Heridos, coacciones y detenidos marcan la jornada

La actitud de los CDR en el paro de país daña el discurso de los presos ante el Supremo

Hubo 28 heridos, entre ellos siete agentes de los Mossos, y tres detenidos. En Gurb, un cámara de TV3 recibió una pedrada en la cara. Nada que ver con el pacifismo de Sànchez

Foto: Un centenar de personas se concentra ante la Fiscalía General de Catalunya, respondiendo a una llamada de los CDR. (EFE)
Un centenar de personas se concentra ante la Fiscalía General de Catalunya, respondiendo a una llamada de los CDR. (EFE)

Vía 2 de Cercanías en la estación de plaza Catalunya. Una cincuentena de jóvenes sentados en las vías interrumpen durante media hora el paso de los trenes. Ya ha quedado claro que la huelga general ha fracasado: ahora el objetivo de las movilizaciones es intentar que los que quieren trabajar no puedan hacerlo con normalidad. Poco antes de las 13:30, los jóvenes empiezan a gritar: “Visca, visca, visca/Visca la Terra Lliure”. Lo hacen varias veces, muchos con el rostro embozado, sin importarles aludir al grupo terrorista que provocó cinco víctimas mortales y decenas de heridos. Al mismo tiempo, a 600 kilómetros, ante el Tribunal Supremo Jordi Sànchez insistía en que su movimiento era “cívico” y “pacífico”. Curiosamente, si el fiscal quería buscar indicios de violencia solo tenía que mirar hacia Cataluña y la jornada de huelga que en teoría quería ayudar a los presos y en la práctica sirvió para todo lo contrario.

La actitud de los CDR en el paro de país daña el discurso de los presos ante el Supremo

Jordi Sànchez se enfrenta a una petición de 17 años de cárcel. No pareció importarles mucho a los CDR, la CUP y los sindicatos de estudiantes, que llevaron el peso de las movilizaciones. Una jornada marcada por carreteras cortadas, neumáticos incendiados y cargas policiales. El saldo: 28 heridos, entre ellos siete agentes de los Mossos, y tres detenidos. En la C-17, en Gurb, un cámara de TV3 fue herido por una pedrada en la cara durante el enfrentamiento cuando la policía quería despejar la vía. Huelgas sin obreros, pacifismo a pedradas.

TV3 entendió la rareza de la situación. Las imágenes de los gritos a favor de Terra Lliure en la estación de plaza Catalunya no se emitieron. Sí las de algunas tiendas cerrando al paso de las manifestaciones de 'cupaires', estudiantes y CDR vagando por el centro de Barcelona.

Lo más raro es que pese a que la Generalitat y sus medios de comunicación públicos alentaron la huelga, la misma ha sido un fracaso. En la Conselleria de Empresa, por ejemplo, se llegó a trabajar. En la de Sanidad, solo hubo un seguimiento del 6%. La huelga se limitó a la Administración, la universidad y los colegios. El paro fracasó y los CDR lo intentaron compensar con su hiperactividad.

Tal vez con la perspectiva de que la jornada iba a ser un fracaso, los promotores de la movilización se marcharon a Madrid, de manera que no tuviesen que asumir el fiasco. A la capital se fue Quim Torra. Y junto al presidente de la Generalitat estaba también la presidente la ANC, Elisenda Paluzie. Su entidad había llamado a un boicot a la banca, el comercio y las energéticas en la huelga de ayer. El resultado fue nulo. Pero, como Torra, Paluzie estaba en Madrid siguiendo el juicio. La excusa perfecta para no asumir responsabilidad alguna. Como en octubre de 2017, las élites soberanistas lanzaron a la gente a la calle y luego se lavaron las manos. Lo mismo que estos días se está explicando con profusión en el juicio oral.

Folclore movilizador

Lo de ayer fue otra prueba del folclore movilizador en el que se ha sumido el independentismo. La protesta era para apoyar a los presos y en contra del juicio, pero hizo un flaco favor a los encausados y solo reforzó las tesis de la Fiscalía.

La hiperactividad movilizadora del soberanismo solo consigue floclorizar el dolor y no hace avanzar la causa. Y eso es lo que pasó en el paro de país

Cabría preguntarse por qué, entonces, se llevan a cabo. La única respuesta posible es que los participantes se sienten bien. Ese sentirse bien acaba estando por encima de la utilidad práctica, el sentido o la oportunidad de la protesta. La movilización provoca un efecto placebo sobre los activistas. La causa no avanza pero ellos se sienten reconfortados porque 'hacen algo', tenga sentido o no. Como no lo tuvo ayer.

Ejemplos

Los ejemplos de movilizaciones que se vuelven contra la causa de sus propios participantes son muchos. Solo por nombrar los últimos casos, esa manifestación en Berga a favor de la libertad de expresión que funcionaba como una conga donde los participantes se tapaban la boca o los independentistas de Amer desinfectando el suelo que habían pisado los diputados de Cs. La causa poco importa. Lo fundamental es el valor terapéutico de la protesta para las bases. Esas que votarán independentista se diga lo que se diga en el juicio, se presente quien se presente en las listas. Hay que hacer algo, moverse. Aunque no se sepa adónde se va.

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