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Elecciones generales 2019: diferencias entre voto en blanco, voto nulo y abstención

El voto en blanco perjudica a los partidos pequeños, que tendrían más difícil obtener representación, mientras que los nulos y la abstención no afectan al reparto de escaños

Foto: Un elector muestra una voto que sería considerado nulo en las elecciones. (Reuters)
Un elector muestra una voto que sería considerado nulo en las elecciones. (Reuters)

El pasado 28 de abril, España vivía nueva cita electoral con casi 37 millones de españoles llamados a decidir el futuro del Gobierno. Ahora, más de seis meses después, tras una campaña breve (de ocho días en lugar de 15) y cuatro grandes debates —solo uno entre cinco candidatos a presidente del Gobierno—, la historia se repite y España tendrá que regresar a las urnas, esta vez con más de 37 millones de votantes. Los sondeos apuntan a direcciones diferentes con respecto al 28-A, con una posible fuerte irrupción en el voto de extrema derecha, lo que podría llegar a Vox a tener en su mano la posibilidad de entrar en el nuevo Gobierno.

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No obstante, en esta circunstancia, se da el caso en el que podría verse una desafección generalizada entre los votantes, que se podría traducir en una decisión tardía acompañada de votos nulos, en blanco y abstenciones que serán claves cuando finalice el escrutinio.

La Ley del Régimen Electoral considera que se ha emitido voto en blanco (pero válido) cuando el sobre no contiene papeleta o, en el caso de las elecciones al Senado, cuando éstas no contengan indicación a favor de ningún candidato. De esta forma, cada voto en blanco computa en el recuento e influye en el reparto de escaños que corresponde a cada partido.

[¿A quién beneficia el voto en blanco?]

En este punto entra en juego la ley' D'Hondt, el sistema de cálculo proporcional que marca la representación dividiendo el número de votos emitidos hacia cada partido entre el número de escaños que puede decidir cada circunscripción. Así por ejemplo, si una provincia tiene derecho a elegir cinco cargos electos, los votos totales de cada partido se dividen entre 1, 2, 3, 4 y 5. Obtenidos los respectivos cocientes, los cinco representantes se asignan a las cinco cifras más altas. Para obtener representación es necesario un 3% de votos como mínimo, con lo cual este reparto perjudica a los partidos pequeños en las circunscripciones con menos escaños en juego. No en vano, los votos en blanco se traducen en que cada candidatura necesita más votos para lograr un escaño.

El voto en blanco perjudica a los partidos pequeños, que tendrían más difícil obtener representación, mientras que los nulos y la abstención no afectan

El voto nulo es aquel depositado en un sobre diferente al oficial o que contenga una papeleta improcedente. También se incluyen en esta categoría las papeletas modificadas —ya sea por alterar el orden de los candidatos o por contener una leyenda escrita— y los sobres que contengan algún objeto. Durante las elecciones al Senado también son nulas aquellas candidaturas con más nombres señalados de los que corresponden a cada circunscripción. La Junta Electoral considera estas manifestaciones como "votos emitidos no válidos", de forma que no benefician ni perjudican a nadie al no contar para el reparto de escaños.

La misma influencia en el resultado tiene la abstención, que se produce cuando una persona mayor de edad inscrita en el censo no ejerce su derecho a votar. Los motivos pueden ser diversos —desde una enfermedad o accidente que impida acudir al colegio electoral hasta una forma de expresar descontento— y en ningún caso se penaliza en tanto que los españoles no tienen la obligación de votar, pero al no sumar al recuento no afecta en ninguna medida a los resultados.

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