elecciones generales del 28-a

Iglesias regresa tras 90 días de escisiones y caída demoscópica buscando 'la remontada'

Escisiones, ruptura de las confluencias territoriales o caída sostenida en las encuestas son el panorama que se verá obligado a remontar Pablo Iglesias en 35 días de campaña electoral

Foto: Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, saluda durante un mitin de Unidos Podemos en la anterior campaña electoral. (EFE)
Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, saluda durante un mitin de Unidos Podemos en la anterior campaña electoral. (EFE)

Pablo Iglesias regresará este sábado a la primera línea política para arrancar un maratón de 35 días de campaña electoral, ininterrumpida en busca de "la remontada". Lo hace tras 90 días de ausencia para cumplir íntegro su permiso de paternidad. Tres meses en los que Podemos ha vivido toda suerte de adversidades que han situado a la organización al borde la implosión. Las urnas medirán el alcance del terremoto, que aunque vino precedido de otros temblores previos, oficialmente se registró el 17 de enero a las 10:03 horas. La hora en la que se subió a la página web de Más Madrid la carta firmada conjuntamente entre Manuela Carmena e Íñigo Errejón anunciando su intención de ser los candidatos por estas siglas al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, respectivamente. Con el 'pacto de las empanadillas' empezó todo.

El adelanto de las elecciones generales ha frenado la extensión territorial de la escisión errejonista, pero nada está escrito después de que esta misma semana se produjese la última réplica del terremoto: el abandono del cabeza de lista de Podemos para las elecciones europeas, Pablo Bustinduy. El que fue uno de las manos derechas de Errejón y número tres en su lista para Vistalegre II, había evitado apoyar en público el lanzamiento de Más Madrid e incluso se especuló con las presiones que habría recibido del que era su grupo de afinidad en Podemos para que diese un paso a un lado.

Este jueves lo que sí hacía pública era su renuncia a seguir en la primera línea del partido, renunciando a liderar la lista electoral al Parlamento Europeo con "la entereza y las fuerzas necesarias para asumir una responsabilidad pública tan importante con el rigor, la dedicación y el compromiso absoluto a largo plazo que requiere en este tiempo político nuevo". El de Bustinduy ha sido el último capítulo de lo que no pocos analistas, propios y extraños, consideran una muerte anunciada. Un golpe que quizá es más duro que el de otras renuncias, como la de Ramón Espinar. El líder del partido en Madrid reprochó que "en la situación actual no se dan las condiciones para llevar el proyecto de Podemos en Madrid hacia donde creo que debe dirigirse".

A pesar de que la marcha de este último removió los cimientos de la organización y obligó a crear una gestora en Madrid, pues ostentaba el cargo de secretario general autonómico, la renuncia de Bustinduy hace más daño en lo cualitativo, pues generaba fuertes adhesiones en todos los sectores, su demostrada valía política se le reconocía tanto en Podemos como en las formaciones rivales y el propio Iglesias lo consideraba "uno de los imprescindibles": lo mantuvo en la ejecutiva tras Vistalegre II, al igual que al frente de la secretaría Internacional y lo apoyó en las primarias para las europeas como cabeza de lista.

Otra de las consecuencias de la escisión errejonista es que Podemos ha perdido su principal referente institucional, el Gobierno de la capital, que siempre le sirvió de espejo y escaparate para demostrar la capacidad de gestión del partido en campaña electoral. El movimiento de Errejón no solo precipitó descomposición de la organización en Madrid —donde competirán Podemos y Más Madrid, además de la escisión del sector Anticapitalista, que podría concurrir en una tercera candidatura con Izquierda Unida (Madrid En Pie) si así lo ratifican las bases en referéndum—, sino que también fue precedida de un efecto dominó que llegó hasta la dirección estatal.

Primero fueron los líderes territoriales, que con un Iglesias y una organización partida en dos, crearon una suerte de dirección colegiada y paralela

Primero fueron voces como las de los líderes territoriales, que con un Iglesias y una organización partida en dos, crearon una suerte de dirección colegiada y paralela. Una decena de secretarios generales autonómicos trataron de reconstruir puentes para contener la hemorragia e impulsaron la denominada 'Declaración de Toledo' en un intento de coger el timón de forma coordinada y erigiendo una estructura paralela para diseñar una estrategia hasta las siguientes elecciones. La convocatoria de un consejo ciudadano de urgencia, con la intervención de Iglesias, frenó esta hoja de ruta. Finalmente fueron voces autorizadas, como la de Manolo Monereo, considerado como el padre político del secretario general, quienes llamaron la atención sobre la necesidad de emprender una refundación y mostraron su abierto rechazo a la actual dirección.

"Se acabó Podemos tal y como lo conocemos", resumía entonces un miembro de la dirección madrileña muy cercano a Iglesias. Hay que evolucionar hacia otra cosa, añadían otras voces mimetizándose con el marco instalado desde el errejonismo, aunque sin compartir ni sus formas ni su ideología líquida. A la escisión dentro de la organización le siguió la ruptura de las confluencias territoriales en Galicia y Valencia, donde el denominado espacio del cambio se dividirá en dos candidaturas que competirán entre sí. Unidas Podemos, por un lado, y Compromís y En Marea, en Valencia y Galicia, respectivamente, por otro lado. Un divorcio electoral en dos comunidades donde Podemos logró situarse como segunda fuerza en las pasadas elecciones.

A las escisiones, ruptura de las confluencias y alejamiento del proyecto de algunas de las voces más autorizadas se suma también la creciente contestación a la reedición de los acuerdos electorales entre las bases de Izquierda Unida y Equo, formaciones socias a nivel estatal. En el caso de IU, el referéndum para ratificar el acuerdo electoral se saldó con un apoyo del 61,5%, frente al 84,3% que cosechó en 2016. En Madrid, donde la organización que lidera Alberto Garzón cuenta con más masa de afiliados y donde la confluencia para las autonómicas sigue sin cerrarse, el apoyo es menor a la media, situándose en el 56,6%, pero Asturias fue el único territorio en el que se rechazó, con el 55,7% de votos en contra. En el caso de la formación ecosocialista Equo, el pacto preelectoral con Podemos solo ha sido ratificado por el 51,7% de los 1.126 afiliados y simpatizantes que participaron en la votación.

El coordinador federal de IU, Alberto Garzón, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el Congreso. (EFE)
El coordinador federal de IU, Alberto Garzón, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en el Congreso. (EFE)

Los sondeos electorales tampoco invitan al optimismo. Todos coinciden en señalar una caída demoscópica constante y otros apuntan a un derrumbe. La media sitúa a la formación por debajo del 14%, frente al 21,1% de las elecciones generales de 2016. El último barómetro del CIS, le otorga a Unidos Podemos un 14,5%, incluyendo a las confluencias territoriales en Valencia y Galicia, con 1,6% y 0,6%, respectivamente, aunque en los próximos comicios se dividirán en dos candidaturas.

Iglesias retoma la actividad pública a tan solo cinco semanas de las elecciones generales y con el difícil reto de jugárselo a todo o nada, en una campaña que consideran un punto de inflexión para la gobernabilidad del país. No solo porque los ejecutivos monocolor forman ya parte del pasado y sería inédito un gobierno de coalición progresista en la democracia española y transcendental en el actual contexto europeo, sino porque entienden que todo está por decidir en las próximas cinco semanas.

La campaña está diseñada para ir de menos a más y arranca con todo en contra, aunque precisamente por las bajas expectativas y la generalización de un desánimo que ha hecho saltar las alarmas en la sala de máquinas del partido, se ve también como una oportunidad para desplegar el mantra discursivo de la "remontada". "Ahora ya conocemos nuestro suelo", explican uno de los principales responsables del diseño de la campaña, añadiendo que lo que falta por conocer es su techo electoral. Su principal objetivo pasa por "reconectar" con su electorado y movilizar a unas bases que en las últimas citas con las urnas ha dado síntomas de agotamiento. Una tarea para la que cuenta con poco tiempo y que iniciará este sábado en su plaza del Reina Sofía, espacio fetiche para la formación.

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