El PRC LOGRA UN ESCAÑO

El partido de Revilla llega al Congreso prometiendo "lo mejor para Cantabria"

El partido del televisivo Miguel Ángel Revilla ha logrado enviar a Madrid a su exconsejero de Obras Públicas, quien tendrá que empezar a tomar decisiones. Como, por ejemplo, los pactos

Foto: El candidato del PRC José María Mazón (i) se abraza al secretario general del Partido Regionalista de Cantabria (PRC), Miguel Ángel Revilla. (EFE)
El candidato del PRC José María Mazón (i) se abraza al secretario general del Partido Regionalista de Cantabria (PRC), Miguel Ángel Revilla. (EFE)

Entre la victoria del PSOE y la debacle del PP, entre las resistencias de Unidas Podemos y Ciudadanos, y entre el frenazo de Vox, es decir, casi a contratiempo de todas las tendencias, se ha colado en un escaño el PRC, el Partido Regionalista de Cantabria.

[Elecciones generales 2019, en directo]

Es el partido del presidente televisivo Miguel Ángel Revilla, que ha logrado enviar a Madrid a su exconsejero de Obras Públicas José María Mazón, quien tendrá que empezar a tomar decisiones. Como, por ejemplo, los pactos. Es un mundo en el que los regionalistas cántabros se desenvuelven bien.

El PRC se ha hecho grande a través de su política de pactos. Con el PP, allá por 1995, logró negociar la vicepresidencia del Gobierno, la presidencia del Parlamento y las nada despreciables consejerías de Obras Públicas, Ganadería y Cultura. Con el PSOE ya logró, directamente, la presidencia de Cantabria (siendo el tercer partido en aquellas elecciones, hablamos de 2003), se añadió las competencias en Turismo y últimamente llegó a sumar la Consejería de Industria.

Es decir, en su balance, a día de hoy, pesan más los pactos con el PSOE que con el PP: 12 años con los socialistas por ocho con los populares. No gusta Revilla en el PP cántabro, pero tampoco están muy cómodos unos socios, los socialistas, a los que siempre que ha podido, les ha restado. Pero el PRC siempre ha intentado obviar el debate ideológico centrando su discurso en un recurrente “lo mejor para Cantabria”. En tiempos de polarización extrema, ha conseguido bascular de una forma que no es para nada nueva en un partido que lleva décadas buscando la hegemonía en su tierra.

El camaleón Revilla

El Arzalluz del PRC es Miguel Ángel Revilla, el político más longevo del panorama político cántabro.

Un antiguo empleado de banca y profesor universitario, dirigente del Sindicato Vertical que se embarcó en la reivindicación de la autonomía para Cantabria para luego identificar su lucha, y su partido, con el combate a la corrupción del histriónico expresidente Juan Hormaechea o siendo el adalid de la denuncia del aislamiento de Cantabria, simbolizado en esta comunidad en la Autovía de la Meseta y, ahora, en la alta velocidad. No es, por tanto, el líder del nuevo partido en el Congreso un recién llegado a las cosas del poder, y por eso más sabe Revilla por viejo que por Revilla.

El candidato del PRC al Congreso, José María Mazón (i), acompañado por Miguel Ángel Revilla. (EFE)
El candidato del PRC al Congreso, José María Mazón (i), acompañado por Miguel Ángel Revilla. (EFE)

Como los tratantes de ganado, ha sabido ver lo que había en cada momento en la feria, o como los hombres de campo, que saben el tiempo que va a hacer con solo mirar al cielo: consiguió ver la importancia de las televisiones locales cuando estaban en su apogeo.

Y podemos decir que fue populista antes del populismo: los que llevamos unos años trabajando, le hemos visto salir a hombros de una plaza de toros, con maillot ciclista, en canoa, convirtiendo un oso reproductor en una forma de hacer patria o apesadumbrado ante la escena de un atentado sin víctimas.

Después llegó el apogeo televisivo, ya nacional, y su faceta como escritor, e incluso tuitero.

Su olfato político le hizo tomarse un café y un sobao con Pablo Iglesias cuando Pablo Iglesias era Pablo Iglesias. Y tener una pica puesta en el Ciudadanos inicial. De uno cogió el discurso de la indignación, de la lucha contra las élites; del otro, el discurso de la regeneración. Con ambos pactó presupuestos en Cantabria.

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¿El antisistema sistema?

Y eso a pesar de que el discurso antiélites casa mal con un partido que, a lo tonto, lleva más de dos décadas en las instituciones y que, por tanto, ha tenido consejeros en las cajas de las preferentes, ha impulsado infraestructuras megalómanas como el puerto de Laredo y ha ratificado licencias de obras en la costa anuladas por el Tribunal Supremo.

Y hasta ha coqueteado con el mundo de los palcos de fútbol: el PRC, que ha sido un partido muy rescatador, llegó a ser propietario del Racing de Santander, librando así de problemas a sus anteriores dueños, el grupo constructor Sadisa, entregándolo, eso sí, a un oscuro nuevo propietario, un prófugo internacional al que de primeras calificó como “rico y sabio”, que llevó al club verdiblanco a sus años más oscuros, con sentencias contra su presidente de entonces y un exconsejero de su Gobierno y alto cargo en el partido todavía imputado.

El Revilla del encendido discurso progresista ha retomado la Feria de la Caza y ha ido a las manifestaciones del 25 de noviembre, cuando ha necesitado 12 años para nombrar a la primera mujer en sus áreas Gobierno.

En su debe parlamentario de la legislatura, quedan leyes que no se pudieron aprobar y que bien hubieran respondido a un Gobierno progresista: la de memoria histórica, una ley LGTBI que fue víctima de los retrasos porque a última hora su partido solicitó más de una decena de comparecencias de expertos que en la práctica hicieron imposible su aprobación, o una Ley de Vivienda que le reclamaba la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

En vivienda, esta legislatura recalculó —levemente— el discurso del PRC basado en la obra pública para añadir un giro social a las políticas de vivienda: creó una Oficina de Emergencia Habitacional para atender casos de desahucios. Inicialmente bien recibida por los colectivos antidesahucios de Cantabria, la luna de miel se rompió por la insuficiencia del parque público de emergencias o por la falta de medidas ante la oleada de desahucios que se avecina a cargo de una empresa inmobiliaria de Liberbank, el banco en el que se integra la antigua caja cántabra.

Yendo más al detalle, su política de vivienda incluyó una línea de ayudas que se distanció de lo que vienen reclamando o ejerciendo los partidos más a la izquierda: en lugar de apostar por el control de precios en los alquileres o por penalizar la vivienda vacía, tiró de facilitar un seguro para que los propietarios de pisos que se animaran a ponerlos en alquiler tuvieran quien les respaldara en caso de impagos o daños.

Esa área, la de la Vivienda, es de donde procede quien será el diputado por Cantabria, el exconsejero José María Mazón, a quien se le recuerdan, digamos, torpezas retóricas, como las alusiones a “viviendas con bicho” (así es como se refieren en el mundo de la banca a los activos tóxicos con inquilino dentro), o que en pleno 2011 de la indignación y la crisis llegó a sugerir recortes en áreas sociales para no tener que reducir la obra pública.

Es también el consejero del puerto de Laredo, que es el aeropuerto de Castellón de Cantabria, un empeño de obra pública que tras su inauguración quedó tocado, vacío y con un rescate a las constructoras que lo levantaron (FCC y el Grupo Sadisa, aunque menos de lo que ellas demandaban). La obra y el rescate se hicieron durante su mandato, en el que el puerto acabó siendo de gestión pública y que se ha cerrado con otro proyecto de puerto deportivo.

Paradoja sobre paradoja, el PRC reclama un tren de alta velocidad a Bilbao que en su día no consideró prioritario porque prefería el de Madrid, mientras esgrimía agravios para Cantabria por culpa del País Vasco (el túnel de La Engaña, parte del tren Santander-Mediterráneo, frustrado, según cuenta Revilla, por las presiones de la oligarquía vasca, y del que quedó como símbolo del abandono un túnel en desuso por el que nunca circularon nada más que metáforas).

Lo de las infraestructuras le ha venido saliendo bien a Revilla: su constante reiteración de que Cantabria había sido la última comunidad en conectarse con Madrid por autovía (la de la Meseta) le identificó con el problema y, por tanto, con la solución, en una estrategia que ha calcado ahora con la reivindicación del tren de alta velocidad.

El partido que se sabe la lista de ministros de Fomento como si fueran los reyes godos ha odiado, casi tanto como ha amado, a Cascos y a Pepiño, y se ha pasado la campaña desempolvando agravios del Estado a la comunidad autónoma, del “tren, tren, tren” a Valdecilla, el hospital emblema de los cántabros.

De la anticorrupción al apoyo de tránsfugas

En el plano regeneracionista, el mismo Revilla que anunció como gran promesa de su anterior campaña una Oficina Anticorrupción luego pospuso su creación porque no le pareció un problema generalizado en la comunidad autónoma (pese a que las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial la sitúan en un quinto puesto, a nada de distancia de Madrid o Andalucía, o a que en su propio partido sigue teniendo como dirigente de alto nivel a un exconsejero cuya imputación judicial se mantiene activa).

Y tuvo tiempo durante esta legislatura para pactar sus presupuestos con un tránsfuga de Ciudadanos, figura que teóricamente odiaba porque en su día sufrió el transfuguismo en sus filas.

Ese transfuguismo lo propició quien en tiempos fue su némesis, el expresidente Juan Hormaechea, quien tras su paso por el PP fundó su propio partido, que, junto a modelos como el de Coalición Canaria o el PNV, es uno de los inspiradores de lo que quiere ser el revillismo en su deseo de la hegemonía total en Cantabria.

A Revilla le hemos visto quejarse amargamente de que Botín dejó de cogerle el teléfono en cuanto perdió la presidencia de la comunidad —ahora se queja de que quien no le llama es Pedro Sánchez—, venderse como víctima de un piquete sindical en una huelga general y anunciar, porque “a españoles no les gana nadie” —dicho en esta campaña, en la que no ha escatimado críticas al independentismo—, que cerraría listas en Llodio, el pueblo natal del exlendakari Juan José Ibarretxe cuando este tenía un plan.

Su siguiente reto: ser el primero en Cantabria

La apuesta del PRC era de alto riesgo, porque un mal resultado podía afectar al 26-M. Era la tercera vez que los regionalistas se presentaban a las generales y nunca antes habían logrado escaño. La última, en 2011, con Revilla de cabeza de cartel y después de haber sacado meses antes un 30% de los votos en elecciones autonómicas. Con más competencia que nunca (Vox ha logrado más votos en Cantabria que a nivel nacional pero se ha quedado fuera del reparto) y con unas elecciones tan polarizadas, ninguna encuesta, salvo la de Revilla, les daba un diputado.

Era la tercera vez que se presentaban a las generales y nunca antes habían logrado escaño

Pero los regionalistas lo han dado todo en esta campaña. Han transmitido a sus cuadros en los municipios que esta era la campaña decisiva. Han puesto más publicidad que nunca en los medios de comunicación autonómicos. Se han volcado con actos (de partido e institucionales, llegando a tener reproches de la Junta Electoral) y han sabido rentabilizar el victimismo histórico por el aislamiento en materia de infraestructuras. Y la guinda, la clave para lograrlo, han sido dos hundimientos: el del PP (la suma de derechas se ha dejado 17.000 votos en Cantabria con respecto a 2016) y el de Unidas Podemos, que pierde casi 23.300 votos.

Revilla dijo en la noche electoral que su diputado es “galáctico”, pero es él el que juega en la Champions. En una de las pocas comunidades sin televisión autonómica, son frecuentes, semanales cuando no diarias, sus apariciones en la televisión nacional. Salvo en Twitter, tiene más seguidores en redes sociales como Facebook e Instagram que Pablo Iglesias, Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Casado. No pasa una semana sin que suba a Instagram una foto con un animal, cuando los expertos en comunicación política resaltan que hay más mascotas que niños en las ciudades.

Llegar al Congreso era su “sueño”, pero solo la primera parte del sueño. La otra, en unas elecciones tan seguidas, es, como avanzaba su portavoz, Pedro Hernando, este lunes de resaca en una entrevista en 'El faradio de la mañana' de Arco FM, convertir su partido en primera fuerza electoral en Cantabria. Veremos si tiene el viento (del norte) a favor.

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