DEBATE DE MUJERES EN LA SEXTA

La izquierda aparca los reproches y combate a un Vox con el que marca distancias Pastor

PSOE y Podemos se concentran en el desmontaje de argumentos de la ultraderecha y muestran más conexión. La popular sorprende alejándose de Álvarez de Toledo y confrontando con Monasterio

Foto: La periodista Ana Pastor con las dirigentes Irene Montero, Ana Pastor, Inés Arrimadas, María Jesús Montero y Rocío Monasterio, este 7 de noviembre en La Sexta. (EFE)
La periodista Ana Pastor con las dirigentes Irene Montero, Ana Pastor, Inés Arrimadas, María Jesús Montero y Rocío Monasterio, este 7 de noviembre en La Sexta. (EFE)

La última imagen que se llevan los votantes de los cinco grandes partidos en acción antes de las urnas del 10 de noviembre ha sufrido mutaciones sensibles respecto a las anteriores. El último debate, el debate de las mujeres, el organizado por La Sexta, sí demostró que hay lecciones que los partidos han aprendido en esta intensa campaña. Una, y muy significativa, es que no podía reproducirse la misma escena del lunes, en el combate de líderes, en el que Vox pudo hacer su mitin en 'prime time' y salió airoso. PSOE y Unidas Podemos intentaron aparcar por un momento los reproches duros para lanzarse a degüello contra la formación de ultraderecha y desmontar sus argumentos. Pero también se vio otro PP muy distinto al encarnado por Cayetana Álvarez de Toledo o el mismo Pablo Casado. Ana Pastor, una política veterana y cuyo cordón umbilical con Mariano Rajoy es bien visible, exhibió un PP más moderado, orgulloso de su gestión de los últimos años y al que no le duelen prendas en tomar distancia con Vox en algunos asuntos, como la defensa de la igualdad o del Estado de las autonomías. No solo eso: ella, que representa el ala más feminista de su partido, tampoco dudó en proclamar que cuando no hay consentimiento de la mujer hablamos de violación, una afirmación en las antípodas de la posición de Álvarez de Toledo, de la que esta ha rechazado apearse.

Este jueves era el de "la última oportunidad", como recordaba la cadena de Planeta. La Sexta se encargó del último debate entre los cinco grandes partidos, a los que pidió que mandara a sus mejores embajadores. Ellos eligieron a cinco mujeres: María Jesús Montero, ministra de Hacienda en funciones (PSOE), Ana Pastor (PP), Inés Arrimadas (Ciudadanos), Irene Montero (Unidas Podemos) y Rocío Monasterio (Vox). Algo más de dos horas de contienda dialéctica en un formato también muy distinto al de los anteriores, más ágil, mucho menos encorsetado y guiado por las preguntas que en plató iba haciendo la moderadora, la periodista Ana Pastor. Y hubo picos de tensión, sí, pero no se llegó a embarrar el terreno ni a crispar el ambiente en exceso. El tono fue más moderado. Otra diferencia más: Cataluña entró como bloque en esos 130 minutos de discusión, pero sin resultar la absoluta protagonista. Tampoco la política de alianzas y el bloqueo colonizaron el enfrentamiento, más allá de las preguntas iniciales de Pastor.

Los espectadores pudieron ser testigos de un debate, en suma, de talante algo más constructivo y en el que importó mucho la personalidad de cada una de las contendientes, porque para los morados la ministra de Hacienda fue su interlocutora en la negociación de los Presupuestos de 2019 y la dirigente socialista a quien identifican con el ala izquierda del PSOE, y Pastor encarna el viejo PP, el marianismo destilado y en estado puro. La audiencia recompensó a La Sexta con una audiencia histórica.

La ministra manifiesta la voluntad de gobernar en solitario, y Montero habla de una negociación "sin vetos". Las posiciones suenan menos categóricas


En los primeros compases ya se podían atisbar las estrategias de cada partido. La ministra Montero reivindicó la agenda social del Gobierno de Pedro Sánchez y se lanzó contra PP y Ciudadanos por sus pactos con Vox, y a ambas rivales les preguntó desde el primer momento si compartían lo que sus respectivos grupos en la Asamblea de Madrid habían votado apenas horas antes: se sumaron a una propuesta de la ultraderecha que pedía ilegalizar a los partidos separatistas que atenten contra la unidad de España. También manifestó la "pretensión" de los socialistas de gobernar en solitario.

"Alternativa de gobierno"

La expresidenta del Congreso dibujó mientras a su formación como "alternativa de gobierno", con larga experiencia de gestión. Montero defendió la pertinencia de un Ejecutivo de coalición (sin ponerlo como condición 'sine qua non') y de una mayoría parlamentaria estable, de políticas feministas y de una economía con corazón. Y remarcó la necesidad de una negociación con los socialistas "sin vetos". Arrimadas buscó recuperar la posición antigua de Cs, de látigo contra el bipartidismo, y en el centro de la escena, sin ocultar su voluntad de repetir el modelo andaluz y gobernar con el PP, compatible con su propósito de "desbloquear" el país, frenar al nacionalismo y propiciar pactos de Estado. Posiciones menos categóricas y más matizadas que las de los líderes. Monasterio, por su parte, presentó un mensaje con mucha chapa y pintura para evitar que asomaran las costuras más ultraconservadoras.

PSOE y PP se enzarzan por la política económica. Pastor equipara a Sánchez con Zapatero y Montero recuerda la desigualdad y precariedad de Rajoy

En el primer bloque, el económico, sirvió para que cada una plantease sus recetas, pero también para que se visualizase el choque clásico de PP y la asimilación que Pastor hizo de Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero y la que Montero hizo a su vez del nuevo PP con Mariano Rajoy. "El PP tiene una historia en materia de empleo que es conocida", se arrancó la exministra de Fomento, que en varias ocasiones quiso remarcar que ella "estaba ahí", cuando Rajoy tuvo que sacar a España de la "ruina" en que la dejó Zapatero. Aquel Ejecutivo acometió las reformas necesarias, tuvo que subir impuestos al principio porque no había recursos pero en cuanto pudo, dijo, los fue bajando. "Menos mal que lleva Sánchez solo 16 meses en el Gobierno. ¿Qué pasaría si los españoles les damos ocho años como a Zapatero?", se preguntó. Pastor le lanzó a la representante socialista que no admitía "lecciones" de su partido. La expresidenta de la Cámara Baja intercaló en dos ocasiones una cifra imposible: dijo que había habido ocho millones de mujeres paradas con el PSOE, cuando el máximo de desempleados, de hombres y mujeres, se alcanzó a comienzos de 2013, con Rajoy en la Moncloa, y fueron seis millones, por encima del 27%. Ninguna le rebatió ese número erróneo.

La izquierda aparca los reproches y combate a un Vox con el que marca distancias Pastor

La ministra Montero remarcó las sombras de ese expediente de buena gestión económica que el PP intenta lucir: con Rajoy se llegó a la "tasa más alta" de paro en 2013 —fue del 26,94%, era el apogeo de la crisis—, mientras que fue con el PSOE cuando se registró la "más baja" (en 2007, del 7,93%), y el PP es además especialista, hirió, en dejar como herencia la "desigualdad" y la "precariedad". Por no hablar de que "subió 60 veces los impuestos", añadió. La titular de Hacienda mantuvo que desde que gobierna Sánchez hay 500.000 ocupados más y se comprometió a revisar los beneficios fiscales de las empresas.

Menas y Falcon

Irene Montero e Inés Arrimadas intentaron hacer la guerra al bipartidismo, aunque cada una desde su flanco. La primera enfatizó que PP y PSOE han ido ayudando a las empresas con regulaciones laborales que mermaban la capacidad de negociación de los trabajadores, por lo que es preciso "equilibrar la balanza" y limitar los abusos y el poder de las multinacionales. La segunda, apostando por aparcar las "viejas recetas" de populares y socialistas que han acabado siendo un "desastre", y por poner fin a las "duplicidades, los chiringuitos y los enchufados".

La ministra y Montero rebaten desde el primer momento a Vox, por su modelo económico privatizador o sus discursos xenófobos

Monasterio, mientras, ya atacó a sus rivales desde el principio por no negarse a pactar con un partido, el PSOE, que asegura "miseria" y "paro". Su apuesta es la de la desregulación, el fin del "expolio" a los trabajadores, la bajada de IRPF y de Sociedades al 22% o una privatización parcial del sistema de pensiones. Y, por supuesto, como medida estrella, la liquidación del Estado de las autonomías y el "recorte en el gasto político ineficaz".

La izquierda aparca los reproches y combate a un Vox con el que marca distancias Pastor

Enseguida entraron al cuerpo a cuerpo contra Vox tanto Podemos como PSOE. La portavoz morada denunció que el de Monasterio es el caso extremo del modelo económico de "ley de la selva" de desregulación extrema, de privatización "hasta del palo de la bandera". Ella defendió con ahínco las propuestas de su partido: un impuesto a la banca, a las grandes fortunas y al lujo, una fiscalidad progresiva, una empresa pública de energía. La ministra exigió a la dirigente ultraderechista perdón por haber hecho un mitin el pasado lunes en Sevilla a la puerta de un centro de acogida de menores no acompañados (menas) en Sevilla. Eso es "azuzar el odio contra los menas". "Es usted la que debiera pedir perdón por un presidente que se va en Falcon con el dinero de los españoles. Y como están en el Falcon pierden contacto con la gente", replicó la portovoz de la formación extremista.

Montero y Arrimadas también se engancharon a cuenta de una invectiva de la primera: "Algunas veces dices que has vivido en Andalucía, otras en Cataluña. Según lo que quieras trasladar, has vivido en todas las partes del mundo". La número dos de Cs por Madrid afeó esas palabras a la ministra y su intención de "ridiculizarla". La dirigente naranja le reprochó durante todo el programa que no compareciera en el Parlamento andaluz para dar cuenta del supuesto desvío de recursos para el pago de juergas en prostíbulos de una fundación de Empleo de la Junta.

"No fue lo que dijo Cayetana"

La perspectiva de género estuvo mucho más presente en este debate que en los anteriores, y asomó en varios de los temas de discusión, como el empleo (con la conciliación como punto clave) y, lógicamente, en el bloque de políticas sociales e igualdad. Este trajo una de las sorpresas claras de la noche. Ana Pastor puso tierra de por medio respecto a la portavoz de su partido en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo. Esta, en los dos debates a varias bandas en RTVE del 28-A y del 10-A, se encastilló en su posición: ella no cree que el consentimiento de la mujer en las relaciones sexuales deba ser determinante para discernir si se trata de una agresión sexual. "Seguiré diciendo que no todo lo que no sea un sí es necesariamente un no", sostuvo, pese a las peticiones de Unidas Podemos, PSOE y ERC para que reculara. Pastor no dejó este jueves lugar a dudas. "Cuando no hay consentimiento es violación", aseguró este jueves con total rotundidad la expresidenta del Congreso. "Cayetana Álvarez de Toledo dice lo mismo que yo, solo que las personas no hacemos idénticas palabras. Lo dice el PP y todas las personas de bien: cuando no se consiente, hay agresión sexual y por tanto hay violación", esgrimió.

"Lo dice el PP y todas las personas de bien: cuando no se consiente, hay agresión sexual y por tanto hay violación", señala con rotundidad Ana Pastor

Pastor llegó incluso a defender una reforma del Código Penal para garantizar que "solo sí es sí", en la línea de lo que plantean el PSOE, Unidas Podemos o incluso Cs. Ella es partidaria, por tanto, de ajustar la legislación española a lo que prescribe el Convenio de Estambul. "Me sorprende porque no fue eso lo que dijo Álvarez de Toledo", replicó la ministra Montero, mucho más ágil en las respuestas y mucho más al ataque que la portavoz socialista, Adriana Lastra, la semana pasada.

La izquierda aparca los reproches y combate a un Vox con el que marca distancias Pastor

Monasterio defendió la cadena perpetua para violadores, además de la reforma de la Ley de Violencia de Género (porque es un "fracaso"), y retó a las demás rivales a que dijeran si apoyaban esa medida dura o no. Pastor no quiso entrar en ese juego. "Yo represento lo que represento, un partido con experiencia, el PP, que cree en la igualdad de oportunidades", que rechaza la brecha salarial y que "quiere seguir haciendo política en favor de las mujeres". También rehuyó la trampa Arrimadas, quien abogó por el "cumplimiento íntegro de las penas". La réplica más contundente a la dirigente de Vox la encabezó Irene Montero, quien demandó combatir el machismo y la desigualdad con educación y cultura, no con cadenas perpetuas, ni "reventando minutos de silencio" como hizo el ultraderechista Javier Ortega Smith en Madrid. "Feminismo no es decir 'portavozas' ni echar a nadie de las manifestaciones del 8 de marzo", añadió la dirigente de Cs desde su atril.

Durante la discusión, asomó un tímido reproche de Montero al PSOE por su política sanitaria, a lo que la ministra le recordó que los Presupuestos están prorrogados. "Ojalá le ganes la batalla a Nadia Calviño", le respondió la portavoz morada sin acritud, aunque evidenciando que el perfil que más gusta a su grupo es el de la titular de Hacienda, y no el de la ungida como vicepresidenta.

La unidad que no aparece

Pero el bloque también dejó otra prueba de la distancia de Pastor con Vox y del choque entre las derechas. Monasterio defendió recentralización de competencias. "Se nota que hay personas que no han gestionado nada...", contestó la dirigente popular. Frase tras la que Arrimadas sacó a relucir la corrupción como una lacra del bipartidismo. La exministra no salía de su asombro —"¿Perdón, perdón?"— y defendió sus 30 años de trayectoria política sin mácula. Y siguió, dirigiéndose a la ultraderecha: "El Estado de las autonomías es lo mejor que nos ha pasado a los españoles. Ha mejorado el servicio a los ciudadanos y ha garantizado la cohesión". "Confunde la descentralización administrativa con la legislativa", replicó Monastario. "No queremos 17 mercaditos ni 17 parlamentos legislando". "Ustedes quieren matar moscas a cañonazos [...]. Hay que saber algo de gestión, conocer la Constitución", se encaró Pastor.

La expresidenta del Congreso defiende, frente a la ultraderecha, el Estado de las autonomías. "Quieren matar moscas a cañonazos", le reprocha

Cataluña encendió la tensión, pero menos que en otros debates, también porque la moderadora la dejó para el tramo final, ya que quiso centrarse en las otras temáticas. La ministra recuperó su pregunta a PP y Cs: ¿apoyan lo que han hecho sus respectivos grupos en la Asamblea de Madrid, ilegalizar a las formaciones independentistas que atenten contra la unidad de España? Arrimadas y Pastor intentaron escabullirse. La primera se centró en su defensa de una intervención inmediata de la Generalitat.

La izquierda aparca los reproches y combate a un Vox con el que marca distancias Pastor

La segunda, insistió en que dentro de la ley "cabe todo" y criticó al PSOE por haber llegado al Gobierno en 2018 apoyado en "lo mejor de cada casa" y por haber alumbrado la Declaración de Pedralbes. La ministra de Hacienda expuso la receta de su partido y reprochó al PP que no esté al lado del Ejecutivo como sí que lo estaba Sánchez con Rajoy en 2017. "Les costó", replicaba Pastor. La representante socialista pidió a Quim Torra una condena de la violencia y una "mesa de partidos" en Cataluña para que se encarrile la crisis de convivencia. Irene Montero apostó por el diálogo y por buscar ese "punto en común" entre todos. Monasterio, de nuevo situándose casi como la 'outsider', emplazó a PP y Cs a que dejasen claro que no pactarán con el PSOE, un partido que se ha apoyado, dijo, en los separatistas.

La izquierda aparca los reproches y combate a un Vox con el que marca distancias Pastor

A la incursión en Cataluña siguió una ronda rápida sobre cambio climático y el minuto de oro final. Turno en el que sorprendió que la ministra Montero se dirigiera solo a las mujeres, un granero básico para el PSOE. Los pactos no aparecieron por ningún sitio. Eso sí fue común a los cruces anteriores. Pero al menos sí se pudo ver un debate distinto. Más centrado en las propuestas y menos en Cataluña y con estrategias de los partidos distintas. Sobre todo en lo que respecta a Vox. Puede ser tercera fuerza y la izquierda no quiere aparecer pusilánime con ella. Lo que sorprendió es que Pastor sí quiso, a su manera, plantarle cara también.

Elecciones Generales

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
14 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios