APUESTA CONSENSUADA CON EL NÚCLEO DURO

28-A: la cocina de una decisión de Sánchez madurada al calor de la ruptura con Torra

La idea del adelanto electoral fue cogiendo cuerpo a medida que se cegaba el diálogo con los independentistas, y se cerró en la reunión de 'maitines' del lunes pasado, cuando se descartó el 26-M

Foto: Pedro Sánchez, el pasado 12 de febrero durante el debate de totalidad de los Presupuestos en el Congreso. (EFE)
Pedro Sánchez, el pasado 12 de febrero durante el debate de totalidad de los Presupuestos en el Congreso. (EFE)

Cae la noche en la Moncloa. Es miércoles 6 de febrero y los tiempos se aceleran. El escenario se hace más sombrío y hay que actuar. Pensar cómo escapar del laberinto. Y la salida parece única. Elecciones generales. Pronto, muy pronto. Quizá un 28 de abril. Solo quizá. La idea está rondando en la cabeza del presidente del Gobierno, aunque no haya decisión.

Nueve días más tarde, el anuncio es oficial. Definitivo. Los españoles irán a las urnas. Y será el 28-A.

¿Y por qué? En la Moncloa defienden que no hubo "imprevisión", que cada paso estaba calculado, medido. Lo que sigue es la reconstrucción de ese proceso que desembocó en la convocatoria de las próximas generales, narrado por fuentes de primer nivel del Ejecutivo y del partido. Los que conocen la trastienda de una decisión arriesgada que abre una pugna incierta en las urnas.

Pedro Sánchez llevaba tiempo mascando la posibilidad de un adelanto electoral si sus Presupuestos Generales del Estado se hundían. Había pedido a su equipo trabajarla desde hacía semanas, con "máxima discreción". De puertas para fuera, sin embargo, intentaba desvincular la continuidad de la legislatura de las cuentas públicas. No quería dar pistas, si bien meses antes había advertido que sin PGE su mandato se acortaría.

El escenario del adelanto se había dibujado hacía semanas, pero se fortaleció pocas horas antes de que naufragara la mesa de partidos sobre Cataluña


Pero ese miércoles 6 de febrero todo cambió. La vicepresidenta, Carmen Calvo, finaliza su videoconferencia con el número dos del Govern, Pere Aragonès, y la 'consellera' de Presidencia, Elsa Artadi. Ella traslada a Sánchez que las negociaciones con los lugartenientes de Quim Torra para montar una mesa de partidos sobre el futuro de Cataluña, con la figura del relator al frente, la misma que ha levantado en armas a un sector del partido y que ha sublevado a PP y Ciudadanos, no van bien. Los independentistas "se empecinan" en que se incluya el referéndum de autodeterminación en el acuerdo. El Gobierno se niega. El presidente pide opinión a su escudera. Ambos coinciden en que las conversaciones no se pueden mantener indefinidamente. "Pedro ve elecciones en ese momento", cuentan en su núcleo de máxima confianza.

El fuego amigo por el relator

Jueves 7 de febrero. El Ejecutivo sigue abrasándose por el fuego interior imparable por el relator. Habían hablado barones, dirigentes, notables como Alfonso Guerra, Felipe González. Calvo traslada al Govern, a las 16:30 y a las 19:30, la propuesta del Ejecutivo. A las 21 horas, la vicepresidenta telefonea a Aragonès y Artadi, con Sánchez delante, en el despacho. "Entiendo que si no dais una respuesta es un no", les dice la vicepresidenta. Ese jueves, en Ferraz ya sobrevuela la hipótesis de un adelanto electoral inminente, y quizá para el 28 de abril. El aparato recibe entonces las primeras señales de que el final de la legislatura podría estar cerca.

El fin de semana Sánchez charla con Calvo, Lastra, Ábalos y los dos hombres de máxima confianza de su Gabinete, Iván Redondo y Félix Bolaños

El viernes 8, ella les insiste en que quiere cerrar el acuerdo. Apenas puede atender la reunión del Consejo de Ministros porque está en conversación con el Govern, que da largas y pide continuar con la charla por la tarde. A las 13:34 horas, Calvo manda el documento final al grupo de WhatsApp 'Coordinación BCN-Madrid' que mantiene con Aragonès y Artadi. Reclaman tiempo. A las 13:50, el mensaje de la ruptura: "Tenía que ser ahora. Entiendo que esto es un no. Suerte". Los puentes entre los dos gobiernos quedan dinamitados. El PSOE respira aliviado tras días de tensión y de enorme desgaste, sobre todo de la número dos, cuestionada por su gestión y explicación de la crisis.

—¿Y tú cómo lo ves?

Sánchez aborda ese fin de semana, 9 y 10 de febrero, a un pequeñísimo número de interlocutores para pulsar su opinión. Charla con Iván Redondo, su director de Gabinete, su gurú, el hombre más influyente en el primer anillo de decisión, y con Félix Bolaños, el secretario general de la Presidencia, el coordinador del trabajo de despacho de la Moncloa, el que dirige todo el aparato administrativo de la sala de máquinas del poder. Habla también con Calvo, la persona de su máxima confianza en el Gabinete. Habla con Adriana Lastra, la vicesecretaria general del PSOE y portavoz parlamentaria, una mujer discreta y a la que él aprecia mucho por su extrema discreción y su lealtad. Habla con José Luis Ábalos, secretario de Organización y ministro de Fomento, un peso pesado que actúa de enlace con el partido y que goza de respeto interno.

28-A: la cocina de una decisión de Sánchez madurada al calor de la ruptura con Torra

El presidente va apuntando, por sus respuestas, que quiere elecciones, que no tiene sentido seguir sin Presupuestos. Apunta a abril. O sea, ya. Todos sus interlocutores consideran que, si no hay cuentas públicas, no tendría sentido alargar la legislatura. Sánchez, en sus mítines de fin de semana, va allanando el camino hacia las urnas, armando el relato, mientras en su Ejecutivo se traslada a los medios que los PGE están prácticamente perdidos.

Lunes 11. Todavía colean las imágenes de la manifestación de las derechas en la plaza de Colón de Madrid. Los socialistas califican la concentración de "pinchazo" y se muestran eufóricos con el "regalo" que le han hecho Albert Rivera (Cs), Pablo Casado (PP) y Santiago Abascal (Vox): la foto de ellos tres juntos.

Por qué no el superdomingo

La reunión de 'maitines' en la Moncloa, la que sirve para preparar la semana por delante y para engrasar el engranaje con el grupo y el partido, arranca a las 9:30. Asisten el presidente, Carmen Calvo, Iván Redondo, Adriana Lastra, José Luis Ábalos y su mano derecha en el aparato, Santos Cerdán —el secretario de Coordinación Territorial del PSOE— y Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de Comunicación. Primero se repasan los asuntos ordinarios. Y después, ya sin Oliver presente, Sánchez y su núcleo duro deliberan abiertamente sobre la fecha del anticipo electoral en caso de que los PGE, como se prevé, caigan.

En la reunión de 'maitines' del lunes, Calvo pone sobre la mesa el 28-A y se cierra el consenso. Ábalos y Lastra habían sido partidarios del 26-M

Lastra, Ábalos y Cerdán defienden el 26 de mayo, el superdomingo, haciendo coincidir generales, autonómicas, municipales y europeas. Es la opción que más aborrecen barones y alcaldes socialistas, pero el núcleo duro del PSOE considera que es la más idónea para aprovechar al máximo la movilización del partido. Calvo pone sobre la mesa el 28 de abril. Ella señala que no es partidaria del 26-M, "no por la oposición de los barones", sino porque no conviene mezclar debates y por despejar el panorama "cuanto antes". La vicepresidenta, según fuentes de su entorno, "siempre defendió que sin PGE había que ir a elecciones en un plazo muy corto".

Poco a poco, se va cerrando el consenso en torno al domingo 28-A. "No tenía sentido esperar al 26-M como si no pasara nada, sin cuentas del Estado, con iniciativas bloqueadas por la Mesa del Congreso por el PP y por Ciudadanos", razona uno de los presentes en aquella reunión. "Somos un Gobierno que hemos venido a normalizar, a demostrar que tenemos un proyecto distinto para España, feminista, igualitario, europeísta, ecologista... y no lo puedes hacer si te arrastras hasta octubre sin tu principal instrumento. ¿Cómo lo haces? Pedro no se iba a agarrar al sillón, al contrario de lo que se dice", indica otro.

Santiago Abascal, Pablo Casado y Albert Rivera, el pasado 10 de febrero al final de la concentración en la plaza de Colón de Madrid. (EFE)
Santiago Abascal, Pablo Casado y Albert Rivera, el pasado 10 de febrero al final de la concentración en la plaza de Colón de Madrid. (EFE)

Pesan a favor del último domingo de abril la inmediatez, el golpe de efecto, la obsesión por recuperar la iniciativa, perdida hacía unos días de manera estrepitosa por la polémica del relator. Ciudadanos, analizan, no tendrá tiempo de reconducir su discurso y girar al centro, el PP está perseguido por Vox, Podemos está en horas bajas. Con los Presupuestos tumbados por las derechas y los separatistas, insisten, se habrá creado el 'momentum', el relato de un Sánchez víctima de ambos flancos, que no ha sacado su proyecto estrella por esa pinza, esos "extraños compañeros de cama". Creen que el naufragio de las cuentas sirve en bandeja el argumento de que no ha habido cesiones al secesionismo. La cúpula tiene en su mano una encuesta recién salida del horno, que otorga al PSOE entre 100 y 110 escaños. Esperar más quizá acentuara el desgaste.

A las once de la mañana, la reunión de 'maitines' concluye. Entonces ya queda "zanjada" la fecha del 28-A, a la espera de que el fracaso de los PGE se confirme. Todos se conjuran para que la decisión, ya "tomada", no salga de esas cuatro paredes.

¿Pugna con Iván Redondo?

Sobre las 12:30, la agencia EFE adelanta que Sánchez baraja convocar las generales para el 14 de abril. El teletipo destapa por primera vez que el Ejecutivo piensa no en el superdomingo, sino en elecciones ya. Lastra en público y otras fuentes del partido y del Gobierno en privado niegan rápidamente esa alternativa, aunque no confirman otras para no revelar el secreto del presidente. El 14 de abril "está descartado", "es un bulo", convergen varios responsables. No gusta porque es Domingo de Ramos, arranque de las vacaciones de Semana Santa para millones de españoles, y es una fecha teñida del enorme simbolismo del aniversario de la proclamación de la II República, el mismo del que el equipo de confianza del líder del Ejecutivo quiere huir para apuntalar el mensaje de "moderación" y "sentido común" con el que se quiere machacar en campaña. "Tonterías, ninguna", resumen en el primer anillo de poder del Gobierno.

Calvo, por "órdenes" de Sánchez, comienza a preparar con su equipo las medidas a las que hay que dar salida y que se aprobarán por decreto ley

Algunos dirigentes en Ferraz y fuera del cuartel general de los socialistas indican que Iván Redondo es el principal valedor del 14-A. Pero fuentes muy próximas al director de Gabinete se desquitan de esa acusación. Lo niegan tajantemente: "Es una trola". Remarcan que incluso él fue "siempre el defensor del 28-A", desde muchas semanas atrás ("estábamos preparados desde enero por anticipación y prevención"), "hasta que luego el presidente se la trasladó a Carmen". "La idea de abril nace de Pedro y luego cerramos juntos el 28", abundan. Otras fuentes sí señalan que "por supuesto" el 14-A llegó a estar sobre la mesa, con toda lógica, pero simplemente como una fecha más en el calendario, sin opciones reales de salir adelante. "No hubo pugna", alegan otros responsables al tanto de lo ocurrido. El telón de fondo es la supuesta rivalidad entre Redondo y Calvo, que ambos desmienten. Alternativas como el 11 de abril, jueves, nunca se plantearon, porque se quería huir de una jornada laborable, al no garantizar una máxima participación, justo lo que persigue el PSOE para contrarrestar la fuerte movilización de la derecha. Tampoco se pensó en el otoño: era imposible seguir sin PGE.

Las reuniones en la Moncloa continúan por la tarde. Calvo, por "órdenes" de Sánchez, comienza a preparar con su equipo las medidas a las que hay que dar salida rápida y que se aprobarán por real decreto ley antes de la disolución de las Cámaras, que llegará el 5 de marzo, 54 días antes del 28-A. La recuperación del subsidio de desempleo para mayores de 52 años, la cotización a la Seguridad Social de los cuidadores no profesionales, la exhumación de Francisco Franco, los planes de contingencia frente a un Brexit duro...

Pedro Sánchez, con José Luis Ábalos, Cristina Narbona (2i) y Adriana Lastra (d), el pasado 4 de diciembre en la ejecutiva del PSOE. (EFE)
Pedro Sánchez, con José Luis Ábalos, Cristina Narbona (2i) y Adriana Lastra (d), el pasado 4 de diciembre en la ejecutiva del PSOE. (EFE)

El martes arranca el juicio del 'procés', pasadas las diez de la mañana y, a mediodía, el debate de totalidad de los PGE. Sube a la tribuna María Jesús Montero, y se corona para los suyos. "Siempre estuvo claro" que sería ella, la ministra de Hacienda, la que defendiera el proyecto de ley, y no el presidente. Él, de hecho, esquiva también a los periodistas en los pasillos. No abre la boca. Sus colaboradores van afianzando, mientras, la idea del 28-A. Su equipo más cercano apunta de manera unánime en la misma dirección. De modo nítido. Inequívoco. Minimiza incluso que la campaña empiece en Semana Santa. En Ferraz, mientras, se recibe la orden de que hay que activar la maquinaria electoral. La fecha está elegida. Y es esa.

Un desquite previo en el grupo parlamentario

Al acabar la primera sesión del debate de los PGE, el martes por la noche, Calvo traslada a Sánchez que el mejor modo de solemnizar su decisión es convocar un Consejo de Ministros extraordinario para informar a su Gabinete, aunque la disolución de las Cámaras no sea inminente. El día escogido para el anuncio debe ser el viernes 15 de febrero, continúa, porque el miércoles, cuando caigan los Presupuestos, faltarán cinco ministros, que vuelan a Marruecos con los Reyes, para su visita de Estado. Es mejor esperar 48 horas, para que esté todo el Gobierno y Felipe VI haya regresado para comunicarle la decisión. "Las formas son muy importantes en democracia y hay que dar una imagen impecable", defiende Calvo. Sánchez está de acuerdo.

No ha habido una "ronda sistemática" con los barones para informarles por adelantado de la decisión. Pero se orientó a los que llamaron

"Actúa con libertad. No te dejes condicionar. La decisión es tuya", le dice a Sánchez un ministro el miércoles en el Congreso. "La decisión está tomada", le responde el jefe del Ejecutivo. En el momento en que caen los PGE, no hay vuelta atrás.

A partir de entonces, se prepara la detonación de la noticia, pero "no se mueve ninguna pieza" del tablero ya ordenado. Surgen los rumores, alimentados por la oposición, de una cuestión de confianza, de que Sánchez puede estirar la legislatura hasta el otoño, de que quizá las generales sean el 11 de abril. El núcleo de decisión del presidente insiste: no hay cambios. Los comicios serán el 28-A. Mientras, trasciende que la dirección del grupo en el Congreso castiga a dos diputados que habían criticado abiertamente la figura del relator, Soraya Rodríguez y José María Barreda. Un ajuste de cuentas, una "purga innecesaria", previo al anuncio de urnas.

28-A: la cocina de una decisión de Sánchez madurada al calor de la ruptura con Torra

El mismo jueves sale de Ferraz la convocatoria de reunión de la ejecutiva federal para el lunes 18 de febrero, que será seguida por una 'cumbre' con los secretarios de Organización regionales. Otra prueba más de que las generales están al caer y de que el partido ha encendido motores. En los últimos días dirigentes, barones y presidentes autonómicos han llamado a Ferraz y al Gobierno para saber si lo que cuentan los medios —elecciones el 28 de abril— es cierto. Desde arriba se les orienta y, de modo más o menos explícito, se les hace ver que los tiros van por ahí. Pero no ha habido una "ronda sistemática" y general con los territorios para informarles por adelantado.

"Todo agendado" hasta la disolución

Viernes 15. 9 de la mañana. Consejo extraordinario. Solo dos ministros, los de mayor peso político, Calvo y Ábalos, conocen de primera mano la decisión firme del presidente. Los demás, "los temáticos", obviamente, saben del runrún. Todos reciben la confirmación por boca de Sánchez de modo "seguro", hasta "entusiasta", aunque algunos preferían que el jefe hubiera aguantado, aun sin PGE. Él razona a sus ministros que resistir habría sido "muy complicado". El líder del Ejecutivo parte hacia su comparecencia acompañado de su guardia de corps en la Moncloa (Calvo, Redondo, Bolaños) y la portavoz, Isabel Celaá. Anuncia el 28-A, en medio de un discurso-mitin que él mismo ha preparado. Admite cinco preguntas de cinco periodistas. "Llámenme clásico. Sin Presupuestos uno no puede gobernar". "Hay derrotas parlamentarias que son victorias sociales". Reivindica su política de diálogo con Cataluña, no aclara su futura estrategia de pactos y teje el relato de un Gobierno asediado por las derechas y los independentistas que no puede seguir más su camino, por lo que da la voz a los ciudadanos.

Al arranque del Consejo de Ministros extraordinario, solo Calvo y Ábalos conocen de primera mano la fecha. Los demás no están en el primer anillo

El resto del Gabinete sigue la comparecencia por televisión desde el edificio del Consejo. La ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, inmortaliza con su móvil el momento. Sánchez regresa de su limitada rueda de prensa y es recibido con aplausos por su Gabinete. Corre una sensación de optimismo. El PSOE puede ser primera fuerza por primera vez desde 2008, sí, pero puede no sumar una mayoría suficiente para retornar al Gobierno. El líder puede convertirse en el jefe del Ejecutivo más breve de la democracia. Pese a la incertidumbre, cunde la sensación de que la semana ha ido bien tras las fuertes turbulencias, siete días antes, por el relator. Dirigentes y barones van saliendo uno tras otro en apoyo a la decisión. Incluida Susana Díaz.

Pedro Sánchez, Carmen Calvo, Isabel Celaá, Iván Redondo (2d) y Félix Bolaños (d) se dirigen a la comparecencia de anuncio de elecciones generales para el 28-A, el viernes pasado. (Moncloa)
Pedro Sánchez, Carmen Calvo, Isabel Celaá, Iván Redondo (2d) y Félix Bolaños (d) se dirigen a la comparecencia de anuncio de elecciones generales para el 28-A, el viernes pasado. (Moncloa)

Sábado 16. 9 de la mañana. Sánchez coge el AVE hasta Sevilla. Su primer acto con Díaz desde las andaluzas del 2 de diciembre. Un mitin que se agendó algo antes del 6 de febrero, casi solapándose con el anuncio de la presentación del libro 'Manual de resistencia', firmado por el presidente, aunque con la "forma literaria" de la exdiputada Irene Lozano. En el PSOE andaluz, cuando fueron avisados por Ferraz de que querían un mitin el 16, se barruntaban que algo pasaba, que quizá hubiera elecciones. En Madrid, algo se maquinaba, aunque aún no se sabía a ciencia cierta que sobrevendría la ruptura con el independentismo y que habría urnas el 28-A. Se fijó ese día, y allí, en Sevilla, por si acaso. Pero ocurrió. Sánchez y Díaz regresaron a su pose de "unidad", a la que obliga la proximidad de las urnas. No se tienen confianza, pero no les queda otra que remar juntos. Por su propia supervivencia.

En la Moncloa aseguran que los pasos siguientes ya están programados, como el lanzamiento de las medidas estrella que habrán de aprobarse antes del 5 de marzo. "Ya está agendado, y habrá sorpresas", dicen en el Ejecutivo.

28-A: la cocina de una decisión de Sánchez madurada al calor de la ruptura con Torra

"PP y Ciudadanos nos lo han puesto muy fácil", valoran en las alturas de Gobierno y partido. El PSOE está convencido de que le funcionará su mensaje de que en estas elecciones lo que está en juego es "parar a la derecha", avanzar, "conquistar el futuro", como suele decir Sánchez. La España "en blanco y negro" frente a la que es "inclusiva", en la que caben "todos", que anhela el "progreso". Por eso llama a la movilización frente a "las tres derechas". Es el 'Si tú no vas, ellos vuelven' que evocaba este sábado Díaz. Puede ganar, pero a lo mejor no gobernar. Las urnas dirán. Será el 28-A, la fecha de alto riesgo elegida por Sánchez y que fue amasando con tiempo y tiento, mientras sucumbían sus Presupuestos y su Ejecutivo sentía el calor del fuego por su frustrado intento de diálogo con el secesionismo.

Elecciones Generales

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
40 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios