DEBATE de INVESTIDURA

El debate inviste a Rajoy como presidente y a Iglesias como jefe virtual de la oposición

El perfil bajo de PSOE y C's fue el resultado de una polarización entre PP y Unidos Podemos, protagonistas de una jornada que sienta los precedentes de la legislatura que se avecina

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias (i), y el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy (d), durante sus respectivas intervenciones en la segunda jornada del debate de la investidura. (Reuters)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias (i), y el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy (d), durante sus respectivas intervenciones en la segunda jornada del debate de la investidura. (Reuters)

El reparto de papeles ha quedado confirmado en la segunda jornada del pleno de investidura. Mariano Rajoy ha ejercido como presidente del Gobierno y enfrente, como líder de la oposición 'virtual', se ha topado con Pablo Iglesias. Un papel que el líder de Unidos Podemos lleva tratando de arrogarse desde el “golpe de Estado en Ferraz”, pero hasta ayer no recibió el título. El propio Rajoy contribuyó a ello, otorgándole carta de naturaleza al dirigirse y enfrentarse más a Iglesias que a la fuerza de oposición con más escaños, el PSOE.

Tanto Rajoy como Iglesias se han encontrado a gusto polarizando el Parlamento y el debate —también los fervorosos diputados de sus grupos que aplaudían cada golpe desde sus escaños—, como ya lo hicieron durante la última campaña del 'sorpasso' que nunca llegó a ser. Fueron los más abucheados y más aplaudidos a partes iguales.

La guinda la puso el portavoz de los populares, Rafael Hernando, al acusar a Iglesias, antes de cerrar el debate, por su supuesta amistad con las dictaduras. "Usted no está hecho de mejor pasta que muchos corruptos sentados en los tribunales", "no le gusta que se hable de Venezuela porque el patrón paga" o "el populismo vive de la demagogia y la mentira" fueron solo algunas de las dedicatorias al líder de Unidos Podemos. Alusiones que provocaron el abandono de la Cámara por parte de los diputados de este grupo, en señal de protesta porque la presidenta Ana Pastor no le permitió intervenir para desmentirlo. Por si habían quedado dudas sobre el reparto de papeles, el choque de trenes como colofón a la jornada las disipó por completo.

El debate inviste a Rajoy como presidente y a Iglesias como jefe virtual de la oposición

El perfil bajo en el debate de PSOE y Ciudadanos fue el resultado de dicha polarización entre PP y Unidos Podemos, protagonistas de una jornada que sienta los precedentes de la legislatura que se avecina. Con todo, Iglesias no dudó en repartir también a derecha e izquierda de la bancada, poniendo la “triple alianza” en su punto de mira: “Esta investidura es un trámite desagradable para Ciudadanos y vergonzoso para el PSOE”. El 'enfant terrible' que siempre fue, como él mismo ha llegado a reconocer, ha vuelto a resurgir con fuerza tras domesticarlo durante la ya enterrada fase de la hipótesis Podemos, de la “guerra relámpago” o 'blitz', según los terminología empleada por Iglesias.

Iglesias calentó el ambiente de la Cámara afirmando que “hay más potenciales delincuentes en esta Cámara que fuera protestando en la calle”, en referencia a la movilización de fuerzas de seguridad en las protestas previstas para estos días, como el Rodea el Congreso. Desde entonces, ya nada volvió a ser igual. El candidato a la investidura le replicó poniendo en valor su retranca gallega: "Antes decían que no nos representan, pero ya están dentro, a ver si es que no se sienten representados".

El debate inviste a Rajoy como presidente y a Iglesias como jefe virtual de la oposición

El todavía presidente en funciones, sarcástico, reclamó para los venezolanos y los cubanos las mismas libertades y prosperidad que para los españoles, en referencia indirecta a Iglesias. Una línea que posteriormente seguiría Hernando. En la contrarréplica, Iglesias volvió a elevar la tensión afeándole a Rajoy que "entiendo que no se maneje usted con Twitter —como había asegurado en su intervención—, pero con los SMS se maneja usted de maravilla", en alusión a los mensajes que envió al extesorero del PP Luis Bárcenas. Como fan de la música rap, Iglesias hizo gala de su 'flow' y junto a Rajoy practicó una pelea de gallos. Con Hernando lo intentó, pero la presidenta del Congreso, Ana Pastor, no le concedió el derecho a réplica “por alusiones”, como consta en la reclamación que tras el debate Unidos Podemos presentó en registro.

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Durante una parte de su discurso, Iglesias se enfundó el traje de politólogo para argumentar el antes y el después en el “sistema político de la Transición” que supone la consumación de la 'gran coalición' en la investidura. Su hipótesis del fin del 'régimen del 78' y los "enormes contrastes entre el pasado que representan ustedes [la 'triple alianza'] y el futuro". El cierre de un ciclo y el advenimiento de una nueva era, a pesar de que “lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no acaba de nacer”, que diría Gramsci, uno de sus autores de cabeza, ha quedado retratado, o al menos teatralizado, con este nuevo reparto de papeles en el Congreso.

Pablo Iglesias lleva persiguiendo el título de jefe de la oposición antes incluso de entrar en el Congreso, cuando era una fuerza extraparlamentaria pero las encuestas lo colocaban como segunda fuerza. Entonces incluso realizó un debate del estado de la nación alternativo, en el Círculo de Bellas Artes, reivindicando este papel. Ahora, con cinco millones de votos y 67 diputados (el 26-J fueron 71, pero los cuatro representantes de Compromís han acabado integrando el Grupo Mixto), comienza a ocupar el espacio sociológico que siempre buscó la hipótesis Podemos: el del PSOE. Sin embargo, la tan ansiada 'pasokización' no se ha consumado en las urnas. Todo es una cuestión de papeles. 

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