en las europeas solo consiguió votar un 2%

El voto fantasma de los emigrantes españoles: ¿una nueva forma de sufragio censitario?

¿Eres mayor de edad y vives en el extranjero? Pues, salvo que formes parte de una anomalía estadística, es muy probable que ya te hayas quedado sin votar en las autonómicas

Foto: Dos trabajadoras del Ayuntamiento de Sevilla transportan urnas electorales. (EFE/Eduardo Abad)
Dos trabajadoras del Ayuntamiento de Sevilla transportan urnas electorales. (EFE/Eduardo Abad)

"A mí me han robado mi voto", señala Guillem Cotanda, valenciano residente en Palermo (Italia). Y no es el único que opina así. "He sido víctima del sufragio censitario, como hace dos siglos", dice. Para llegar a esa conclusión, este emigrante temporal afincado en el sur de Italia ha tenido que batallar antes con la Administración española.

Guillem cuenta a El Confidencial que en su lugar de residencia hay un consulado honorífico "donde no hablan ni papa de español". Allí fue a informarse el pasado mes de marzo y le respondieron, basándose en la circular de residentes inscritos en el Censo Electoral de los Residentes Ausentes (CERA), que no podía votar. "Vuelvo a casa, me informo por mi cuenta y gracias a Marea Granate me entero de que sí puedo. Me descargo toda la documentación necesaria y vuelvo una segunda vez al consulado honorífico, donde me insisten que no es posible, y me remiten al consulado de Nápoles".

Es entonces cuando Guillem llama a Nápoles y le dicen que sí, que tiene razón y todavía se encuentra dentro de plazo, "pero para poder votar tengo que ir presencialmente allí para solicitar el voto". "Es un viaje que puede alcanzar los 200 euros el billete, más el coste de la noche de alojamiento en esa ciudad, y yo cobro de beca 400 euros al mes. Decido no ir, sencillamente porque económicamente no me lo puedo permitir". 

Oficialmente, hay cerca de 2 millones de españoles inscritos en el extranjero, una cifra nada desdeñable desde un punto de vista electoral. Se trata de un disperso grupo de electores que, si se lo propone, puede llegar a modificar la distribución de los trece parlamentos autonómicos en uno o dos escaños. En Asturias, por ejemplo, el voto exterior supone más del 10 por ciento del censo total, tal y como se observa en el gráfico inferior.

Sin embargo, un primer filtro creado en 2011 hace que, de cara a los próximos comicios, esos 2 millones de ciudadanos se hayan reducido a la mitad, 900.000. Dicho de otra forma: de un plumazo, más de un millón de españoles residentes en el exterior se ha quedado sin derecho a votar en estas elecciones. El filtro no es otro que el procedimiento del "voto rogado", una nueva modalidad de sufragio pactada por PP y PSOE en la reforma electoral de hace cuatro años que se aplica en el colectivo de emigrantes. Consiste, concretamente, en que los residentes en el exterior deben "rogar" el voto ante la Administración para que este le sea concedido.

Y en muchos casos este procedimiento debe hacerse de forma presencial, en los consulados y embajadas, lo que implica, en ocasiones, un desplazamiento de cientos de kilómetros y euros. Debido a estos inconvenientes, muchas personas se quedan fuera del registro incluso antes de que se convoquen las elecciones. "¿Para qué existe Internet? ¿Es que con el DNI electrónico no basta?", se pregunta Guillem, indignado.

La odisea del voto robado

En las generales de 2011 participó un 5 por ciento del censo inscrito del CERA. En las andaluzas de hace dos meses, la participación del voto exterior fue de un reducido 3,5 por ciento. En las europeas el porcentaje cayó por debajo del 2 por ciento. ¿A qué viene tanta desmovilizaciónnbsp;Falta de información en los consulados, sistemas telemáticos que no funcionan, faxes colapsados, servicios postales que entregan la documentación fuera de plazo, trámites presenciales a cientos de kilómetros de tu lugar de residencia... A tenor de lo ocurrido en las anteriores convocatorias, es probable que buena parte de los 900.000 votos de los electores emigrados se queden por el camino debido a distintas fallas en el proceso del voto rogado.

"La mayoría de españoles que conozco en Inglaterra han tenido problemas a la hora de hacer trámites con el consulado", reconoce Lucía (nombre ficticio), una madrileña afincada en Londres. "Yo, personalmente, no pude votar en las europeas del año pasado porque me dijeron que me faltaba un papel, y lo más probable es que me quede sin votar en las autonómicas". Cuenta Lucía que recibió una carta el 1 de abril informándole de que, para registrarse como votante debía inscribirse con su certificado electrónico en la web de la Oficina del Censo Electoral. "Intenté conectarme en varias ocasiones, pero la web daba error, así que no me pude inscribir" . Lucía da por perdida su papeleta y no sale de su asombro. “No entiendo por qué es tan complicado ir a votar”. Al igual que ella, muchos otros españoles residentes en los cinco continentes se han quedado a las puertas de poder decidir su opción política.

En vista de la gran cantidad de problemas que ha generado el sistema del voto rogado, Izquierda Unida presentó una solicitud el pasado 21 de abril ante la Junta Electoral Central (JEC) en la que denunciaba “la carrera de obstáculos” que supone el trámite del llamado voto rogado, e instaba a la Administración General del Estado a eliminar las trabas “que dificulten la tramitación y el ejercicio del derecho de sufragio” con todas las garantías.

El escrito de respuesta llegó nueve días después, firmado por el presidente de la JEC, el magistrado Carlos Granados Pérez. En él, el organismo reconoce que existen "dificultades para la efectividad de la recepción en tiempo hábil del voto de los electores inscritos en el CERA y de los electores residentes temporalmente en el extranjero" y argumenta que estas dificultades residen "en la insuficiencia de los plazos establecidos en la Ley Orgánica del Régimen Electoral Central”.

Eva Gamundi es andaluza y reside temporalmente en Stavanger, Noruega. Quiso votar para las elecciones de su comunidad autónoma, pero, al igual que Guillem, se quedó sin hacerlo por razones económicas. “Para rogar el voto tenía que personificarme con el DNI en la boca a la oficina consular de Oslo. De haber ido, habrían sido 120 euros y 8 horas de viaje: no lo hice”. "Y ahora, para que no me vuelva a ocurrir lo mismo en las generales, me estoy planteando hacer coincidir mis vacaciones en el mes de octubre, ir a España y votar presencialmente en mi colegio electoral. Es la única forma que veo de hacer efectivo mi derecho a voto".

Elecciones Municipales y Autonómicas

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