NO HABRÁ MÁS REUNIONES HASTA LOS COMICIOS

Pablo Iglesias mira a un cogobierno y Pedro Sánchez frena sus expectativas hasta el 26-M

El líder de Unidas Podemos mantiene intacto su objetivo, mientras que el PSOE reitera su propósito de armar un Ejecutivo en solitario. Pero antes, avisa, viene la negociación de una Mesa de progreso

Foto: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, este 7 de mayo durante su reunión en la Moncloa. (Fernando Calvo | Moncloa)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, este 7 de mayo durante su reunión en la Moncloa. (Fernando Calvo | Moncloa)

El objetivo de Pablo Iglesias pasa por formar un Gobierno de coalición progresista con el PSOE y entiende que la "positiva" reunión que mantuvo este martes con Pedro Sánchez en la Moncloa es un punto de inicio de las negociaciones, que prevé largas y discretas pero que encara con optimismo y la confianza de que desembocarán en un "buen resultado". Desde el entorno del presidente en funciones, coinciden en señalar la buena sintonía entre ambos y la renovación en este encuentro de su voluntad de dar continuidad a "un proyecto progresista compartido" en línea con el inaugurado tras la moción de censura. Sin embargo, estas mismas fuentes añaden que ahora mismo y en los próximos días solamente se negociará la constitución de la Mesa del Congreso "para plasmar una mayoría de progreso que garantice la viabilidad de un proyecto legislativo progresista". Las negociaciones para la investidura e incluso para un hipotético Ejecutivo de coalición, como desean en Unidas Podemos, no se producirán hasta después de las elecciones municipales, autonómicas y europeas del próximo 26 de mayo.

La portavoz de los socialistas, Adriana Lastra, y su homóloga de Unidas Podemos, Irene Montero, ya han iniciado las conversaciones para llegar a un acuerdo de cara a la constitución del órgano rector de la Cámara Baja, que se producirá el próximo 21 de mayo, en la recta final de la campaña electoral de las municipales y autonómicas. La formación morada aspira a renovar sus dos puestos en la Mesa, aunque por aritmética solo le correspondería uno, al descender su fuerza parlamentaria de 67 a 42 escaños, por lo que tendría que llegar a un acuerdo con los socialistas para que le cediesen uno.

La filosofía de Unidas Podemos pasa por no hablar de sillones ni líneas rojas, despejando la alargada sombra de la rueda de prensa en la que Iglesias reclamó la vicepresidencia tras las elecciones de 2015 sin ni siquiera abrir negociaciones formales con Sánchez. Sin "arrogancia" pero con la mirada puesta en "abrir una nueva etapa", que pasa por gobiernos multicolor, como han repetido durante toda la campaña electoral y en lo que seguirán insistiendo hasta el 26-M, con el objetivo de trasladar a las instituciones municipales y autonómicas, en las que sumen con el PSOE, esta colaboración en ejecutivos conjuntos.

La filosofía de Podemos es no hablar de sillones ni líneas rojas, sin "arrogancia" pero para "abrir una nueva etapa", que pasa por gobiernos multicolor


Pero el PSOE no está de momento en ese capítulo. Sánchez y su equipo más cercano en la Moncloa y en Ferraz han venido reiterando que la aspiración de los socialistas es gobernar en solitario, con independientes progresistas "de prestigio". El partido defiende que ahora esa reivindicación tiene más sentido que nunca: ya lideró un Ejecutivo monocolor con 84 escaños y con un Unidas Podemos muy cerca (67), y por tanto ahora, con 123 diputados y casi duplicando en parlamentarios al segundo, estaría más justificado no compartir el Consejo de Ministros.

Gobierno a la portuguesa

Además, el presidente cuenta con al menos otros dos alicientes: un Gabinete solo socialista generaría menos reticencias en el resto de potenciales socios —la suma de PSOE y morados llega solo a 165 escaños, a 11 de la mayoría absoluta— y una cerrazón de Iglesias y un bloqueo de la investidura conducirían a unas nuevas elecciones en las que Sánchez llamaría al voto útil para favorecer la estabilidad y un Ejecutivo de mayor base parlamentaria.

El Gobierno subraya su "voluntad de cooperación y de entendimiento" con Iglesias. "Ahora hay que seguir hablando", pero antes está la Mesa, dice

A fin de cuentas, a lo que aspira el PSOE, como sintetizaba un miembro de la dirección socialista, es a un Gobierno a la portuguesa. De izquierdas y apoyado desde fuera por sus socios. Pero esa discusión llegará más tarde. La cúpula quiere centrarse en la campaña del 26-M y también en la negociación de la Mesa del Congreso, en la que persigue una mayoría progresista que impida que se repita el escenario de la última legislatura, en la que PP y Ciudadanos (controlaban cinco de los nueve puestos a reparto) obstruyeron la tramitación de iniciativas impulsadas por la izquierda. "Es el momento de dar un nuevo impulso a los ejes políticos que ambos, Sánchez e Iglesias, comparten: regeneración democrática, justicia social, limpieza. Son elementos que ya han marcado este tiempo y que protagonizarán la nueva legislatura", indicaban fuentes del Gobierno.

Pablo Iglesias mira a un cogobierno y Pedro Sánchez frena sus expectativas hasta el 26-M

Desde el Ejecutivo, de hecho, no se quiso avanzar futuros escenarios. Sí se catalogó el encuentro en la Moncloa, de dos horas y cuarto —más que la entrevista mantenida con Pablo Casado (PP), de hora y media larga, el lunes, y con Albert Rivera (Cs) en la mañana del martes, de 50 minutos—, como "muy positivo y constructivo". Sobre todo porque sirvió para "reconocer el trabajo de estos 10 meses" y subrayar los "avances conjuntos" para la "recuperación de derechos y la obtención de mayores cuotas de justicia social". Un trabajo que "sirve para reafirmar una voluntad de cooperación y de entendimiento". "Ahora hay que seguir hablando", señalaban, enfriando expectativas antes del 26-M.

De hecho, ya no habrá más reuniones de este tipo como las de estos dos últimos días antes de la sesión constitutiva de las Cortes el próximo 21 de mayo. El Ejecutivo se queda con que estas "tomas de contacto" han demostrado que el diálogo institucional, y la generación de espacios de comunicación entre las fuerzas políticas, "es posible, incluso desde el antagonismo". "Es un mensaje que la ciudadanía reclamaba y que los líderes de los cuatro partidos mayoritarios han sabido interpretar", concluyeron como resumen de esta primera ronda.

Combinaciones para la Mesa

Iglesias no quiso dar concreciones en su rueda de prensa relámpago en la Moncloa —cinco minutos en total, en los que contestó las preguntas de solo cuatro periodistas—, pero tampoco las dieron la Moncloa ni Ferraz. Respecto a la Mesa, una configuración posible, según fuentes de la cúpula, sería un reparto semejante al de la última legislatura, solo que con mayoría progresista: tres puestos para el PSOE y dos para Unidas Podemos, dos para el PP y dos para Ciudadanos. También podría darse la combinación de tres PSOE, dos Unidas Podemos, uno PNV, dos PP y uno Cs, o bien dos PSOE, dos Unidas Podemos, uno PNV, dos PP y dos Cs. Ferraz quiere conducir las conversaciones con la mayor discreción. Ni siquiera ha revelado a quién quiere como próximo presidente o presidenta del Congreso, aunque en las quinielas socialistas circula la hipótesis de Carmen Calvo, pero Sánchez sigue confiando en ella como su vicepresidenta del Gobierno. En el Senado, hay menos problema, ya que ahí el PSOE cuenta con mayoría absoluta y la más señalada para ocupar el cargo es la exministra Cristina Narbona, presidenta del partido.

De no consumarse los objetivos de Iglesias, todos los escenarios están abiertos, desde la amenaza de un bloqueo hasta la apertura de un proceso interno

El futuro político de Pablo Iglesias se fía a conseguir entrar en un Gobierno de coalición, y aunque se limitaría a tener un peso proporcional a los escaños de Unidas Podemos, que son un tercio de los obtenidos por el PSOE, se defiende que sería crucial para llevar a cabo un programa de transformación y garantizar la implantación de una agenda social favorable a las mayorías sociales. De no consumarse este objetivo, todos los escenarios están abiertos, desde la amenaza de un bloqueo de la investidura que deje la pelota en el tejado de otras formaciones, principalmente Ciudadanos, hasta la apertura de un proceso interno en la formación de renovación del liderazgo.

Si desde Unidas Podemos se muestran satisfechos con los resultados debido a las bajas expectativas proporcionadas por los sondeos electorales —anticipaban una debacle mayor de la formación, que finalmente perdió cerca de un millón y medio de votos—, vinculan esta satisfacción a que han obtenido una representación suficiente para pactar una alianza de gobierno. De no llevarse a cabo, la valoración sería diferente. Los líderes territoriales, a excepción de la dirección andaluza en la que está al frente Teresa Rodríguez, respaldaron la fórmula de cogobierno defendida por Iglesias durante la reunión de este lunes del consejo ciudadano estatal, máximo órgano de decisión del partido.

Con todo, desde la escisión liderada por Íñigo Errejón y las réplicas del terremoto con dimisiones como las del secretario general en Madrid, Ramón Espinar, una decena de barones del partido mantiene viva la denominada 'Declaración de Toledo' con vistas a un Vistalegre III, que podría anticiparse si Podemos no se convierte en fuerza de gobierno y se queda en la oposición como cuarta fuerza parlamentaria. Otras voces de peso dentro de la organización que ya reclamaban una refundación hasta que se precipitó el adelanto electoral en febrero también se mantienen expectantes. El también dimitido Ramón Espinar, que sigue militando en el partido, anticipaba esta misma semana que "hay que cuidar Podemos para disputar en mayo unas elecciones en que nos jugamos el Estado del bienestar. Después, con calma y compañerismo, habrá que evaluar el tránsito de disputar la victoria electoral a solo poder decidir si apoyar la investidura de Sánchez".

Pablo Iglesias mira a un cogobierno y Pedro Sánchez frena sus expectativas hasta el 26-M

Falta de química con Rivera y ninguna opción de entendimiento

Pedro Sánchez recibió a las cinco de la tarde de este martes a Pablo Iglesias, y con él departió durante dos horas y cuarto. Pero antes, por la mañana, había despachado con Albert Rivera. Por un tiempo de apenas 50 minutos. Las fotos de la mañana y de la tarde eran radicalmente distintas. La cordialidad y la sintonía presidieron la entrevista de los líderes de PSOE y Unidas Podemos, mientras que los gestos duros y la distancia estuvieron presentes en la cita con el jefe de Cs.

Es evidente que no hay química ninguna entre Sánchez y Rivera. Pero no solo hubo gestos. Las declaraciones del presidente de la formación naranja dejaban poco lugar al entendimiento futuro. Subrayó que liderará una "oposición firme, pero constructiva", encaminada a "controlar y vigilar" al Ejecutivo de Sánchez, para que no haya "desmanes", ni se "pisotee la Constitución" ni haya más "cesiones" al soberanismo. 

Rivera quiso escenificar más distanciamiento para erigirse como líder de la oposición, trofeo que disputa con Pablo Casado. El líder del PP le había invitado a facilitar la investidura del socialista con su abstención. El jefe de Cs confirmó que votará en contra de Sánchez y no consiente que los conservadores le digan lo que tiene que hacer. "Bastante tiene el señor Casado con lo que tiene como para meterle el dedo en el ojo", aseguró con cierta condescendencia. 

Casado había acudido a la Moncloa en son de paz y rebajando mucho su tono utilizado durante la campaña, acorde con su brusco viaje al centro al que se siente obligado tras la debacle del 28-A y con la vista puesta en el 26-M. Rivera mantiene su estilo de las últimas semanas. Y ya adelantó que ofreció sus diputados y senadores para apoyar la aplicación inmediata del artículo 155 de la Constitución, votos que son irrelevantes porque el PSOE cuenta con mayoría absoluta en el Senado, la Cámara que tiene que acordar su puesta en marcha. Sánchez ofreció a los líderes de PP y Cs un canal de comunicación "permanente" sobre Cataluña. 

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