TAMBIÉN PUEDEN PRESENTARSE COMO CANDIDATOS

Rumanos, ingleses e italianos lideran el censo electoral de extranjeros en España

El próximo 26 de mayo votarán más de 460.000 inmigrantes que han construido su vida en España. Rumanos, ingleses e italianos son los más interesados en depositar su papeleta

Foto: De izquierda a derecha: Nikolina, Patrizia, Marwane y Samantha, extranjeros que votarán este 26-M. (Cedidas)
De izquierda a derecha: Nikolina, Patrizia, Marwane y Samantha, extranjeros que votarán este 26-M. (Cedidas)

Patrizia es de Milán, pero lleva 17 años viviendo en la provincia de Barcelona, donde trabaja como psicóloga y educadora en los servicios sociales. Este año es el primero que irá a votar en las elecciones municipales del 26-M, porque hasta ahora no sabía que, aunque sea extranjera, también ella tiene derecho a acudir a las urnas para elegir a los concejales de su ayuntamiento. "En España, la gente es más honesta políticamente, veo a los ciudadanos mucho más 'pueblo' que a los italianos", asegura. "En mi país, está todo muy muerto, hace más de 10 años que no voto allí, pero aquí sí voy a hacerlo".

Como afincada en Cataluña, reconoce que la independencia es uno de los temas políticos que más le han sorprendido de su nuevo hogar. "Como extranjera, la verdad es que me suena todo a chino, lo veo como ciencia ficción. Entiendo y hasta puedo dar la razón a la intención de independencia, pero se ha centrado demasiado en eso y me indigna totalmente, porque hay muchas otras cosas por las que luchar", explica al teléfono desde su casa en Maresme.

Aunque reconoce que votará a un partido de izquierdas, no se siente cómoda con los extremismos políticos que vive desde hace unos meses: "Me gustaría que no estuviese todo tan polarizado, poderme identificar con algún partido. Aquí o eres independentista o eres fascista. No hay nada en medio".

Patrizia es una de los 466.316 extranjeros que se han registrado en el censo electoral para poder votar en la próxima cita del 26 de mayo. Según datos de la Oficina del Censo Electoral, la italiana es la nacionalidad extranjera que más acudirá a las urnas en Barcelona. A nivel estatal, Italia está solo por detrás de rumanos e ingleses, y muy por encima de otras nacionalidades más frecuentes en España como los franceses, los portugueses o los belgas.

Según la Ley Electoral, los originarios de los Estados miembro de la Unión Europea y otros 12 países con los que España tiene firmados acuerdos de reciprocidad no pueden votar en las elecciones generales y autonómicas, pero sí en las municipales —en las europeas, solo pueden votar los ciudadanos comunitarios—. Por eso, los comicios del 26 de mayo son la única oportunidad para los expatriados de poder decidir sobre el rumbo de un país en el que ya han construido su nueva vida. Al igual que los españoles, ellos también se preocupan por la vivienda, la educación, la sanidad y la precariedad.

"Tengo las mismas ventajas y obligaciones que un español, salvo poder votar en las generales", se queja Sandra, una ecuatoriana que trabaja como limpiadora y lleva 20 años en España. "A mí muchas veces me han dicho: 'Tú no eres de aquí, no tienes derechos'. Hasta sin papeles tenemos derechos, todos los seres humanos tenemos derechos". Procedente de un país donde votar es obligatorio, cree que hacer uso de su papeleta es una obligación cívica: "Si uno no hace uso de sus derechos, puede perderlos".

Entre sus principales inquietudes, que la hacen decantarse por un partido u otro, está que su barrio (Fuencarral, en Madrid) tenga un centro de salud de calidad, una mejor red de transporte y más colegios que respondan a las necesidades de los más pequeños. "Me gusta de Carmena que ha puesto muchas zonas verdes y peatonales, pero creo que se ha olvidado mucho de algunos barrios, como Fuencarral o Pan Bendito".

Requisito: apuntarse en el censo

A 430 kilómetros de Sandra, en Granada, Nikolina da más importancia al medio ambiente, la infancia, la corrupción y la vivienda, que se repite como un mantra entre las preocupaciones de los votantes. Viajó desde Croacia hasta España en 2008, aunque reside como ciudadana búlgara, la nacionalidad de su padre.

"Para mí, siempre ha sido importante votar. Es una cuestión de integración, de tener voz y de influir algo en tu entorno. La primera vez que quise hacerlo, en 2011, fui a empadronarme y nadie me dijo que también tenía que inscribirme en el censo, pensé que con eso ya valía. Me dio mucha rabia", se lamenta.

A diferencia de quienes tienen la nacionalidad española, que no deben cumplir ningún trámite para poder ejercer su derecho al voto, los ciudadanos comunitarios y los de la docena de países con acuerdo deben manifestar su voluntad de votar apuntándose al censo, un trámite que acabó el 31 de enero para los primeros y el 15 de febrero para los segundos, dos meses antes del inicio de la campaña y de que se conociera a la mayoría de los candidatos.

No todos partimos del mismo punto de partida, y eso influye a la hora de participar y sentirse llamados a las urnas

Cuando ya pudo hacerlo, Nikolina no se conformó con solo votar; se presentó a las europeas en las listas de Equo, aunque no salió elegida. Ahora, vuelve a probar suerte con Vamos Granada. Reconoce que su activismo no es lo más habitual, ni entre los españoles ni entre los de fuera: "Hay gente a la que le interesa la política, pero no ve que pueda participar, no nota que se la reciba con los brazos abiertos, ni que nadie le diga 'queremos que también tú aportes cosas'".

"A veces tengo la sensación de que hay dos clases de extranjeros: los guiris y los inmigrantes. No todos partimos del mismo punto de partida, y eso influye a la hora de participar y sentirse llamados a las urnas", confiesa. Aunque le gustaría ver a un alcalde extranjero, no cree que el pasaporte sea lo que más le representa. "Me puedo sentir perfectamente representada por uno de aquí que trabaje por el bien común".

Este colectivo es uno de los que cuentan con cifras de abstención más altas: solo entre el 10% y el 20% de los extranjeros extracomunitarios vota, cifra que sube al 40% en el caso de los europeos. El desconocimiento sobre los plazos de inscripción para ejercer el sufragio pasivo es uno de los motivos principales. Marwane Bourqqia no supo que podía votar hasta que vino a estudiar a Madrid y sus compañeros de Ciencias Políticas se lo contaron. Aunque ha vivido en Zaragoza desde muy pequeño, este estudiante de 24 años nació en Marruecos, un país cuyos habitantes no tienen permitido el voto en España.

Sin embargo, Marwane sí puede ejercer su derecho porque tiene el pasaporte comunitario y ahora está solicitando la nacionalidad española. Aunque entiende que la población extranjera se indigne por no poder votar en las elecciones generales, cree que "el conocimiento debería primar sobre la nacionalidad". "Puedes estar cediendo el voto a personas que ni siquiera llegan a manejar bien el lenguaje, pero también es cierto que hay muchos españoles que no saben votar ni se interesan por saberlo", reflexiona. "A mi madre, por ejemplo, no le daría el voto porque dice que le da igual si gobiernan otros o si gobierna Vox, que este no es su país".

Alcaldes sin nacionalidad española

En casi 6.000 municipios españoles hay, al menos, un extranjero que podrá votar el próximo 26 de mayo. El porcentaje de electores extranjeros alcanza las cifras más altas en las provincias del Mediterráneo sur (Alicante, Murcia, Almería, Granada y Málaga) y en los dos archipiélagos. Y en cuatro ayuntamientos están llamados a las urnas más extranjeros que españoles: Heras de Ayuso (Guadalajara), Partaloa (Almería) y Llíber y San Fulgencio, en Alicante. Los británicos están muy arraigados en la costa oriental de Andalucía y el sur de la Comunidad Valenciana. Tan solo en Alicante se han alcanzado las 31.493 solicitudes de derecho a voto realizadas por vecinos británicos, dejando muy atrás a los alemanes (7.407) y rumanos (4.801).

Y cuanto mayor es la población extranjera, más preocupantes son los resultados de las elecciones para este colectivo. En la colonia británica de San Fulgencio, donde hay 3.434 electores foráneos censados frente a los 2.427 españoles, al menos una decena de vecinos británicos han decidido presentarse como candidatos a su ayuntamiento para poder solucionar los problemas de sus compatriotas.

Samantha Hull, profesora de inglés de 47 años, es una de ellas y dice que figura en la lista electoral porque se siente más española que inglesa. "Yo estoy muy feliz. Trabajo aquí, pago mis impuestos aquí, educo a mis hijos en España: llevo 18 años en San Fulgencio y quiero tener una voz", explica. "Nunca voy a volver a Reino Unido, mi corazón es español".

La Ley Electoral, en su artículo 167, garantiza el derecho a ser cargo electo en los comicios municipales y europeos a cualquier persona que viva en España incluso sin tener la nacionalidad. Solo tiene que reunir tres condiciones: pertenecer a la eurozona —o a algún país con reciprocidad en el voto—, cumplir los mismos requisitos que un español —figurar en el censo y manifestar su intención como candidato— y no tener prohibido presentarse a las elecciones en su país de origen.

Samantha dio el primer paso en su carrera política en 2010 como presidenta del Partido Independiente por las Nacionalidades (PIPN), un partido de ‘expats’ centrado en resolver las preocupaciones de la población extranjera de San Fulgencio. El siguiente lo ha dado este año presentándose tercera en la lista municipal del PSOE. "Ha sido el único partido que no me ha hablado de lo que podrían darme ellos, sino de lo que yo podría aportar", explica.

Los españoles olvidan rápido, pero los británicos se acuerdan de la corrupción de cada partido

La mitad de la población extranjera en San Fulgencio supera los 65 años de edad. Son jubilados que han decidido mudarse a la costa alicantina para poder vivir la época más tranquila de su vida en urbanizaciones con piscina, restaurantes y kilómetros de playa. Con el Brexit en 'stand-by', parece que las preocupaciones de los británicos en la Costa Blanca se han diversificado hacia otros temas más locales. Para Samantha, lo más urgente es poder garantizar la cobertura sanitaria de sus compatriotas. "Nuestro gran problema es que nos han quitado la ambulancia. Ahora tenemos que esperar a que venga desde Torrevieja", explica. "Localmente, eso es lo más importante para los británicos aquí: la sanidad y las pensiones".

No le importa no haber podido votar en los comicios nacionales porque cree que es mucho más importante poder decidir la composición de la corporación municipal para los próximos cuatro años, ya que opina que es ahí y no en el Congreso de los Diputados donde se notará la verdadera diferencia. "En San Fulgencio, ha habido ciertos problemas relacionados con la corrupción con los que queremos terminar", explica.

A pesar de su optimismo, Samantha reconoce que conseguir una alta participación puede ser complicado, debido a "la creencia británica de que la política española es corrupta en todas las provincias", fomentada por las publicaciones en redes sociales como Facebook y en algunos medios de comunicación. "Los españoles olvidan rápido, pero los británicos sí recuerdan los casos de corrupción de cada partido político", argumenta. "Espero que la gente de San Fulgencio vote: el mayor enemigo del pueblo no son los partidos, sino la apatía".

Elecciones Municipales y Autonómicas

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