciudadanos y por todos los poderes del Estado, y sirvió para unir a socialistas de todas las generaciones y familias. Un valor especialmente útil para esta segunda competición.

El primer tirón del 26-M quedó roto por la muerte de Rubalcaba, que sirvió para unir a los socialistas. Su recuerdo ha estado presente en los mítines

El recuerdo de Rubalcaba no ha dejado de estar presente en los mítines del presidente, que se volcó, a partir del parón impuesto por el duelo, en apoyo de sus candidatos regionales y locales. Para el PSOE, la marca en alza, la que añade peso a las siglas, es la de su líder. Las sensaciones en Ferraz son positivas, cunde el "optimismo", que no la euforia, y la previsión es que el mapa se tiña de rojo de nuevo y el partido se puede hacer con el botín más valioso, Madrid. Las esperanzas se dirigen hacia el Gobierno autonómico, cuya candidatura encabeza Ángel Gabilondo, y menos hacia el consistorio de la capital, aunque al PSOE le bastaría con que Pepu Hernández sumara con la favorita, la alcaldesa, Manuela Carmena.

26-M | España cierra la segunda vuelta de las generales con la duda de la participación

Sánchez apenas ha mudado de discurso. Pero esta recta final hacia el 26-M ha estado también marcada por sus primeros movimientos tras las generales. La apuesta por Miquel Iceta como presidente del Senado arrancó la partida. Una decisión con la que no se contaba y que embarrancó porque ERC y Junts per Catalunya, con su veto, y Ciudadanos y PP, con su abstención, impidieron que el jefe del PSC se convirtiera en senador autonómico, el paso previo necesario para poder dirigir la Cámara Alta. El presidente respondió con una doble ración: situó al frente de Congreso y Senado a dos catalanes, federalistas, progresistas, moderados. Meritxell Batet y Manuel Cruz. El bloqueo a Iceta sirvió en bandeja el argumento a los socialistas de que no hay pacto alguno con los soberanistas.

26-M | España cierra la segunda vuelta de las generales con la duda de la participación

La configuración de las Mesas de las dos Cámaras ha atravesado esta segunda campaña. Lo esperable, porque es la primera "orientación" de alianzas en la nueva legislatura. El PSOE quiso amarrar su mayoría en el órgano rector del Congreso con Unidas Podemos, y dejar el resto de puestos a PP y Cs, sin dar entrada ni a ERC ni a JxCAT. Batet fue elegida el pasado martes con 175 votos, incluidos los dos de Coalición Canaria y sin el concurso de los independentistas, la combinación que el Ejecutivo querría que se repitiera en la investidura de Sánchez.

La suspensión de los presos

La primera decisión de relieve que ha tenido que adoptar la Mesa del Congreso, la suspensión de los diputados procesados y en prisión preventiva, entraba de lleno en la recta final del 26-M. PP y Cs acusaron a Batet de arrastrar los pies, de favorecer a los separatistas —también por transigir con las fórmulas de acatamiento de la Carta Magna en la sesión constitutiva—, pero el acuerdo de este viernes parecía desbaratar esos argumentos. Socialistas, populares y naranjas respaldaron la suspensión automática de Oriol Junqueras, Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull, frente al rechazo de Unidas Podemos.

Cataluña se ha vuelto a convertir en caballo de batalla en campaña. PP y Cs afean a Sánchez pactos ocultos con los soberanistas, que niega

Y es que Cataluña se ha convertido, una vez más, en motivo de confrontación constante entre los dos bloques. Especialmente en el tramo final. Pablo Casado resolvió la hecatombe sufrida por su partido el 28-A con un brusco giro al centro. El líder del PP pasó a marcar distancias con Vox, formación a la que catalogó de extrema derecha, y a una lucha despiadada con el espacio de la derecha con Cs. El 26-M es, al menos por ahora, la batalla final entre las dos fuerzas. Los populares aspiran a preservar su liderazgo en ese espectro, mientras que los naranjas buscan que su crecimiento en las generales se confirme de manera definitiva este domingo. Rivera, junto a Inés Arrimadas, han recorrido el país y han focalizado sus objetivos en Madrid, Aragón, Murcia y Castilla y León. Los puntos donde el sorpaso podría estar más al alcance de la mano.

Madrid se ha convertido en la madre de todas las batallas para todos los partidos. Para el PSOE, porque puede reconquistarla tras 24 años de gobierno ininterrumpido del PP en la región. Es, de hecho, el sitio en el que más ha parado Sánchez, a diferencia del 28-A. Para los populares, porque su plaza se ve más amenazada que nunca por la izquierda y por la derecha y ha confiado la cabecera de cartel a dos dirigentes nuevos, Isabel Díaz Ayuso —convertida a veces en objeto de mofa por sus polémicas declaraciones— y José Luis Martínez-Almeida. Para Cs, porque quedar por delante de los de Casado sería su triunfo más simbólico. Y para Podemos, porque su gran rival por su flanco es Más Madrid, la formación liderada por Manuela Carmena e Íñigo Errejón. La pérdida de la Comunidad sería un varapalo de casi imposible digestión para el jefe del PP después del desastre del 28-A. Pero sus siglas corren mucho peligro en otros puntos. Incluido Castilla y León, su coto reservado desde hace tres décadas.

Albert Rivera, con Luis Garicano, Ignacio Aguado y Begoña Villacís, este 24 de mayo en Madrid. (EFE)
Albert Rivera, con Luis Garicano, Ignacio Aguado y Begoña Villacís, este 24 de mayo en Madrid. (EFE)

Prueba de la importancia estratégica de Madrid es que tres de los cuatro principales líderes (Sánchez, Casado y Rivera) cerraron campaña este viernes en la capital. "El próximo 26 de mayo tenemos la oportunidad y, yo diría más aún, la responsabilidad, de acabar con más de treinta años de corrupción en la Comunidad de Madrid", subrayó el presidente en funciones en un acto en el que participaron los cabezas de cartel al ayuntamiento y la Comunidad y a las europeas, Josep Borrell. Casado reclamó a sus votantes que perdonen las "conductas reprochables" que tuvo una "ínfima minoría" del partido hace "mucho tiempo" porque la nueva dirección ha "tomado nota" y será implacable con cualquier "traidor" al PP. Y Rivera pidió "hacer historia" y remarcó que para gobernar España "hay que gobernar Madrid". Último acto en el que apareció Begoña Villacís, la aspirante por la capital, desaparecida a la fuerza la última semana por su parto programado de su tercera hija, Inés. Iglesias no cerró en la capital (se fue a Tenerife), pero sí aprovechó el último día para romper estrepitosamente con Carmena. Lo hizo en una entrevista con EFE, en la que apoyó al cabeza de IU Madrid En Pie, Carlos Sánchez Mato.

26-M | España cierra la segunda vuelta de las generales con la duda de la participación

Los giros de discurso

Casado intentó bajar el tono a partir del 28-A, pero Rivera no. El jefe de Cs aspira a encabezar, de facto, la oposición a Sánchez. Y se ha mostrado más implacable incluso que su competidor conservador, lo que ha obligado a este a endurecer su discurso. El martes, en la constitución del Congreso, se visualizó esa pugna sin cuartel. Rivera entró en el cuerpo a cuerpo con Batet y le reprochó que tolerase que el independentismo hablase en el hemiciclo de "presos políticos" a la hora de acatar la Carta Magna, Casado se acomodó en un rol más institucional que le costó aparecer desvaído en medio del juego circense que se vivió (a veces con espanto) en el salón de plenos. Rivera ha venido defendiendo que el liderazgo de la oposición es una "actitud", y su partido está en condiciones de asumirlo frente a un PP en ruinas.

La guerra clave se da en Madrid, donde se juega a varias bandas. La del PP, por su supervivencia, la defensa de su joya a izquierda y derecha

El quinto actor en escena, Vox, parece haber perdido fuelle desde las generales. En el trayecto final del 28-A, alentada por el apagón de las encuestas, la ultraderecha se vislumbraba como la fuerza emergente. Pero al final hubo gatillazo. 24 diputados en el Congreso que no cuentan para nada. La formación de Santiago Abascal cambió los grandes mítines por actos discretos, pero el efecto es que la expectación inicial se ha traducido en bajada drástica de expectativas.

26-M | España cierra la segunda vuelta de las generales con la duda de la participación

Y en este reparto del poder concurre la pelea de las europeas, en la que el PSOE parte como claro favorito y que está quizá más silenciada que en otras ocasiones por coincidir con las autonómicas y municipales. Pero serán la foto de una contienda nacional, en la que se verá el estado de salud de las grandes formaciones y cómo se resuelve la pugna en el independentismo. Aparte de la vertiente comunitaria, porque de la composición final de la Eurocámara dependerá el sesgo de la próxima Comisión. España, infrarrepresentada en los últimos años, desea recuperar peso, y ahora es su momento para apostar fuerte. Sánchez no está dispuesto a desaprovechar la oportunidad. Con Borrell o con un sucesor.

Margrethe Vestager (ALDE), Frans Timmermans (S&D) y Manfred Weber (PPE). (Reuters)
Margrethe Vestager (ALDE), Frans Timmermans (S&D) y Manfred Weber (PPE). (Reuters)

El desconcierto cunde en una España ya sumida desde comienzos de año en una intensísima campaña electoral que cambiará todo el tablero. El 26-M se repartirán las últimas piezas (a falta de Cataluña). Los últimos cetros de un poder compartido y complejo que embocan una etapa larga, inédita, sin elecciones a la vista.

Elecciones en 8.131 municipios y 12 CCAA y al Parlamento Europeo

En las elecciones del 26-M pueden votar 35.277.728 electores en los 8.131 municipios que hay en España. Se elegirá a 67.010 concejales y 8.131 alcaldes, además de los regidores pedáneos de las entidades locales menores y 157 consejeros de cabildos insulares. Además, en los comicios municipales de 2019 pueden votar 466.316 extranjeros residentes en España, que pueden ser tanto ciudadanos comunitarios como de países con los que España haya suscrito acuerdos de reciprocidad. Además, 121.916 votantes podrán participar en las elecciones a las asambleas de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. 

Son las undécimas elecciones locales que se celebran en los 40 años de historia democrática. Las primeras fueron las del 3 de abril de 1979. Luego siguieron las de 1983, 1987, 1991, 1995, 1999 (también con europeas), 2003, 2007, 2011 y 2015. 

A su vez, son las octavas elecciones al Parlamento Europeo que se celebran en España desde su ingreso en la UE en 1986. Hubo comicios en 1987, 1989, 1994, 1999, 2004, 2009 y 2014. España elegirá 54 eurodiputados, que serán 59 cuando se consume la salida del Reino Unido de la Unión. 

Locales y europeas, que se celebran en toda España, coincidirán con los comicios autonómicos en 12 comunidades: Aragón, Asturias, Illes Balears, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Madrid, Murcia, Navarra y La Rioja. 

El presupuesto para locales y europeas asciende a 172.685.360,40 euros. La seguridad está garantizada por un dispositivo de cerca de 93.000 agentes de Policía Nacional, Guardia Civil, Policía Autonómica, Policía Local y un gran número de efectivos de servicios de emergencia y Protección Civil, según informó el Gobierno en funciones. 

El escrutinio está reglado por ley. Primero se contarán las papeletas de las europeas, luego las municipales (incluidas Ceuta y Melilla), luego autonómicas y por último los cabildos insulares de Canarias; los consejos insulares de Mallorca, Menorca e Ibiza; las Juntas Generales de los territorios históricos de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia; los concejos de Navarra y el Consejo General de Arán. El Ejecutivo ya ha advertido de que el escrutinio será más lento y complejo que el de las generales y no estará finalizado por completo hasta la madrugada. 

Elecciones Municipales y Autonómicas

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