el debate presagia las terceras elecciones

La obstinación en el bloqueo aleja también la posibilidad de una segunda investidura

El PNV se aleja como tabla de salvación; en el PP y en el PSOE admiten que todo apunta a terceras elecciones y los más fieles a Sánchez creen que mejorarán sus posiciones

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La segunda jornada del debate de investidura del candidato Mariano Rajoy a la presidencia del Gobierno confirma y agrava el mismo bloqueo institucional que había cuando arrancó. Pedro Sánchez ha encerrado aún más al PSOE en el "no es no", pese a los 170 escaños sumados por el PP con Ciudadanos y Coalición Canaria. Populares y socialistas reconocen que todo apunta a las terceras elecciones, incluso los más fieles a Sánchez consideran que es la mejor salida y que no deben tener miedo, porque mejorarán sus posiciones. Además, el PNV responde a las esperanzas del PP de sumar en el futuro sus cinco votos con un "agur".

La investidura ya se descontaba como fallida antes de empezar, pero después de que todos los partidos se retrataran en la tribuna, algunos con discursos que parecían mítines, ninguno de los contendientes tiene planes más allá de la definitiva votación del viernes, salvo Rajoy, que sabe que se irá a China a la reunión del G-20.

Al final de la jornada, en los distintos grupos parlamentarios ni siquiera podían apuntar cuándo, cómo y con quién al frente de la candidatura podría haber una segunda sesión de investidura. El presidente del Ejecutivo quiso distinguir entre la posición personal de Sánchez y la tradición de partido de gobierno del PSOE en su enésimo llamamiento a la responsabilidad de los socialistas para que se abstengan. Sigue siendo su única esperanza, "que algo se mueva" en esa organización, para poder postularse de nuevo.

Pero en el PP reconocen que no tienen dato alguno que les permita adivinar la apertura del debate interno en el PSOE sobre las consecuencias del bloqueo, por mucho que la vieja guardia presione en público y en privado para que Sánchez recapacite. Es más, por la rotundidad del secretario general socialista, empiezan a pensar que si su partido decide salir de lo que José María Barreda llama "la cerrazón", tendrán que buscar a otro jefe de filas para que explique el cambio.

La obstinación en el bloqueo aleja también la posibilidad de una segunda investidura

Entre los fieles al secretario general, empieza a predominar la teoría de que no tienen nada que perder en unas terceras elecciones porque Podemos está ya a la baja, el electorado que les queda es el más fiel y menos propenso a la abstención: creen que subirían en escaños. Y si algún barón autonómico se pone pesado con la abstención, recuerdan que siempre pueden llamar a la militancia a votar para que se reafirme en el "no" a "un Gobierno del PP".

El PSOE se enfrenta ahora al drama de que no ofrece salida al bloqueo porque también rechaza la oferta de apoyo para un Gobierno alternativo que le hacen Podemos y los partidos independentistas catalanes, ERC y la antigua Convergència, que suman 173 diputados. Y el PP choca con el problema de que ya no tiene otros posibles aliados en el Congreso, más allá de Ciudadanos y Coalición Canaria, para elevar la apuesta en una nueva investidura. 

En el debate, el PNV fue casi tan contundente como Sánchez en su rechazo al Partido Popular. Hasta descontando el factor de la precampaña electoral en marcha ante los comicios en el País Vasco del 25-S sonaron excesivos los ataques de su portavoz, Aitor Esteban. El nacionalista pidió una nueva relación bilateral "Euskadi-Estado" y el reconocimiento de que "los vascos somos una nación". Y dejó claro a Rajoy que mientras no se cumplan esas exigencias, se puede despedir del PNV. Con un "agur" (adiós) le despachó desde la tribuna.

El jefe del Ejecutivo se esforzó en dar todo tipo de garantías para el régimen del concierto económico, resaltar la colaboración pasada para aprobar 56 proyectos de ley y otras medidas legislativas. Dedicó a Esteban más tiempo que a ningún otro portavoz e intentó paliar el disgusto por el discurso del día anterior.

Los cinco diputados del PNV eran hasta ahora la última palanca de esperanza que tenían en el PP para añadir apoyos en un segundo intento de investidura con el fin de mover al PSOE. Contaban y cuentan con los nacionalistas vascos para las negociaciones sobre política económica una vez que la legislatura arrancara. Solo si los diputados del Grupo Popular tienen la llave en la Cámara regional a partir del 25-S para que Íñigo Urkullu siga siendo lendakari podrá plantearse el intercambio de favores para la gobernabilidad.

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