el bloqueo en la formación de gobierno

Rajoy cifra ahora su esperanza en que Rivera sirva de palanca para mover a Sánchez

El Gobierno y el PP se preparan para un duro mes de agosto dedicados a mantener la presión sobre el PSOE para que cese el bloqueo y permita la formación de nuevo Ejecutivo

Foto: Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones. (Reuters)
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones. (Reuters)

El Gobierno y la dirección del Partido Popular se preparan para un duro mes de agosto dedicados a mantener la presión sobre el PSOE con el fin de que permita la formación de un nuevo Ejecutivo. De entrada, los populares aprovecharán "la palanca" que les ofrece la apertura de conversaciones oficiales con Albert Rivera para mantener en los próximos días el cerco sobre Pedro Sánchez y llegar a mediados de mes metidos en el intercambio de papeles con Ciudadanos.

Es sólo un paso, "pero así empiezan las caminatas largas" que dice el propio Mariano Rajoy para mantener la esperanza de que en algún momento logrará su doble objetivo: que los socialistas se abstengan en su investidura para luego poder gobernar con el apoyo de Ciudadanos.

Como dicen en el Grupo Popular, si los 32 diputados riveristas siguen instalados en la abstención (y a la segunda) no sirven para nada, pero si evolucionan del "doble 'sí' a Sánchez registrado en marzo al compromiso de uno solo (a la segunda) a Rajoy, al PSOE le resultaría muy difícil mantener su empeño en el bloqueo ante una opción de 169 escaños.

Rajoy cifra ahora su esperanza en que Rivera sirva de palanca para mover a Sánchez

Después de la reunión entre Rajoy y Rivera, en la dirección del PP han recuperado la esperanza en poder evitar unas terceras elecciones. Cinco semanas después de los comicios del 26-J, el presidente de Ciudadanos ha empezado a admitir en público que aunque le gustaría apoyar a otro partido y otro candidato a la Presidencia, Rajoy es quien ha ganado y debe amoldarse si quiere facilitar la gobernabilidad del Estado. Además, presiona directamente a Sánchez para que se moje.

Rivera sigue en la contradicción de prestarse a negociar el techo de gasto, la senda de cumplimiento del objetivo de déficit de las Administraciones, los Presupuestos, los deberes económicos con la UE y la respuesta al desafío separatista en Cataluña, pero sin comprometerse a dar su 'sí' a la formación de un Gobierno que es la instancia última que debe aplicar esos pactos. Se vuelca en llamar a la responsabilidad a su antiguo socio Pedro Sánchez condicionando su giro personal al del socialista.

En fuentes gubernamentales reconocen que el mensaje que les llega de la vieja guardia del PSOE y lo que dicen los barones más significados es que si ponen sobre la mesa los 169 escaños del centro derecha presionarán a su secretario general para que recapacite. La cuestión ahora es cuánto tiempo necesitan ambos, Sánchez y Rivera, para moverse de sus posiciones ('no' y 'abstención técnica') una vez que empiezan a marcar distancias entre ellos.

Después de la reunión entre Rajoy y Rivera, en la dirección del PP han recuperado la esperanza en poder evitar unas terceras elecciones

De momento, en la dirección del PP han decidido mantener su actividad durante el mes de agosto con reuniones semanales, en principio los martes, de Rajoy al frente del comité de dirección compuesto por la secretaria general María Dolores de Cospedal, los cuatro vicesecretarios y los portavoces parlamentarios. La próxima semana habrá otra entrevista con Rivera, pública o privada, y el presidente del Gobierno se propone citar a otros dirigentes políticos, aunque no sean de los llamados "constitucionalistas".

Sobre las fechas posibles para la investidura, en el Gobierno no se atreven a adelantar ningún calendario. Rajoy quería haberlo resuelto en los primeros días de agosto, pero hasta que no tenga atada la abstención de los socialistas no está dispuesto a someterse a una votación en el Congreso para perder. Como repite cuando le piden una fecha, su tarea ahora es intentar formar un Ejecutivo que acabe con la anormalidad constitucional de un Estado sin Gobierno después de dos procesos electorales, no ir a una investidura condenada al fracaso. La convocatoria del pleno correspondiente depende de la presidenta de la Cámara, Ana Pastor, que tendrá que aguantar la presión de los grupos parlamentarios para que fije el día de la sesión.

 

 

 

  

 

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