mensaje a sus huestes del grupo popular

Rajoy apuesta todo a gallegas y vascas para arrinconar a Pedro Sánchez tras el 25-S

Mariano Rajoy espera que los socialistas sufran una debacle electoral en Galicia y el País Vasco para presionar al PSOE y que Sánchez recapacite evitando las terceras elecciones

Foto: Mariano Rajoy acude a un acto de campaña en Pontevedra junto a Alberto Núñez Feijóo. (EFE)
Mariano Rajoy acude a un acto de campaña en Pontevedra junto a Alberto Núñez Feijóo. (EFE)

Hasta que pasen las elecciones gallegas y vascas del 25 de septiembre no habrá novedades en el Congreso de los diputados. Los partidos se encuentran inmersos en las campañas electorales y, más allá de la ronda de contactos improvisada por Pedro Sánchez, no habrá movimientos de ningún tipo hasta después de las autonómicas. El PP encabezado por Mariano Rajoy espera revalidar la mayoría absoluta en Galicia de la mano de Alberto Núñez Feijóo y 'salvar los muebles' en el País Vasco para intentar ser decisivos. Los conservadores confían en que unos buenos resultados, sumados a la debacle que el PSOE podría sufrir en ambas citas con las urnas, hagan recapacitar a Sánchez y eviten las terceras elecciones generales.

En Génova están convencidos de haber tomado las decisiones correctas y se hallan conformes con la estrategia desarrollada durante los últimos meses. El mensaje que transmitía Rajoy este lunes a sus diputados durante la reunión del grupo parlamentario es el mantra actual en la formación conservadora. Y es que, pese a la irrupción de los nuevos partidos y el cambio en el escenario político español, el PP ganó las elecciones con amplia diferencia —en junio todavía fue mayor—, coronándose como primera fuerza fuera de toda duda. "Nos apoyan ocho millones de españoles, tenemos dos millones de votos más que los segundos y vamos a defender nuestro derecho de gobernar", reiteró el jefe de los populares exaltando el ánimo entre sus filas.

Ni siquiera el caso Soria parece haber causado grandes problemas al PP. Aunque provocó más de una revuelta interna con dirigentes de primer nivel quejándose públicamente por la decisión, la dirección popular dio carpetazo al asunto rápidamente después de que el exministro de Industria —que dimitió por su relación con los papeles de Panamá— renunciara al puesto en el Banco Mundial y tras endosar la responsabilidad de la polémica a Luis de Guindos en exclusiva.

Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa posterior a la reunión de la ejecutiva federal del partido. (EFE)
Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa posterior a la reunión de la ejecutiva federal del partido. (EFE)

Será a finales de septiembre cuando el plano nacional vuelva a concentrar todo el protagonismo. El PP busca arrinconar a los socialistas en caso de que los resultados que obtenga se aproximen a los vaticinados por el CIS y otros sondeos, que sitúan al PSdeG disputándose la segunda plaza con En Marea —en el peor de los casos, el partido que concurre en coalición con Podemos le sacaría incluso un escaño— y al PSE con su representación en el Parlamento vasco reducida a la mitad, al conseguir, según este barómetro, ocho parlamentarios de los 16 que ostenta ahora. Aunque los socialistas podrían convertirse en la llave del gobierno en Euskadi apoyando al PNV de Iñigo Urkullu, el PP buscará señalar el desastre electoral como principal lectura de los comicios autonómicos, desastre que podría continuar en unas terceras elecciones si estas se celebraran en diciembre.

La otra vía de presión que los conservadores ya están poniendo en marcha pasa por resaltar la falta de alternativa a su proyecto. El propio Sánchez comenzó una ronda de llamadas la pasada semana —empezando por Rajoy y sin contactar de momento con Rivera—, pero evitó explicar su objetivo: en Ferraz insisten de hecho en que su líder no pretende abrir una opción paralela a la de los conservadores, pese al canto de sirenas vertido desde la formación que lidera Pablo Iglesias en los últimos días animando a los socialistas a lanzar una alternativa de izquierdas.

El presidente de C's, Albert Rivera (i), saluda al candidato a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy (c). (EFE)
El presidente de C's, Albert Rivera (i), saluda al candidato a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy (c). (EFE)

Los conservadores valoran hoy por hoy solo dos posibilidades: un Gobierno encabezado por Rajoy o nuevas elecciones en el último mes del año. El PP está seguro de que Sánchez no defenderá un Gobierno de 85 escaños y confía en la subsistencia del acuerdo firmado con Ciudadanos —al que después se sumó Coalición Canaria— y gracias al que el jefe de Génova se presentó en la investidura con 170 apoyos, a solo seis de la mayoría absoluta. En la formación naranja también divisan solo esas dos opciones, teniendo en cuenta que cualquier alternativa con Pedro Sánchez al frente requeriría del sustento de Podemos, incompatible con los de centro.

El PSOE sigue siendo la llave del desbloqueo para la salida que busca el PP. Incluso si después de las elecciones vascas el PNV se decidiera por respaldar a Rajoy, haría falta un escaño más que debería salir de los votos socialistas. Los nacionalistas vascos tampoco parecen dispuestos a respaldar el programa de gobierno del PP y Ciudadanos —choca frontalmente con sus intereses— y todavía menos si Urkullu consigue unos buenos resultados en Euskadi.

Los conservadores esperan sacar músculo en Galicia si conservan la mayoría absoluta, lo que supondría un balón de oxígeno para los populares en momentos difíciles para la formación y confirmaría a Núñez Feijóo como futuro relevo de Rajoy. Una nueva victoria electoral redoblaría la presión sobre los socialistas, pidiendo una vez más la abstención al PSOE para evitar unas terceras elecciones que, al menos por ahora, suenan con fuerza en el calendario de los españoles.

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