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Vivas a Iglesias y aplausos a Sánchez: así se vivió el debate en la sede social de Podemos
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PRIMER DEBATE ELECTORAL

Vivas a Iglesias y aplausos a Sánchez: así se vivió el debate en la sede social de Podemos

Con todas las esperanzas depositadas en los debates y rendidos al desempeño televisivo de Iglesias para coger aire en la recta final de la campaña, la hinchada morada pronto se vino arriba

Foto: l líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, antes del comienzo del primer debate a cuatro entre los principales líderes políticos. (EFE)
l líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, antes del comienzo del primer debate a cuatro entre los principales líderes políticos. (EFE)

La tradicional rivalidad con el PSOE vivió una pequeña tregua anoche en la sede sociocultural de Podemos en Madrid, La Morada, donde simpatizantes, voluntarios de campaña y varios cargos del partido siguieron el debate electoral sin poder resistirse a dedicar algún que otro aplauso a Pedro Sánchez cuando confrontaba airoso con Pablo Casado o Albert Rivera. La antipatía hacia la derecha relajó por momentos la animadversión que desde antaño se mostraba hacia los socialistas, ahora convertidos en hipotéticos socios de Gobierno.

El mismo Pedro Sánchez al que se le agredecieron sus posiciones feministas o contra los vientres de alquiler, y sus mensajes mirando a la izquierda, se llevó también algún sonado abucheo cuando Pablo Iglesias, insistente, trató sin fortuna que le respondiese a la pregunta de si iba o no a pactar con Ciudadanos. También cuando "le temblaron las piernas" después de que el líder de Podemos lo intentase poner contra las cuerdas, frunciendo el ceño, reprochándole no haber limpiado las cloacas del Estado. "¿Por qué imputan a Pozas, Pedro?". Una cuestión, la del espionaje a Podemos con fines políticos, de extrema sensibilidad para los presentes.

Una hora antes de que diese inicio el primero de los dos debates a cuatro que se celebrarán en esta campaña electoral, las sillas del cuartel general de Podemos distribuidas en sus dos plantas, con sendas pantallas para seguir el debate en directo, se quedaban cortas para el número de seguidores que acudió La Morada. Jóvenes arriba, con la barra más a mano, mayores abajo, en un ambiente más relajado y con mesas para hacer el ambiente más hogareño. Cervezas y pinchos amenizaban la espera aumentando el optimismo contenido entre los presentes, tanto por necesidad como por convicción.

"Los debates se le dan muy bien a Pablo, no va a tener ningún problema y va a poder decir verdades y contar nuestras propuestas", aseguraba una dirigente municipal minutos antes del inicio. Otros contenían la respiración pero deslizando igualmente la convicción de que con Pablo Iglesias, un animal mediático forjado en las tertulias televisivas, estaban en buenas manos.

Como si de un partido de fútbol se tratase, el ánimo de los presentes fue 'in crescendo', aplaudiendo los goles propios y abucheando las jugadas de los rivales. Los improvisados regidores de turno tuvieron que dejarse la gargante solicitando silencio a los presentes para no perder el hilo de lo que estaba acontenciendo en las pantallas.

El público estaba ávido de celebración y buenas sensaciones para alimentar un clima de remontada ante un contexto de recesión demoscópica y heridas internas, con epicentro en Madrid, todavía sin supurar, por lo que acató receptivo todas las intervenciones de Iglesias y se vino arriba con su minuto final. Buena parte de las esperanzas del partido para recuperar terreno se centran en los debates electorales y se acabó cantando victoria en este primer asalto. Prueba de ello fue la valoración tras el debate que realizó el diputado Rafa Mayoral, empatizando con esa sensación de victoria de los simpatizantes que acudieron a seguir el debate y recibiendo vítores tras sus palabras como si se tratase del propio Iglesias. "¡Muy bien presidente!".

Con todas las esperanzas depositadas en los debates y rendidos al desempeño televisivo de Iglesias para coger aire en la recta final de la campaña, la hinchada morada pronto se vino arriba. Desde el icónico estudio 1 de Prado del Rey de TVE llegaban solo ciertos retazos de las interevenciones de los candidatos al no poder competir con los decibelios provocados por los aplausos para unos o los abucheos para otros. Lo que se entendía como un error ajeno incluso generaba más algarabia que los 'zascas' propios. El aplauso mudo símbolo de las asambleas quincemayistas para evitar las interrupciones es ya un vestigio del pasado, como el propio movimiento.

Si el ambiente de La Morada durante el primer debate electoral fuese un termómetro fidedigno del clima que se vive en las filas de Podemos, la remontada con la que sueña el equipo de campaña comenzaría a visualizarse. El estado de ánimo, sin embargo, dista mucho del que se dejaba sentir en la campaña electoral del 'sorpasso'. El conformismo se ha instalado en estos comicios y no en vano Sánchez también tuvo su momento de gloria en el cuartel general de Podemos. Un presagio, quizás, de lo que está por venir o, al menos, del deseo oculto de un mal menor. Y es que la paradoja de que Podemos logre entrar en el Consejo de Ministros aun obteniendo la mitad de escaños que en 2016 no deja de tener un sabor agridulce.

Como Iglesias, tampoco acaban de fiarse del inquilino de Moncloa. "Seguimos sin encontrar respuesta a la gran pregunta del debate: si habrá un nuevo pacto entre Rivera y Sánchez o si va a haber un cambio político real en este país donde se garanticen los intereses de la mayoría social. Y eso solamente será posible si está Unidas Podemos en el Gobierno", completaba Mayoral. Esta noche, Iglesias volverá a insistir a Sánchez sobre si su prefererencia tras el 28-A pasa por la izquierda o, por el contrario, intenta reeditar el fallido pacto del abrazo con Albert Rivera.

La tradicional rivalidad con el PSOE vivió una pequeña tregua anoche en la sede sociocultural de Podemos en Madrid, La Morada, donde simpatizantes, voluntarios de campaña y varios cargos del partido siguieron el debate electoral sin poder resistirse a dedicar algún que otro aplauso a Pedro Sánchez cuando confrontaba airoso con Pablo Casado o Albert Rivera. La antipatía hacia la derecha relajó por momentos la animadversión que desde antaño se mostraba hacia los socialistas, ahora convertidos en hipotéticos socios de Gobierno.

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