dirigentes naranjas aún creen en la remontada

Rivera y su misión imposible: convencer a los indecisos y derrotar al pesimismo general

El efecto del debate no fue el esperado. Ni se proclamó el vencedor ni copó las portadas como en abril. Pero en el partido insisten: hay tiempo y la clave es que la participación llegue al 70%

Foto: El candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, momentos antes del inicio del único debate electoral. (EFE)
El candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, momentos antes del inicio del único debate electoral. (EFE)
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Las expectativas eran muy altas. Con las encuestas apuntando a una debacle para Ciudadanos el próximo 10-N, Albert Rivera sabía que el debate a cinco era su última bala en la recta final de la campaña. El inicio de la "remontada" —insistían dirigentes del partido— entonando el "sí se puede" que desde hace días se ha ido convirtiendo también en un himno naranja. El candidato dedicó su minuto final a ese concepto en un intento de convencer y persuadir a esos indecisos que continúan en la abstención o que no tienen decidido su voto. "¿Cuántas veces en la vida nos han dicho que no se puede? Si quieres cambiar las cosas, claro que se puede. Si eres liberal, vota liberal; si eres de centro, vota centro; si eres valiente, vota valiente. Vota lo que sientes, vota lo que eres, vota a Ciudadanos", zanjaba Rivera en el encuentro televisivo.

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En la mayoría de encuestas publicadas en medios de comunicación sobre quién ganó el debate —no científicas y dirigidas a la participación espontánea—, Rivera aparece en el último lugar. Todo ello a pesar de que algunos expertos en comunicación política, como los consultados por este diario, consideran que se llevó la foto del debate, sin abusar en exceso de 'gadgets' (echó mano de un adoquín de los altercados de Barcelona y varios papeles) y consiguiendo fijar los mensajes que quería lanzar. La opinión de las principales cabeceras coincidía, sin embargo, en que Abascal logró superar con soltura la prueba y Casado ganó enteros en el bloque de la derecha.

El objetivo de que Ciudadanos copara portadas como lo hizo en abril, proclamándose como gran vencedor del primer encuentro y aguantando en lo alto del 'ranking' en el segundo, quedó muy lejos de la realidad este lunes. No logró ese efecto. Pero en los principales rifirrafes del encuentro (con Sánchez, Casado e incluso con Abascal), igual que en los momentos más destacados, Rivera estaba ahí. En el partido, insisten en que manejan "datos positivos" entre sus votantes, aseguran que "el efecto fue bueno" y tienen claro que el candidato naranja "gustó en el espacio del centro", que es su principal objetivo ahora.

En el núcleo duro naranja reiteran que consiguió hacer "intervenciones potentes" en todos los grandes temas (en el asunto catalán primero, después en economía, con propuestas concretas para los autónomos —una de sus grandes banderas— y de empleo, igual que en políticas sociales y de familias, o en el bloque de regeneración, atacando la corrupción de PP y PSOE o el hecho de que Abascal dirigiera durante cuatro años uno de esos 'chiringuitos' que ahora quiere suprimir). Que tuviera protagonismo, se lanzara al ataque y, al mismo tiempo, hiciera propuestas explicando el programa naranja "caló", según su equipo más cercano.

El tiempo ahora es la clave para el partido. Con solo tres días por delante de campaña (este martes, viajó a Valencia, uno de los grandes feudos naranjas, y hoy visitará Mérida y Sevilla), el líder de Ciudadanos se propone lo que muchos tildan de misión imposible: dar la vuelta a las encuestas y terminar con el pesimismo generalizado que desde hace semanas está instalado en todos los sondeos publicados y en los generadores de opinión. De hecho, este lunes, la cúpula del partido celebraba el fin de la publicación de encuestas (la ley electoral prohíbe su difusión cuando falten cinco días para las elecciones).

Los naranjas van ahora a por la verdadera recta final, con un objetivo compartido desde el principio: movilizar. Que la participación alcance el 70% es la gran prioridad, porque si realmente los indecisos o posibles abstencionistas se decantan por acudir a las urnas, explican, "buena parte de ellos terminarán apostando por Ciudadanos". El principal caballo de batalla para Rivera siempre ha sido ese: persuadir a sus electores de que no se queden en casa, consciente de que al tratarse de un votante mucho menos ideologizado que el de sus rivales políticos, el apego de 'cumplir' con el partido no existe. De hecho, lo más fácil es que se desencanten.

Como explicaba Inés Arrimadas en una reciente entrevista en este diario, "lo fundamental es que la gente entienda lo importante que es que vote". La portavoz parlamentaria continuaba: "Que entiendan que si Ciudadanos no es fuerte, tendremos un país ingobernable y las grandes reformas no llegarán tampoco. PP y PSOE, sin nosotros, no las harán".

La encuesta de IMOP Insights para El Confidencial del pasado lunes demostraba los mismos riesgos para el partido naranja: los más abstencionistas siguen en estos momentos en el espacio de centro. Apenas el 55,6% de los que confiaron en Rivera y el 57,4% de los que se ubican en el centro anticipan que sí acudirán a las urnas. Dicho de otra manera: prácticamente la mitad de los que fueran electores naranjas duda todavía si irá o no a votar.

En el partido, insisten en que se puede ver el vaso medio lleno o medio vacío, y repiten el mismo mensaje: "La mala noticia sería que ya afirmaran que se han ido a otro partido. Pero siguen dudando y una de las papeletas que tienen en mente es la naranja. El debate pudo no movilizar tanto, pero queda tiempo".

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