LA ESTRATEGIA DEL PARTIDO EN 40 DÍAS

La metamorfosis de Rivera: del no al (posible) sí pasando por la abstención

C's no cambió tras el 26-J: Rajoy no era su candidato. Ante la persistencia del bloqueo, la ejecutiva decidió moverse a la abstención. Hace días, Rivera revolucionó el escenario con la nueva postura

Foto: El presidente de Ciudadanos durante la declaración institucional en el Congreso de los Diputados. (Reuters)
El presidente de Ciudadanos durante la declaración institucional en el Congreso de los Diputados. (Reuters)

El partido dirigido por Albert Rivera revolucionó el escenario de bloqueo político actual cuando esta semana anunció algo que desde hace tiempo muchos esperaban: la formación negociará con el PP el sí de sus 32 diputados si aceptan una serie de condiciones previas para regenerar la vida pública y luchar contra la corrupción. El cambio de postura llegó tras más de 40 días desde las elecciones generales del 26 de junio. El partido de centro aseguró que esta solución "es la menos mala" dentro de las que hay, insistiendo en no compartir el proyecto de los conservadores y, sobre todo, en que tampoco quieren al jefe PP. "No es nuestro candidato".

De hecho, la decisión de negociar el voto afirmativo se conoció el pasado martes en una declaración institucional que Rivera protagonizó en el Congreso de los Diputados tras reunirse con su ejecutiva nacional esa misma mañana en un clima de máxima discreción. No hubo pistas ni filtraciones. Solo el instinto podía llevar a pensar que el líder barcelonés haría un anuncio de tal calado un día antes de reunirse con el presidente en funciones y después de que los dirigentes de su partido reiteraran hasta la saciedad que los 32 diputados naranjas no pasarían de la abstención. Para entender la estrategia trazada por Rivera hace falta remontarse, como mínimo, al 27 de junio.

Un día después de conocerse los resultados electorales el presidente de Ciudadanos afirmaba ante decenas de medios de comunicación "nosotros no vamos a apoyar al Gobierno de Mariano Rajoy". En realidad, Rivera daba continuidad a la hoja de ruta establecida por la cúpula del partido ya tras el 20-D de vetar -palabra negada por los centristas- a Rajoy. Ciudadanos no vetaba al PP pero sí a su líder. Tras los comicios, los dirigentes y portavoces de la formación lanzaron el mensaje unánime de que el jefe de los conservadores no era "la persona que podía regenerar España" por ser "el responsable político" de los capítulos más negros del partido en materia de corrupción.

La Ejecutiva Nacional de Ciudadanos, durante una de sus reuniones en Madrid. (EFE)
La Ejecutiva Nacional de Ciudadanos, durante una de sus reuniones en Madrid. (EFE)

El empeño en que Ciudadanos jamás apoyaría al Partido Popular mientras Rajoy fuera su candidato se prolongó tras el 26-J, pese a que los populares obtuvieron 14 escaños más que en diciembre coronándose definitivamente como la primera fuerza política en España. Aquello fue en realidad un triunfo particular de Rajoy, líder cuestionado por todos sus rivales. La formación naranja no cambió su estrategia ni mostró mayor contundencia que en los meses anteriores a las segundas generales en apenas seis meses, pero el simple hecho de seguir rechazando al candidato de Génova les pasó factura en la opinión pública porque muchos de sus votantes no entendieron el veto implícito.

Ante la evidencia del bloqueo político -cualquier acuerdo de investidura pasaba por el entendimiento de PP, PSOE y C's para no depender de los nacionalistas y la alternativa de la izquierda salió peor parada en junio, siendo incluso desechada por el propio Pablo Iglesias- Ciudadanos convocó a su ejecutiva nacional para que tomara la decisión de abstenerse en la segunda votación de una futura investidura de Rajoy. Rivera anunció triunfante el movimiento dado por su formación: no votarían en contra del popular, pero se limitirían a la abstención.

Por segunda vez, la formación de centro tomaba una decisión que no convencía a la sociedad. ¿Por qué se abstenían gratis? Los principales dirigentes de centro apelaban al "sentido de Estado" y a la "responsabilidad", al permitir que el partido ganador pusiera en marcha un Gobierno en minoría. Pero entre los ciudadanos no calaba ese argumento por dos motivos: no era suficiente puesto que con la abstención de los 32 diputados naranjas, el PSOE no iba a reaccionar -"no estaremos en la misma posición que ellos", decían los dirigentes de Ferraz- y no comprendían por qué Rivera no pedía reformas a cambio.

Por segunda vez, la formación de centro tomaba una decisión que no convencía a la opinión pública. ¿Por qué se abstenían gratis?

Desde el no rotundo hasta la abstención pasaron diecisiete días. Y de esa anunciada abstención en la sede madrileña de Ventas hasta la declaración institucional en el Congreso en la que el líder de centro afirmó que negociarían para pasar al sí transcrurrió un mes justo. Cuatro semanas. El debate llevaba tiempo sobrevolando los despachos del cuartel general naranja, cuyos mandatarios intentaban establecer las pautas por las que su formación se desmarcaría de su postura para iniciar conversaciones y dar el 'sí quiero' a Rajoy. La única vía pasaba por establecer una serie de exigencias que pusieran contra las cuerdas al candidato conservador que tanto habían rechazado -y que siguen haciéndolo- imponiendo, entre otras cosas, la creación de una comisión de investigación parlamentaria por el caso Bárcenas.

El PP vacila ahora con matizar alguna de estas exigencias pero, con toda seguridad, su comité ejecutivo las aprobará el próximo miércoles. Y todo para que empiecen las verdaderas negociaciones entre ambas formaciones, que deberán producirse en un tiempo exprés de apenas dos semanas para que, a finales de agosto, Rajoy tenga garantizado el apoyo de los 32 diputados de centro. En ese periodo de conversaciones, Rivera se enfrentará a la tercera prueba de fuego de cara a la opinión pública y en la que no podrá fallar: llegará la hora de la verdad y deberá trasladar a la sociedad las reformas y cesiones que obtendrán de los conservadores para sellar su pacto. Más allá de los seis puntos de regeneración democrática y lucha contra la corrupción, ajenas al día a día de los ciudadanos de a pie, Ciudadanos deberá hacerles entender las medidas concretas que exija al PP en materia de empleo y políticas sociales. Algo que despierte interés y retenga a sus votantes.

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