Quejas por las purgas del secretario general

Los barones del PP señalan a García Egea como cambio urgente después del 26-M

Los dirigentes autonómicos del PP coinciden en señalar al secretario por su estilo de 'ordeno y mando', sobre todo a la hora de imponer o purgar candidaturas en provincias

Foto: El secretario general del PP. (EFE)
El secretario general del PP. (EFE)

Los dirigentes autonómicos del PP no solo se han puesto de acuerdo para exigir una vuelta al centrismo en el mensaje de Pablo Casado, también coinciden en señalar al responsable de organización, Teodoro García Egea, como ingrediente del fracaso electoral del 28-A por su estilo de "ordeno y mando", sobre todo a la hora de imponer candidaturas.

Alberto Núñez Feijóo abrió la veda en privado. Después, y encabezados por José Antonio Monago, con Juan Manuel Moreno, Fernando López Miras y Mercedes Fernández como portavoces más activos, los barones del partido se quejan de los ajustes de cuentas en muchas provincias fruto de la pelea por la sucesión de Mariano Rajoy, de los "puenteos" de García a las direcciones regionales para despachar directamente con las provinciales y hasta de la falta de respaldo a determinados fichajes de última hora en algunas circunscripciones. Apoyan a Casado, pero consideran fundamental que cambie de equipo aunque sea sobre marcha, en cuanto pasen las elecciones, para relanzar su presidencia.

El secretario general concita las críticas de buena parte de los presidentes regionales por el habitual pulso entre el aparato nacional del partido y los de ámbito autonómico, pero en su caso el choque se ha generalizado, se registra en un muy corto periodo de tiempo (los 9 meses que lleva en el cargo) y se desarrolla frente a dirigentes elegidos por las bases directamente. No hay precedentes, ni María Dolores de Cospedal en sus 10 años en el cargo llegó a tener el grado de contestación interno periférico que recoge ya García Egea, según reconocen los veteranos de la sede de Génova.

Después de las cribas para nombrar a los cabezas de cartel para las autonómicas, llegaron las de las listas al Congreso y el Senado, y todas fueron ejecutadas por García Egea, aunque en los casos de las crisis abiertas en Asturias y Cantabria (episodio de la espantada de Ruth Beitia) el enviado de la dirección nacional fue el vicesecretario de organización, Javier Maroto.

Casi todos los presidentes regionales dieron quejas en privado sobre García Egea a Casado en su momento; y ahora, después del fiasco electoral, no se privan de hacerlo en las reuniones del partido y se apuntan a una campaña para que la organización interna rectifique casi todos sus comportamientos en cuanto pasen los comicios municipales. Dado que nadie cuestiona de momento al presidente del PP, la salida de García Egea de su equipo sería la mejor muestra de propósito de enmienda, según apuntan en fuentes de los pocos marianistas que quedan, antiguos cospedalistas y sorayistas.

El secretario general del PP, Teodoro García Egea. (EFE)
El secretario general del PP, Teodoro García Egea. (EFE)

En la reunión del comité ejecutivo celebrada a puerta cerrada el pasado martes hubo un coro de intervenciones de dirigentes regionales para decir lo mismo: que había que recuperar ya la imagen centrada, que apoyaban a Casado, que lo urgente era ponerse a trabajar para salvar el 26-M y dejar la petición de responsabilidades para después de las elecciones. Solo Mercedes Fernández apuntó ya al vicesecretario de organización, Javier Maroto, como inductor de la bronca interna y posterior desastre electoral en Asturias.

En el almuerzo de Casado con los presidentes autonómicos que siguió a continuación hubo más críticas y más detalle sobre la situación del partido y el desastre en los comicios. Según fuentes del PP, salieron a relucir las protestas por el fondo y las formas en la renovación (o purga según los perjudicados) aplicada para hacer las listas. Se quejaban de la imposición de fichajes para suplir a veteranos con raíces "y tirón" entre las bases, de que Génova impusiera candidatos en provincias sin consultar a las direcciones regionales y del desprecio general por el acuerdo a la hora de confeccionar candidaturas.

Se quejaban de la imposición de fichajes para suplir a veteranos con raíces "y tirón" entre las bases

De nuevo volvieron a hablar casi todos los invitados y en términos parecidos, pero fueron el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, y el presidente del PP en Extremadura, José Antonio Monago, los que abrieron las críticas sobre la organización y la campaña también se destacó otro jefe de ejecutivo regional, el murciano Fernando López Miras.

En los sectores más críticos con la actual dirección insisten en que, al margen de la campaña que ha hecho Casado, la imposición de determinados cabezas de lista en algunas provincias en detrimento de los candidatos con más apoyo local restó al final en el número de diputados. Ponen como ejemplo que figuras de peso del partido hayan obtenido al frente de la lista del Senado casi un tercio más de votos que la del Congreso.

Esa fue una tónica general en casi toda España, que en Génova atribuyen a votantes que quisieron compensar su 'trasvase' en la urna a Vox o a Ciudadanos en el Congreso con una cruz en el primero de la lista del PP al Senado. Pero la diferencia es extrema en casos como el del alcalde de Guadalajara, Antonio Román, que obtuvo un 27,2% de los votos de su circunscripción en los comicios a la Cámara Alta frente al 20% logrado por la lista cerrada a la Cámara Baja. En Huesca la diferencia fue aún mayor. El candidato impuesto desde Génova, Mario Garcés, solo obtuvo el 20% para llegar a diputado, mientras que la dirigente con raíces, la exalcaldesa de la capital y diputada en las últimas legislaturas Ana Alós llegó al 28,7% en la lista al Senado.

El nombre de Teodoro García Egea aparece en los relatos sobre todas las peleas de las candidaturas, también de las europeas por Carlos Iturgaiz, con acotaciones sobre las maneras que se gastaba en el anuncio de bajas y despidos en nombre de la renovación. En ese terreno el número dos de Casado está en las tradiciones de los tiempos del "general secretario" Francisco Álvarez-Cascos, con la diferencia de que su autoridad era incontestable y los resultados electorales en aquella etapa no dejaron de ir siempre a mejor.

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