ARRANQUE DE LA PRECAMPAÑA ELECTORAL DEL 10-N

Rivera rectifica para volver al centro y forzar que Sánchez elija: Ciudadanos o Podemos

Golpe de timón en la estrategia de Cs, que vuelve a un discurso centrista apelando a los grandes acuerdos y abriéndose al PSOE para que ni Podemos ni los nacionalistas decidan

Foto: El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, este sábado en Madrid. (EFE)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, este sábado en Madrid. (EFE)

En el partido no podían esperar este giro. No tan contundente ni tan rápido. Albert Rivera reunió este sábado, a las diez de la mañana, al núcleo duro de la ejecutiva nacional de su partido y a los principales candidatos autonómicos en el auditorio del Paseo de la Castellana donde estaba citada la militancia una hora y media después. Ciudadanos iba a celebrar el primer acto de precampaña en Madrid. En el partido habían recibido el aviso de que iba a haber un anuncio importante. Los líderes territoriales que no acudían a la cita tenían el recado de no perder detalle de la intervención que tendría lugar al mediodía.

Rivera, arropado por su secretario general, José Manuel Villegas, estuvo casi dos horas reunido con sus principales dirigentes explicando lo que saldría a decir momentos después. El partido entendía, tras semanas de análisis —especialmente durante los últimos días—que había llegado el momento de cambiar la estrategia. Ciudadanos logró el mejor resultado de su historia el pasado 28 de abril (57 escaños, solo 9 menos que el PP) después de aprobar un veto expreso a Pedro Sánchez. A pesar de que después del 28-A socialistas y naranjas sumaban mayoría absoluta, no hubo un acercamiento formal por ninguno de los dos.

En Ciudadanos siguen defendiendo que entonces “no podían blanquear a Sánchez” de la noche a la mañana tras la moción de censura y los acuerdos con las fuerzas independentistas. El partido, sin embargo, está convencido de que el marco de las generales de noviembre —en las que Cataluña jugará un papel clave en mitad de un otoño caliente y con la sentencia del procés a la vuelta de la esquina— será el de la utilidad y el de la capacidad para formar un Gobierno.

Si las anteriores estuvieron marcadas por la política de bloques, Ciudadanos descuenta que la llamada a los electores en esta ocasión debe mirar hacia lo posibilista. “No volverían a perdonarnos que no haya un Gobierno. La izquierda se demostró incapaz y nosotros nos cerramos al PSOE, como el PSOE a nosotros”, aseguran dirigentes de la cúpula. “Nos piden que haya un Gobierno y el mensaje que lanzamos es que nosotros vamos a hacer que lo haya”, zanjan.

De ahí que cuando todavía falta un mes para las elecciones, Ciudadanos ya sirva en bandeja los mimbres para un acuerdo. Aunque su prioridad continúa siendo un pacto con el PP, ofrece al PSOE un acuerdo de legislatura sobre diez pactos de Estado. “Sánchez tendrá que decidir. O sus socios de la izquierda y nacionalistas o nuestro acuerdo”, reconocen fuentes del partido. En el discurso de Rivera de este sábado no hubo un ápice de autocrítica sobre la hoja de ruta de los pasados meses y la cerrazón a propósito del veto, a pesar de la crisis interna que se desató.

En realidad, la postura actual es similar a la de los dirigentes dimitidos y los fundadores desencantados: llegar a un acuerdo con Sánchez a cambio de condiciones programáticas que eviten a toda costa que Unidas Podemos entre en un Gobierno de España o que los independentistas tengan la llave del mismo. “Nacimos para esto”, reconocía Rivera al hablar de la “política útil y noble para los ciudadanos” y de los “grandes consensos”. “Este sí es mi Ciudadanos”, reconocían algunos dirigentes situados en las dos primeras filas del acto. Lo que está por ver es si la estrategia cala en los votantes y, sobre todo, si el giro llega a tiempo.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, acompañado por los miembros de su partido. (EFE)
El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, acompañado por los miembros de su partido. (EFE)

El giro

Miembros de peso de la formación reconocen que justificar su posición era cada vez más difícil. Ciudadanos se escudó durante meses en el argumento de que Sánchez “ya había elegido a sus socios” (en referencia a Podemos y los independentistas) y se despachó con el mensaje de que “no había nada que hacer”. Movió ficha solo unos días antes de que se disolvieran las Cortes entendiendo que su electorado no le perdonaría no haber intentando desbloquear la situación. Rivera puso encima de la mesa la abstención de su grupo a cambio de tres condiciones: cambiar el Gobierno de Navarra (sin nacionalistas), planificar una aplicación del artículo 155 en Cataluña y garantizar una bajada de impuestos para los autónomos y las clases medias.

La iniciativa no llegó a buen puerto, “llega tarde y mal” reprochaban sus adversarios políticos. Las elecciones quedaron convocadas para el 10 de noviembre. Aquel movimiento (“maniobra electoralista” para PP y PSOE; “solución de Estado” para Ciudadanos) se convirtió en papel mojado en unas horas. El partido naranja quería llegar a la convocatoria electoral con la convicción de que “se habían movido”. Pero Rivera no dudó en volver a la casilla de salida, tendiéndole la mano a Pablo Casado para formar un Gobierno si los números salían tras el 10-N y reiterando que la propuesta era algo circunstancial.

Aunque la ejecutiva naranja no volvió a reeditar un veto expreso a Sánchez y Rivera dejó atrás la terminología del debate de investidura fallido (“el plan de Sánchez y su banda”), el núcleo duro del partido no tuvo reparos en insistir en que con el socialista “no había nada que hacer”, manteniéndose en el no.

Vuelta a los orígenes y sin sorpaso

Entonces, llegó el sábado por la mañana. Rivera explicó a sus principales colaboradores que la situación política permanecería, probablemente, en el bloqueo tras el 10 de noviembre. Las encuestas apuntan a ese escenario, incluso con la irrupción del partido de Íñigo Errejón. En realidad apuntan a algo más. A que una gran parte del electorado de Ciudadanos no entiende que su partido no se abriera a negociar una investidura tras el 28-A y contribuyera a ese bloqueo del que siempre se desdijo. El sondeo de IMOP Insights para El Confidencial de este domingo llega a situar al partido de Rivera quinta fuerza, incluso por detrás de Vox.

La formación naranja entiende que en estos momentos el eje izquierda-derecha ha perdido peso, y que la sociedad demanda a la clase política altura de miras y generosidad para llegar a acuerdos. Todo apunta a que los votantes de Ciudadanos demandan eso en un mayor porcentaje. De ahí que el núcleo más cercano a Rivera respaldara el último golpe de timón: llegar a la campaña electoral sin vetos y levantando el que pusieron a Sánchez el pasado mes de febrero. “Tenemos que extender esa solución ‘in extremis’ de la investidura a algo más grande e importante porque España seguirá al límite”, explicaban en privado tras concluir el acto. Los dirigentes presentes aplaudieron el movimiento sin fisuras antes de hacerlo público.

Ciudadanos, eso sí, priorizará un acuerdo con Pablo Casado si la aritmética lo permite —“si sumamos le llamaré para formar Gobierno en menos de un mes”— volvió a asegurar Rivera. Pero, si los números no dan como muchas encuestas anticipan, el partido naranja “no formará parte del bloqueo”. Es el mensaje que a partir de ahora enviarán a sus votantes. Se terminaron los vetos y las líneas rojas. Por delante, insisten fuentes del partido, solo habrá una agenda de reformas de Estado. En concreto diez pactos por la natalidad, la educación, la sanidad, contra la despoblación, de lucha contra la corrupción, un sistema fiscal con bajada de impuestos a las familias “siempre que sea posible”, pensiones públicas y garantizadas, un plan contra la precariedad en todas sus vertientes, una nueva ley electoral y un pacto por la unidad de España.

Es decir, Rivera volvía al discurso de sus orígenes fuera de lo que denominaba “trincheras ideológicas” y con la idea de “política útil para los ciudadanos por encima de ideologías”. A cambio, dio la sensación, de que abandonaba —al menos por ahora— el objetivo de sorpasar al PP y convertirse en el primer partido del centro derecha en España. En el fondo, el discurso abría la puerta al partido bisagra que durante meses intentó enterrar sin éxito, aunque muchos dirigentes y fundadores de la formación se quedaron por el camino.

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