PRIMER COMBATE EN TELEVISIÓN DEL 10-N

El debate del bloqueo: batalla a izquierda y derecha y de todos contra el PSOE

Cataluña y la dinámica de pactos tensan un enfrentamiento en RTVE a veces encorsetado y en el que ninguno de los portavoces brilla. La pugna en plató preludia unas negociaciones difíciles

Foto: Cayetana Álvarez de Toledo, Aitor Esteban, Iván Espinosa de los Monteros, Irene Montero, Gabriel Rufián, Inés Arrimadas y Adriana Lastra, antes del debate en RTVE. (EFE)
Cayetana Álvarez de Toledo, Aitor Esteban, Iván Espinosa de los Monteros, Irene Montero, Gabriel Rufián, Inés Arrimadas y Adriana Lastra, antes del debate en RTVE. (EFE)

Unas cuantas cosas claras dejó el primer combate televisivo del 10-N. Primero, que la batalla ya se libra en varios frentes. Entre las izquierdas (PSOE-Unidas Podemos-ERC), entre las derechas (PP, Ciudadanos, Vox). Del nacionalismo / independentismo (ERC-PNV) contra las derechas. De todos contra un PSOE que acumula acusaciones de "bloqueo" por parte de todos, que ya no tiene aliados en los platós y al que le cuesta a ratos defenderse. Dos, que escapar del bloqueo no será una tarea sencilla por mucho que pasen otras elecciones. Tres, que Cataluña es y será la principal materia de confrontación para las urnas. Y cuatro, que el relato de las culpas sigue muy presente y continuará contaminando los discursos políticos porque es inevitable no mirar atrás.

El debate a siete en RTVE, conducido por el periodista Xabier Fortes, demostró que esta campaña tiene poco que ver con la de las generales del 28 de abril. Por la posición de unos partidos que siguen teniendo muchas dificultades para entenderse y por el estilo que ha adoptado cada uno de ellos. Se vio en la tele pública durante 130 minutos, con cuatro mujeres —Adriana Lastra (PSOE), Cayetana Álvarez de Toledo (PP), Inés Arrimadas (Ciudadanos) e Irene Montero (Unidas Podemos)— y tres hombres —Iván Espinosa de los Monteros (Vox), Gabriel Rufián (ERC) y Aitor Esteban (PNV)— luchando para fijar sus propuestas y no salir trasquilado de los rivales de su campo o de la trinchera contraria. Ninguno acabó de brillar del todo. Ninguno tal vez arrasó y ninguno tal vez acabó perdiendo del todo. Ni siquiera Lastra, a quien todos disparaban y a la que le costó entrar en el debate, sin llegar a tomar las riendas del enfrentamiento en plató, aunque fluyó de menos a más. Por momentos pareció sin fuerza, sin demasiado 'punch'. Pero ella no era el objeto de la ira de sus adversarios: lo era el gran ausente, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, objeto de las críticas de los demás por haber propiciado la repetición electoral. Todo ello en un debate encorsetado por los tiempos y el formato.

El primer y último bloque, Cataluña y los pactos, concentraron la tensión. Como se esperaba. Son los dos temas principales de la campaña del 10-N. No hubo novedades. Ni soluciones mágicas para el conflicto soberanista ni una salida a la parálisis. "Lo que hay es un bloqueador, Pedro Sánchez", dijo una Álvarez de Toledo más contenida y menos agresiva (y con menos destreza a la hora de gestionar los tiempos) que en su debate de abril. "Pedro Sánchez es bloqueo", coincidió Arrimadas. "Sánchez tiene le excusa de Cataluña para pactar con el PP", apuntó Montero.

Montero reprocha a Sánchez que se fuera de vacaciones en lugar de negociar, y Lastra recuerda que sí se hizo una oferta de Gobierno de coalición


Precisamente esa ruptura de pareja PSOE-Unidas Podemos fue uno de los elementos nuevos (lógico, por otra parte) de este debate. La portavoz de los morados acusó a Sánchez de ser el único en su partido que no acepta las coaliciones, pidió a Lastra "humildad" porque fue Pablo Iglesias quien hizo "los números de la moción de censura". "Os dimos los números a cambio de nada y al final el Gobierno ha sido un fracaso y seguimos con los presupuestos de [Cristóbal] Montoro". Y siguió: el presidente ha "mentido a todos" al no cumplir sus propuestas y encima se "fue de vacaciones" en agosto porque "decidió ir a elecciones" y no desbloquear su investidura.

La revolución, "en el BOE"

"Sí hicimos una oferta de Gobierno de coalición", rebatió Lastra, antes de recordar que Sánchez puso sobre la mesa una vicepresidencia social y tres ministerios, oferta que Iglesias rechazó. "Porque la revolución se hace en el BOE, no en Twitter. Y no ayuda nada que [Miguel] Urbán [dirigente de Podemos] se manifieste en Bruselas con Carles Puigdemont en Bruselas", continuó la portavoz socialista dirigiéndose a su homóloga morada. También Lastra le pidió que no se arrogase el éxito de la moción de censura, y a ese propósito ayudaron tanto Rufián como Esteban, que puntualizaron a Montero que su contribución fue importante y no todos los votos los recolectó Iglesias.

Las derechas pugnan por llevarse el voto útil. El PP se erige como la única alternativa viable a Sánchez y Vox, como el único que puede "pararle"

El PSOE insiste en que quiere un "Gobierno coherente ideológicamente, fuerte, cohesionado" y ofrecerá "acuerdos programáticos" fundamentalmente a la izquierda. Y, como había hecho su jefe a lo largo de todo el día, despejó la ecuación: no ha habido en 40 años una gran coalición, y "no la va a haber esta vez". Lastra pretendía así sacudirse la acusación de Unidas Podemos pero también de ERC, que denunció que siempre que el PSOE se siente "fuerte" acaba escogiendo "la peor opción", que es pactar por su derecha, con el PP y con Cs, al que definió como "un Vox 'cool". La fórmula socialista, pues, sigue siendo la de un Ejecutivo en minoría, no de coalición. Visión totalmente opuesta a la de Montero: UP continúa defendiendo un Gabinete bicolor, que todos los votos de sus electores puedan sentirse representados en el Gobierno. Lo que le "quita el sueño" al PSOE, contraatacó Lastra, es si los morados impedirán "por quinta vez" la investidura de un presidente socialista.

A la riña de familia de las izquierdas se sumó la propia pugna de las derechas. En este caso, PP, Cs y Vox luchaban por capitalizar el voto anti-Sánchez. El que intentó lanzar un mensaje más rotundo fue Espinosa de los Monteros. Primero, culpó a los naranjas del bloqueo, porque de haberse pensado que podía haber acabado respaldando al presidente, España se habría ahorrado unos comicios. Luego reivindicó que el voto a Vox es el único que puede "parar a Pedro Sánchez". "Cada uno de los que están aquí apoyaría a Sánchez. El voto útil de cada uno de ellos sería un voto útil para Pedro Sánchez". El "voto seguro", el que no irá en ningún caso, ni con condiciones ni sin condiciones, para el actual presidente, es el que vaya a la formación de ultraderecha, remachó.

Aquella aseveración soliviantó a Álvarez de Toledo. "No vamos a dar la abstención al PSOE", proclamó. "Y ustedes", dijo a Vox, "no hace falta que apoyen, ya están ayudando a Sánchez". Era una forma de decirles que los extremos se retroalimentan, puesto que un mayor crecimiento del partido de Santiago Abascal frena a Pablo Casado y le pone más fácil su victoria a los socialistas. "A Sánchez le gusta Vox", concluyó. "¡Lo que me quedaba por escuchar es que tenemos un pacto con Vox!", protestó Lastra desde su atril.

La portavoz del PP también tuvo que vérselas con Arrimadas. Esta apostó por sumar con el PP, a la vista de la "deriva" de Sánchez, la "podemización de sus propuestas" y su "cacao mental" con la plurinacionalidad. Pero, para evidenciar el giro imprimido por Albert Rivera, insistió en que lo que necesita España son pactos de Estado para alumbrar reformas y quitar "las llaves al nacionalismo". La aseveración de la diputada naranja sirvió en bandeja a Álvarez de Toledo el recordatorio de que fue el PP quien ofreció a Cs montar España Suma, para poder ser más eficientes en la meta de echar al PSOE de la Moncloa. "Pero no quisieron y han fragmentado el espacio", reprochó. Entonces la portavoz naranja reclamó al PP "cero derrotismo". "¿Qué es eso de dar por hecho que va a gobernar Sánchez? Salgamos todos a votar. Empieza a oler lo que pasó en Andalucía", que Susana Díaz decía que iba a ganar, y al final se llevó "un batacazo" y perdió la Junta. Fue posible, dijo la dirigente liberal, por el concurso de Cs, porque el PP fue "incapaz" durante casi 40 años de desalojar al PSOE del poder.

Choque PNV-Vox

Pero el PP se siente fuerte y se quiere reivindicar como la única alternativa a las socialistas y concentrar en torno a sí el voto útil de la derecha. "Quiero dar las gracias a Sánchez por convocar las elecciones que el PP tiene oportunidad de ganar. Con Sánchez no habrá jamás un Gobierno, y por supuesto no habrá un Gobierno bueno para España, lo que habrá es parálisis y caos, fuego. Votando a Sánchez no habrá Gobierno, pero votando a cualquier otro partido, a Cs o a Vox, tampoco habrá Gobierno. Solo habrá Gobierno votando al PP, si gana Pablo Casado. Por eso pido con esperanza y convicción que no tiren su voto".

Arrimadas y Álvarez de Toledo asedian a Lastra con la pregunta de cuántas naciones hay en España. Ella subraya que el PSOE defiende toda la Constitución

Lastra se dirigió, entretanto, a los indecisos, frente a una "derecha tramposa" que está orquestando, a su juicio, una "campaña sucia" para que los electores progresistas no vayan a votar". A esos que dudan, les dijo que la "única izquierda que convierte propuestas en hechos, que sabe y puede gobernar" es la del PSOE. "Se están poniendo muchas líneas rojas y alguno se la tendrá que tragar", apostilló Aitor Esteban, tirando de realismo.

Esta parte del debate vivió otro choque tenso e inesperado entre los portavoces de PNV y Vox. Esteban calificó a los ultraderechistas de fuerza "franquista y fascista" y Espinosa tachó a la formación nacionalista vasca de "racista, xenófoba y homófoba" como lo fue su fundador, Sabino Arana. Tal fue la tensión en plató que, acabado el programa, el portavoz 'jeltzale' negó el saludo a Espinosa de los Monteros. Esteban había exhibido en todo el programa las credenciales de su partido, como una fuerza pactista, de diálogo, que sabe negociar, a diferencia de las formaciones estatales, que tiran más por la "inestabilidad" y la "política espectáculo". Por eso "es necesaria una voz vasca en Madrid" que defienda la agenda de Euskadi.

El debate arrancó con el plato fuerte de Cataluña. Enseguida Arrimadas blandió una pregunta contra Lastra, que no soltó en todo el programa: "¿Cuántas naciones hay en España?". Álvarez de Toledo también se la lanzó a la cara. Y amplió la línea de ataque: "¿Qué hace el PSOE en Cataluña? [Quim] Torra aprieta y usted cede. Habla de plurinacionalidad". Se veía venir que la rectificación que los socialistas hicieron a última hora de su programa, remitiéndose a las declaraciones de Granada (2013) y de Barcelona (2017), le iban a pasar factura. La dirigente popular señaló que el "problema" está precisamente en esta última, en la que precisamente se alude a esa España "plurinacional", y también en el acuerdo de Pedralbes, de hace un año. En definitiva, que la política de distensión del Gobierno solo conduce a más "fuego", como el visto en los graves disturbios del mes pasado. "Sánchez es un chollo para el separatismo", arropó Arrimadas.

Lastra contra todos

Vox, lógicamente, no se quedó atrás. Apostó por "recuperar el control en Cataluña", porque lo que ocurre allí es "un golpe de Estado en sesión continua", y la receta ha de ser mano durísima, una "reacción excepcional": la aplicación del estado de emergencia (artículo 116 de la Constitución) y la ilegalización de las formaciones que no respeten la unidad del país.

En los extremos, un Vox que habla de "golpe de Estado en sesión continua", y ERC, que reivindica a los líderes encarcelados y la necesidad de diálogo

Triple ración de ataques al PSOE por su gestión del conflicto territorial. Eso, por la derecha. Pero también hubo reproches por la izquierda a Sánchez: Rufián pidió a los socialistas que no tengan "complejos" en reconocer España como "un país de países" y se aferró a las condenas de los líderes secesionistas que suman en conjunto un siglo para defender que la única salida es el diálogo. Montero, mientras, sostuvo que la solución no es ni la unilateralidad ni el 155, sino sentarse a hablar y buscar puntos en común.

Lastra asistía al principio pasiva a la catarata de reproches. En lugar de cortar a sus adversarios, como pedía Fortes repetidamente a los portavoces para generar un auténtico debate, esperaba su turno, por lo que en ocasiones dio la sensación de estar ausente. "Se acostumbran tanto a las noticias falsas que mienten en los debates. Es una vergüenza que cuestionen la defensa de la Constitución por parte del PSOE, cuando es el único partido nacional que está aquí presente y que firmó la Constitución". A partir de ahí, la portavoz esquivó las preguntas de Arrimadas y Álvarez de Toledo sobre el número de naciones que hay en España alegando que su partido defiende la redacción del artículo 2 de la Carta Magna (o sea, unidad de España, pero respeto a sus nacionalidades y regiones, "su diversidad y pluralidad"), como defiende "íntegramente" todo el texto de 1978.

La vicesecretaria general del PSOE reprochó a las derechas que no actúen como hizo Sánchez, que apoyó al Gobierno de Mariano Rajoy, pese a que fue con él en el Gobierno cuando el separatismo le convocó dos referéndums ilegales, cuando proclamó la independencia de manera unilateral y cuando se fugó el 'expresident' Carles Puigdemont. Y ahora, mientras la Policía, la Guardia Civil y los Mossos protegían a los catalanes de los violentes, el PP "pedía la dimisión" del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, por cenar fuera de su despacho en la tercera jornada de disturbios. "No dé lecciones a nadie, cuando usted salió corriendo de Cataluña", le reprochó a Arrimadas. Y a Rufián le rebatió esa visión feliz de disposición al diálogo del secesionismo: "Cuando le hablo de bienestar, me habla de independencia. Cuando le hablo de pensiones, usted me contesta independencia". Lastra, al final del bloque, acabó enarbolando la bandera del Ejecutivo: firmeza, proporcionalidad, unidad y profundización del Estado de las autonomías. Los socialistas, insistió, quieren "resolver" el conflicto, y no hacer como las derechas y el soberanismo, que "se retroalimentan".

Competición de medidas

En los dos siguientes bloques, economía y políticas sociales, igualdad y cambio climático, los portavoces entraron más en calor e hicieron una mejor gestión de los tiempos. La temperatura bajó en plató, salvo momentos de choque, y tuvieron ocasión de mostrar sus propuestas y exhibir profundas diferencias entre los dos bloques.

En políticas sociales y económicas, alineamiento por bloques. Las derechas, bajas de impuestos, y las izquierdas, engrosamiento del Estado

Lastra sacó pecho de la gestión del Gobierno y de la fortaleza de la economía española, que crece "por encima de la media europea" pese al escenario de incertidumbre debido, en parte, a la guerra comercial. Se ha superado la barrera de los 19 millones de trabajadores, se ha aumentado el salario mínimo, se quiere recuperar la centralidad del Pacto de Toledo y subir las pensiones conforme al IPC, promover una reforma fiscal para que paguen los que más tienen y reforzar la lucha contra el fraude. Y la tasa de paro, del 13,92%, es la "más baja" desde 2008.

Un ejemplo "de todo lo que no hay que hacer en economía", replicó Espinosa de los Monteros, quien se mostró partidario de una máxima desregulación, la reducción del gasto a través del adelgazamiento de las autonomías y la bajada de impuestos. Fue él, economista de profesión, quien en este bloque repartió a izquierda y a derecha, intentando dar lecciones a unos y otros. Álvarez de Toledo sostuvo que la capacidad del PP para gestionar la economía está probada, anunció una "revolución fiscal", insistió en que los gobiernos socialistas son los especialistas en el aumento del paro, los que dejan las pensiones "al borde de la quiebra" y los que no tienen soluciones económicas, solo "pura demagogia y palabrería". Hasta puso la Comunidad de Madrid como paradigma, "justo la región más desigual de la UE", respondió Lastra. "En este año y medio, el PSOE no ha sacado los Presupuestos, lo único que ha sacado es a Franco", lanzó por su parte Arrimadas, quien hizo hincapié en las recetas de su partido de bajada de impuestos, facilidades a los autónomos y eliminación de "enchufados" y "chiringuitos".

Rufián se afanó en mostrar en los dos bloques centrales la faceta más claramente socialdemócrata de su partido: subida de impuestos a los ricos, salario mínimo de 1.200 euros, reducción del gasto militar, derogación de las reformas laborales. Montero subrayó la necesidad de aplicar el "horizonte morado y verde" —o sea, impregnar economía de feminismo y cuidado del medio ambiente—, de hacer "grande" el sector público, de bajar la edad de jubilación a los 65 años, de acabar con la "ley de la selva"... La portavoz morada recriminó al PSOE que cuando llega al Ejecutivo hace algo muy distinto a lo que promete cuando está en la oposición.

Inmigración no entraba

En el apartado de políticas sociales se revivió el choque izquierda-derecha a cuenta del feminismo y la violencia machista. Fue Lastra quien primero recordó que la democracia tiene pendiente una reforma del Código Penal para que el consentimiento de la mujer sea clave en los delitos sexuales, para que "solo sí sea sí". Se dirigía a Álvarez de Toledo, que en abril se encaró con Montero y la ministra de Hacienda a cuenta de este mismo asunto. La portavoz popular no se enmendó, pese a que sus palabras fueron muy polémicas entonces: "Seguiré diciendo que no todo lo que no sea un sí es necesariamente un no". Pero no se detuvo mucho porque quería atacar al PSOE, al asegurar que no todas las mujeres nacen "víctimas o socialistas".

La portavoz del PP vuelve a encontrarse aislada en su combate del "sí es sí": las mujeres no son "víctimas" y han de ser educadas "fuertes"

Montero metió entonces la cabeza y entró más al cuerpo a cuerpo de un debate en el que, hasta entonces, parecía haber estado más al margen. "Cayetana, ¿por qué no rectificas? Si es que es muy sencillo. Toda España piensa que te equivocaste y es un clamor popular que solo sí es sí". La portavoz del PP no se corrigió. "No todos opinamos lo mismo que usted. Tiene un pensamiento totalitario", le espetó.

Lastra, Montero y Rufián le apremiaron a que diera marcha atrás. Ella no lo hizo. "Las mujeres nacemos como individuos y tenemos que ser educadas para ser fuertes y para pensar que que no todos los hombres son agresores y violadores en potencia ni están al acecho para hacernos daño". "Mujerismo no es feminismo", respondió Lastra. La solución de Vox para la violencia machista es, dijo Espinosa de los Monteros, la cadena perpetua, para que no quepa la reincidencia. En el guion del bloque estaba otra tema como el cambio climático (con inesperado zarpazo, por cierto, de Álvarez de Toledo a los padres de Greta Thunberg). Pero no inmigración. El portavoz ultraderechista se quejó, lo coló durante su intervención: acusó a los demás partidos de no querer hablar de ello y llegó a afirmar que algunos ciudadanos están "aterrorizados" por los menores no acompañados (MENA).

El primer debate llegaba tres días antes del gran debate. Del que enfrentará a los cinco líderes. Pero este ensayo general dejó las cosas como estaban. Con un panorama negro de pactos y sin ninguno de los bloques victorioso.

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