CIERRE DE CAMPAÑA EN BARCELONA

La hora final: Rivera apela a la "remontada" ante un 10-N crucial para el futuro de Cs

Rivera cerró la campaña en Barcelona, apelando a los orígenes el partido y poniendo en valor que una opción "de centro y moderada" sea fuerte entre cánticos de "remontada"

Foto: El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en el cierre de la campaña en Barcelona. (EFE)
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, en el cierre de la campaña en Barcelona. (EFE)

El cierre de campaña que Ciudadanos firmó este viernes en Barcelona —en un claro guiño a sus orígenes y a la lucha contra el nacionalismo como su principal seña de identidad, "estoy aquí porque esta es mi casa y vosotros sois mi gente" dijo Albert Rivera— se convirtió en muchos momentos en un auténtico 'déjà vu' con respecto a abril. Hace solo seis meses el líder naranja anticipaba, entonces desde Valencia, unas "elecciones históricas" para su partido que, en efecto, se quedó a solo 9 escaños de un PP completamente desangrado. Aquella campaña del 28-A fue un verdadero llamamiento a la movilización (igual que esta), apelando a los indecisos a acudir en masa a votar con la papeleta naranja (exactamente como ahora), e insistiendo en la importancia de que los votantes centristas acudan a las urnas.

La hora final: Rivera apela a la "remontada" ante un 10-N crucial para el futuro de Cs

Después de hablar Lorena Roldán, portavoz del partido en Cataluña, tomó la palabra Inés Arrimadas: “El centro político no era una quimera, es una opción de gobierno”, afirmó la cabeza de lista por Barcelona, anticipando que la campaña del 10-N podría terminar como en Cataluña hace dos años (cuando ganaron) o como en Andalucía (donde lograron sumar con el PP). “Esta repetición le va a salir muy mal a Sánchez”, aseguró, insistiendo en que lo que hay que hacer “es ir a votar, que es justo lo que no quiere que Sánchez hagamos”.

Arrimadas protagonizó uno de los momentos del ultimo acto del partido antes de la cita con las urnas cuando, al presentar a Rivera para que se subiera al atril, nombró a los padres del candidato a la presidencia, presentes en el acto como dos militantes más sin esconder la emoción del día. El máximo dirigente naranja tomó la palabra entre cánticos de “sí se puede” y “remontada”; insistiendo en que dos puntos porcentuales más de voto podrán traducirse en 20 escaños más y sin cejar en su empeño de convencer a todos los indecisos para apostar por el color naranja.

El presidente de Ciudadanos y candidato a la Moncloa, Albert Rivera. (EFE)
El presidente de Ciudadanos y candidato a la Moncloa, Albert Rivera. (EFE)

“Lo más valiente en este momento es votar con la cabeza y el corazón. Sabéis que yo soy de los vuestros, a mí no me han regalado nada. Empecé esto con un grupo de valientes y somos eso. Lo que me apasiona es este país y por eso quiero ser presidente”, aseguró Rivera apelando a las emociones de sus seguidores. No dudó en repetir la necesidad de que una opción moderada y de centro sea fuerte en España y lanzó mensajes de ánimo a todos los que en Cataluña “sufren cada día”, asegurando que “siempre vale la pena dar la cara por la libertad”. Pidió el voto: “Hacedlo por vosotros, pero no perdáis de vista lo que ha costado conseguir en estos 40 años” dijo, para que los extremismos no venzan.

​El 10-N que viene

La principal diferencia en ese llamamiento masivo para frenar la indecisión y a los abstencionistas es el objetivo que persigue. En abril era "dar la campanada" en palabras del dirigente naranja y, en esta ocasión, va encaminado a sobrevivir, a conseguir darle la vuelta a unas encuestas que sitúan a Ciudadanos quinta fuerza y que amenazan el futuro que pueda tener el partido naranja que decidió dar el salto nacional definitivo en 2015 presentándose a las elecciones generales. Si en abril el voto de Rivera valía "por doble", según sus dirigentes, ahora, este noviembre, vale "triple": "Desbloquear la situación, reformar España y frenar a los independentistas", insisten.

Ciudadanos apostó este viernes por su acto más multitudinario en el Palacio de Congresos de la Ciudad Condal con más de 1.000 asistentes. La cúpula naranja quiso desarrollar una campaña "poco intrusiva", con actos sectoriales y mucha imagen, conscientes del hartazgo social ante unos nuevos comicios. El debate de candidatos del lunes no tuvo el efecto esperado —en abril Rivera despuntó convirtiéndose en uno de los principales ganadores—, aunque la segunda oportunidad de Arrimadas este jueves levantó el ánimo. Los lectores de este diario dieron a la portavoz de Ciudadanos como ganadora.

La suerte está echada. Para el partido de Rivera, una vez más, que la participación alcance como mínimo un 70% es fundamental. En Ciudadanos son conscientes de que sus electores son los más desapegados a la política y, por eso, no es un voto tan ideologizado ni con alta fidelidad. Según el CIS poselectoral de abril, un 25% de los votantes naranjas tomó su decisión en la última semana. Incluso hubo un 8% que se decantó el mismo día de los comicios. En ese sentido, el partido tiene claro que un posible vuelco en sus resultados tendrá mucho que ver con que los indecisos den un paso al frente. "La movilización es muy importante porque sabemos que de los 3 millones de indecisos, una parte importante apostaría por Ciudadanos", explican fuentes del equipo de Rivera.

José Manuel Villegas, Albert Rivera e Inés Arrimadas en el cierre de campaña. (Reuters)
José Manuel Villegas, Albert Rivera e Inés Arrimadas en el cierre de campaña. (Reuters)

La tensión en el partido será máxima todo el fin de semana. Ya les ocurrió en el mes de abril. Muchos dirigentes reconocen que son el partido más difícil de calibrar y que no será hasta bien entrado el domingo cuando se pueda percibir un desenlace. Las menciones a lo que ocurrió en Andalucía son constantes. En las últimas autonómicas de 2018 el PSOE jugó a una campaña adormecida, con poca publicidad y dando por hecho que Susana Díaz revalidaría la primera posición. La movilización de los votantes de la derecha y la abstención de la izquierda provocó que la suma de PP y Ciudadanos fuera posible con el apoyo de Vox.

Arrimadas aseguraba en una reciente entrevista con este diario que la situación actual, "le recordaba mucho al caso andaluz". La cuestión es que todas las encuestas auguran que el partido de Abascal podría quedar tercero y Ciudadanos caería hasta la quinta posición. Si ese pronóstico se cumple, la clave para los de Rivera no será tanto el número de escaños que obtengan, sino para lo que sirven. Es decir, si consiguen aportar para desbloquar la situación, cosa que ahora también parece difícil.

Si en abril la suma de PSOE-Ciudadanos alcanzaba los 180 escaños, ahora parece improbable que puedan alcanzar una cifra similar. De hecho, todo apunta a que los bloques por sí solos no sumarán. Ni PP-Ciudadanos-Vox (algo con lo que Casado sueña), ni PSOE-Unidas Podemos-Más País. En la última ecuación serían necesarios los independentistas (cosa que Sánchez rechaza por ahora). De manera que la única solución encima de la mesa pasaría por un acuerdo entre constitucionalistas donde Ciudadanos pretende hacer de puente. Más allá de los resultados que consiga, el partido naranja abogará a partir del domingo por la noche por esa solución: hacer de pegamento entre populares y socialistas para garantizar reformas y pactos de Estado entre los tres partidos.

Cosa distinta, eso está por ver, es lo que suceda con el partido en sí. Es decir, si los pronósticos de las encuestas se confirman, en Ciudadanos podría abrirse un nuevo debate orgánico sobre el liderazgo, cuestión que hasta ahora nunca se ha abordado. Como publicó este diario, se trata de un asunto que no está encima de la mesa. Más bien lo contrario. Ni siquiera en la crisis abierta el pasado junio —que se saldó con varias dimisiones y una importante transformación en la composición de la ejecutiva nacional— se cuestionó la figura de Rivera. Ningún dirigente de peso especula sobre una posible transición y todos coinciden en que si hubiera algún debate sería el propio líder quien lo abriría. La próxima página de Ciudadanos solo se podrá escribir después de la noche del 10 de noviembre.

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