el presidente vuelve a reclamar "cercanía"

Los barones admiten un problema de marca en el PP pero eluden criticar a Rajoy

Los barones y 'lideresas' del PP señalan a la política de recortes presupuestarios y a los escándalos de corrupción como el origen de su desgaste, pero la derrota los ha igualado y eluden el reproche a Rajoy

La magnitud y la proporcionalidad del derrumbe electoral del PP en el poder local y autonómico han dejado a los barones y lideresas del partido con poco margen de reproche hacia Mariano Rajoy. De puertas adentro señalan a la política de recortes presupuestarios y a los escándalos de corrupción como el origen de su desgaste, y añaden a las quejas el desprecio del Gobierno a la política de comunicación. Pero ninguno planteó alternativas a nada en tres años ni se destacó el 24-M en las urnas. “Tenemos ya un problema general de marca que nos afecta a todos”, reconocían tres presidentes regionales a la salida del comité ejecutivo del PP celebrado en Madrid. Y los tres condenados a pasar a la oposición.

En ese comité ejecutivo convocado para hacer balance de los resultados electorales, los reunidos (barones y miembros del aparato) tuvieron poco que echarse en cara visto el descenso generalizado en votos que han sufrido todos: las mayorías absolutas se han quedado en muy relativas y las relativas en campo de pactos fijos entre los partidos de izquierda. Esperanza Aguirre, Alberto Fabra, María Dolores de Cospedal, José Ramón Bauzá o José Antonio Monago han hecho campañas en clave más personal y han fracasado por igual. Incluso Alberto Núñez Feijóo, el único presidente autonómico que le queda al PP con mayoría absoluta, entró y salió de Génova con cara larga. Las municipales en Galicia han sido otro desastre para los populares.

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Luisa Fernanda Rudi, José Antonio Monago y Ramón Luis Valcárcel tomaron la palabra en el comité para decir que había que tomar nota y volcarse en el debate político, y que había sido el segundo aviso después de las elecciones europeas. Pero no acertaron a detallar medida concreta alguna de reactivación del partido salvo la de reconciliarse con sus votantes y denunciar la vaciedad de los partidos emergentes. En cuanto a cambios de nombres y una posible renovación generacional, no hay mucho margen porque los candidatos han fracasado casi por igual y los hay de cualquier edad. Serán los pactos de izquierda los que se encarguen de las previsibles jubilaciones. Si es por los resultados, se tendrían que ir casi todos salvo los que parecen en condiciones de gobernar en Castilla y León, La Rioja, Murcia y Madrid (Cristina Cifuentes), siempre que Ciudadanos se lo permita.

En el PP dan por hecho el acuerdo entre PSOE y Podemos en Castilla-La Mancha, con lo que María Dolores de Cospedal perderá la presidencia de la Junta aunque se haya quedado a un solo escaño de la mayoría absoluta. Mariano Rajoy la respaldó expresamente ante el comité ejecutivo y después en conferencia de prensa. El modelo de doble tarea (número dos del partido y presidenta autonómica) no ha funcionado, pero estaba sancionado por el presidente.

El Partido Popular no está en condiciones de abrir una crisis interna para relevar a la secretaria general a seis meses de las elecciones generales y ocho del próximo congreso nacional de la organización, dicen en fuentes populares. Lo mismo le pasa a Rajoy en el Gobierno, que no ha querido cambiar de equipo salvo cuando no ha tenido más remedio: prescindió de Miguel Arias para las europeas, a Alberto Ruiz-Gallardón lo dejó caer y Ana Mato dimitió. Ahora quedan cuatro meses de legislatura efectiva y descarta hacer una crisis.

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El presidente del Gobierno lo dejó muy claro después del comité ejecutivo. No está dispuesto a hacer cambios en el partido o en el Gobierno después del fracaso en las elecciones, admite que tendrá que ser más cercano y comunicarse mejor con los ciudadanos y está convencido de que los españoles acabarán por reconocer su esfuerzo para sacar a España de la crisis. Pero, en los comicios generales, a los barones es evidente que no les llegará.

Rajoy está especialmente preocupado por una consecuencia directa de los resultados de los comicios, que es la inestabilidad institucional que se puede instalar en la mayoría de las comunidades autónomas y buena parte de los principales ayuntamientos. Por eso hizo un llamamiento a la estabilidad política en las instituciones con “pactos transparentes y con control de las cuentas públicas”. Que se imponga la lista más votada como principio y acuerdos para gobernar al servicio “del crecimiento y del empleo” son los objetivos del presidente del PP.

Aparentemente tranquilo, pero muy serio y acompañado por su equipo en la dirección del PP (María Dolores de Cospedal, Carlos Floriano, Javier Arenas y Esteban González Pons), Rajoy dio la cara en persona ante la opinión pública, y en la sede de su partido, después de recoger los peores resultados electorales del PP en los últimos 20 años. No lo hacía desde mayo de 2012, cuando se enfrentaba a la escalada de la prima de riesgo y a la amenaza de la intervención de la economía española, al borde de la quiebra. Lo que más teme ahora el presidente del Gobierno es que la inestabilidad rompa el ciclo de la recuperación.

Elecciones Municipales y Autonómicas

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