DEL CONGRESO EXTRAORDINARIO DE 2014 A LA RESACA DEL 26-j

Sánchez cumple dos años al frente de un PSOE encanallado y enredado con la investidura

En 2014 se impuso a Madina gracias al empujón de Susana Díaz. Ella lidera casi desde el principio un frente crítico que se ha ido engrosando. Sánchez ha ahondado el declive del partido

Foto: Pedro Sánchez, durante su última rueda de prensa, el pasado 13 de julio en el Congreso, tras entrevistarse con Mariano Rajoy. (Reuters)
Pedro Sánchez, durante su última rueda de prensa, el pasado 13 de julio en el Congreso, tras entrevistarse con Mariano Rajoy. (Reuters)

"Aquí estamos, en pie, en marcha para cambiar España una vez más. Lo hemos hecho dos veces, vamos a hacerlo una tercera" 

 

Era un 27 de julio de hace dos años, en 2014. Solo dos años. Pedro Sánchez se dirigía a un plenario atestado. Cerraba el congreso extraordinario del PSOE, tras haber sido coronado como secretario general, como el relevo de Alfredo Pérez Rubalcaba ungido por primera vez por las bases y catapultado por el abrazo de los barones, y en concreto de una Susana Díaz que había decidido volcarse con él para amarrar su victoria frente al chico que al principio aparecía como el delfín favorito de la sucesión, Eduardo Madina. Sánchez, un joven diputado madrileño, guapo, con percha, que entonces contaba con 42 años y que había puesto un pie en el Parlamento en dos ocasiones de chamba -por la salida de dos dirigentes de relumbrón que le antecedían en las listas, Pedro Solbes en 2009Cristina Narbona en 2013-, había llegado a "cambiar el PSOE para cambiar España", para poner a su partido "en marcha" para volver a conquistar La Moncloa por tercera vez. 

El Sánchez de hoy no es el de 2014. Pueblan su cabeza más canas, surcan su rostro más arrugas, su rictus es más grave. Tiene menos frescura y más resistencia

Han pasado dos años, solo dos años, y el Sánchez de 2016 no es el Sánchez de 2014. Pueblan su cabeza más canas, surcan su rostro más arrugas, su rictus es más grave, su compostura más tensa. Ha perdido frescura pero ha ganado resistencia. Ha aprendido, para bien o para mal, qué es estar en el poder, en un potro de tortura como el de Ferraz, sin el regalo de unos buenos resultados -todo lo contrario, cosechó los peores-, sin el resuello del sosiego interno y la falta de presión externa. Sánchez cumple dos años al mando de un PSOE que no ha ganado España, que se ha empequeñecido electoralmente en escaños, que sigue lejos del Gobierno y que se ha convertido en un vulgar juego de tronos, atenazado por una guerra por el liderazgo que previsiblemente se ventilará este año, una vez que haya un inquilino en La Moncloa. Solo entonces se sabrá si Sánchez logra atravesar su enésimo Rubicón: si sobrevive y sus críticos se pliegan -siquiera temporalmente- o sale derrotado del campo de batalla. Pero antes deberá resolver el puzle envenenado de la investidura y sofocar las voces que, sobre todo desde fuera, le piden la abstención a Mariano Rajoy y al PP para evitar las terceras elecciones. 

Sánchez cumple dos años al frente de un PSOE encanallado y enredado con la investidura

Las primarias que estaban marcadas

Enero de 2014. Pedro Sánchez Pérez-Castejón (Madrid, 1972) iba reuniendo a algunos periodistas de confianza que le conocían desde hacía años, ya desde que era concejal en la capital, para trasladarles sus impresiones. Cómo en su periplo por España, contando en las agrupaciones socialistas las conclusiones de la Conferencia Política del noviembre anterior para la que la número dos de Rubalcaba, Elena Valenciano, le había reclutado, la misma que había empujado a Narbona al Consejo de Seguridad Nuclear para repescarlo para el Congreso. Sánchez relataba que algunos dirigentes, diputados, militantes, se habían fijado en él y le pedían que diera el paso en las primarias. Eran esas, las primarias, la serpiente que perseguía al entonces secretario general en cada esquina. El diputado no entraba en las quinielas, la disputa se situaba entre Eduardo Madina, Carme Chacón y Patxi López

14 de julio de 2014. Pedro Sánchez se había impuesto en las primarias internas a Edu Madina. Susana Díaz había sido su gran ayuda. Eran los tiempos de la unidad. Pronto pasaron. (EFE)
14 de julio de 2014. Pedro Sánchez se había impuesto en las primarias internas a Edu Madina. Susana Díaz había sido su gran ayuda. Eran los tiempos de la unidad. Pronto pasaron. (EFE)

Las elecciones europeas de mayo de 2014 lo cambiaron todo. Rubalcaba dimitió en diferido tras el batacazo en las urnas (23,01%, a 3,08 puntos del PP), el peor hasta entonces desde la Transición, el momento de la sorpresiva eclosión de Podemos (7,98%). El exvicepresidente convocó congreso, y no primarias, y por el sistema de un militante, un voto, el que había pedido Madina. Pese a que entonces los principales barones -menos el extremeño Guillermo Fernández Vara y el asturiano Javier Fernández- salieron en tromba para rogar a Susana Díaz a que diera el paso, ella dijo no. No rotundo, porque el parlamentario vasco, pese a sus titubeos, no se retiraba de la contienda. La presidenta de la Junta lideró entonces una 'coalición de barones' -y con Pepe Bono, y con José Luis Rodríguez Zapatero, y con Pepe Blanco- para batir a Madina. Y lo consiguió. Sánchez recabó el 48,67% de los votos de los militantes, frente al 36,25% del diputado vasco y el 15,08% de José Antonio Pérez Tapias, representante del ala izquierda del PSOE. 

Las turbulencias internas se sintieron pronto. A ellas respondió Sánchez con gestos de autoridad, como la defenestración de Gómez o el fichaje de Lozano

Sánchez ganó gracias a Díaz (pero no solo) y puede perder el trono de Ferraz (pero no solo). Las relaciones entre ambos fueron enfriándose casi desde el principio y la cohabitación se hizo cada vez más penosa. Ella discrepaba de su política comunicativa -de sobreexposición mediática para darse a conocer, sin hacer ascos al tipo de programa de televisión que fuera-, se quejaba en privado de su "inconsistencia", de que no le consultara lo suficiente, de que insistiera en ser él el candidato a La Moncloa cuando sus apoyos eran solo para ser secretario general. Él buscaba mientras su espacio propio, su autonomía, fortalecerse en el cargo, y acusaba a la baronesa andaluza y a sus detractores de no dejarle respirar. Sánchez fue perdiendo poco a poco el respaldo de los que habían sido sus valedores, que con el tiempo engrosaron la larga lista de críticos. En el camino se fueron sumando los capítulos de desencuentros, como la cena de Zapatero y Bono con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón o los gestos de distanciamiento, cada vez más palpables, entre Díaz y Sánchez.

El secretario general respondió a las turbulencias internas con gestos de autoridad. Golpes sobre la mesa como la destitución fulminante de Tomás Gómez para colocar como candidato en Madrid al exministro Ángel Gabilondo, la apuesta como líder del PSOE madrileña a la hoy cuestionada Sara Hernández, el contestado fichaje de la exdiputada de UPYD Irene Lozano para las listas del Congreso. Los críticos expresaban en cada ocasión una queja semejante: el "aislamiento" de Sánchez, su pertinaz costumbre de "no consultar" con los territorios, contrapesos capitales en un partido como el PSOE. 

Del 24-M al 20-D y 26-J

Cinco elecciones han jalonado estos dos años. En las andaluzas del 22 de marzo de 2015, el PSOE de Díaz recuperó su posición de primera fuerza y mantuvo el Gobierno gracias al apoyo de Ciudadanos. En las municipales y autonómicas del 24 de mayo, el partido aguantó como segundo, con un 25,02% en las locales, y logró aumentar su poder institucional, encabezando más ayuntamientos y cinco Ejecutivos regionales más (Castilla-La Mancha, Aragón, Valencia, Extremadura y Valencia), aparte de los dos que tenía (Andalucía y Asturias). Un resultado que permitió conquistar a Sánchez la candidatura a La Moncloa sin rivales. En las catalanas del 27 de septiembre, el PSC venció a las encuestas, pese a perder cuatro escaños. Pero el declive vino en las generales del 20-D: el PSOE pasó de los 110 escaños de Rubalcaba en 2011 a 90, del 28,76% al 22%. Sin embargo, Sánchez batió a los sondeos, y resistió

Otra de las fotos icónicas del mandato de Sánchez: su última reunión con Pablo Iglesias antes de la disolución de las Cámaras para las segundas elecciones. Era el 30 de marzo de 2016. (EFE)
Otra de las fotos icónicas del mandato de Sánchez: su última reunión con Pablo Iglesias antes de la disolución de las Cámaras para las segundas elecciones. Era el 30 de marzo de 2016. (EFE)

Porque resistir es lo que ha hecho el secretario general, especialmente desde diciembre. Él se ha probado rocoso. Los barones le ataron corto para que no dialogase con los independentistas, intentaron que no prosperase su estrategia de postergar el 39º Congreso, que tocaba en febrero. Sánchez se revolvió y sorteó el control del comité federal anunciando por sorpresa (y sin prevenir a sus críticos) una consulta a la militancia para que las bases aprobasen las alianzas. Otro gesto de autoridad. Y también consiguió aplazar el cónclave sine díe, y sin fecha sigue.

Los críticos le acusan de querer resistir a cualquier precio, de no consultar sus decisiones y actuar por su cuenta, de fracturar más que nunca el partido

El jefe de Ferraz recibió el encargo del Rey de formar gobierno tras la espantada de Mariano Rajoy. El secretario general acaparó los focos, aprovechó la encomienda para situarse en el centro y buscar un acuerdo que desde el comienzo parecía imposible: con Podemos y Ciudadanos. Los críticos callaron, le dejaron maniobrar, pero anticipaban que aquello no llegaría a buen puerto porque los dos emergentes eran y son incompatibles y que más doloroso sería el estallido de la burbuja. La investidura fue fallida y el líder solo logró trenzar un pacto con el partido de Albert Rivera, al que jamás quiso sumarse Pablo Iglesias. Conclusión: segundas elecciones

Díaz se movía, dejaba ver que estaba dispuesta a luchar por el liderazgo del PSOE. Amagó, pero no dio. Tampoco cuajó ninguna alternativa al candidato Sánchez, que renovó su nominación para las generales del 26-J. Quintas elecciones en dos años y un nuevo fracaso: 85 escaños, 22,66% de los votos. No se produjo el 'sorpasso' de Unidos Podemos que vaticinaban las encuestas. Los socialistas resistieron como segundos en sufragios y en parlamentarios, aunque a 52 diputados y 10,37 puntos del PP. 

Sánchez cumple dos años al frente de un PSOE encanallado y enredado con la investidura

Bueno y malo a la vez

El 26-J proyectó una más clara mayoría de derechas, pero no resolvió la gobernabilidad, y encima colocó en el tejado del PSOE -así lo buscó Rajoy- la responsabilidad de decidir si propicia la investidura del presidente en funciones vía abstención. La división del partido, sólo mitigada por las elecciones, reapareció. Ahora, por la hoja de ruta a seguir, pero también por la lucha subterránea por el liderazgo, que nunca desapareció y que parece destinada a ventilarse en el próximo congreso en un duelo entre Sánchez y Díaz. Los ejércitos de cada uno están ya bastante definidos, también a la espera de que pueda eclosionar una tercera vía, que algunos entrevén en el sociólogo y diputado por Teruel Ignacio Urquizu, sin apoyos orgánicos y que él niega tajantemente. La tetrarca andaluza tiene a sus pies las grandes federaciones; Sánchez, las menos poderosas, aunque jamás deja de invocar el apoyo de las bases como su principal aval. Al líder le acompaña un núcleo duro guerrero, que no es ni mucho menos toda su ejecutiva, sino una parte de ella -por el camino se perdieron parte de los representantes andaluces, o Luz Rodríguez- más su grupo de colaboradores, entre los que descollan los portavoces en Congreso y Senado, Antonio Hernando y Óscar López

En el equipo del líder defienden su "legitimidad" de origen, el aval de las bases, y reprochan a los barones que no le hayan dejado de hostigar en este tiempo

En el equipo del secretario general reconocen que en estos dos años "intensísimos", trufado de citas electorales y obstáculos internos, "lo peor sin duda ha sido el ruido de dentro", porque "debilitó a la ejecutiva, condicionó el margen de maniobra y desinfló las expectaciones electorales". Pero Sánchez, subrayan, ha aguantado y ha mantenido "la moral alta" de la tropa -"cualquier otro no habría aguantado ni un 'round'"-, hasta el punto de que algunos le consideran un buen émulo de Rajoy y su piel de elefante, y además se siente "legitimado" por la militancia que le votó en 2014 y que apoyó su pacto con Ciudadanos el pasado febrero. "Hemos cumplido el objetivo de mantener el PSOE como segundo y con su anclaje a la izquierda. Los barones no han entendido la situación del país y no han mostrado altura política. La solución no es volver a lo de antes", expone un miembro de la dirección totalmente fiel al líder. En este tiempo, él se ha reivindicado como un político "honesto", "limpio", que hace lo que dice, que cumple y que no quiso ser y no ha sido presidente "a cualquier precio"

La visión es radicalmente distinta en el bando contrario. Los críticos acusan a Sánchez de intentar su supervivencia por encima de todo y contra todos, de no hacer autocrítica alguna, de haber agravado las heridas internas. "Tras una esperanza de renovación, siguió una gestión inconsistente y sectaria -opina una dirigente que conoce muy bien el PSOE-. Es obligación de quien lidera coser y buscar unidad, y Pedro ha roto con todos: con quienes le auparon y con quienes, habiendo apoyado a Edu en 2014, le acogieron como su secretario general. Hoy el partido está más débil de lo que lo estaba con Alfredo. Y lo que es peor, más dividido". Sus detractores le acusan además de haber adulterado la democracia representativa que imperaba en el PSOE, al haber "vaciado" el comité federal, y de haber pensado solo en sí mismo y no en el bien del partido y de España. 

Sánchez cumple dos años al frente de un PSOE encanallado y enredado con la investidura

Las posiciones ya son a estas alturas irreconciliables, igual que la desconfianza entre el secretario general y los críticos es mutua, por mucho que el bucle de la investidura -que no acaba y no tiene aún fecha de fin- obligue a posponer la guerra interna. Sánchez, mientras, está recluido, se muestra huidizo, mide sus (pocas) palabras, deja todos los escenarios abiertos. Sabe que la papeleta que tiene por delante no es sencilla, y que dentro de poco librará su batalla clave (otra más): la de un congreso en el que si gana, se consolidará, al menos por un tiempo, y en el que si pierde, quizá tenga que emprender el camino de regreso a casa. A sus clases como profesor universitario de Economía o a un papel más discreto en el Congreso, si no quiere dejar su acta. Él reivindica que está "al principio" de su mandato y que pretende seguir. Sí, solo han sido dos años, pero a Sánchez le han cabido muchas vidas en ellos. Más de las que podía imaginar y más adversarios que consideran que su tiempo en Ferraz se ha extinguido. 

Sin cambios en el no al PP y a Rajoy

Tras el paréntesis de este 25 de julio, Día de Santiago, la agenda política recuperará el pulso con las audiencias del Rey en la Zarzuela, que arrancarán el martes con el representante de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, socio de los socialistas en las islas el 26-J y el 20-D. El jueves será la jornada principal, ya que el monarca recibirá por la mañana, de forma sucesiva, a Albert Rivera, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, y cerrará con Mariano Rajoy a las cinco de la tarde. Entonces se sabrá si el jefe del Estado encarga a un candidato la investidura o si decide esperar a que avancen los pactos. A día de hoy, el presidente en funciones no cuenta con los apoyos suficientes para superar el trámite. Ni en primera votación, en la que se requiere mayoría absoluta (176 apoyos), ni en segunda vuelta, a las 48 horas, donde basta cosechar más síes que noes.

Sánchez acudirá el jueves a la Zarzuela con el no por delante. No habrá cambios. Es la posición fijada por el comité federal y no ha habido nada que haga alterar esa postura, recuerdan en Ferraz. Rajoy ni siquiera ha anudado un acuerdo con Ciudadanos que tire de él hacia el sí y le acerque a la mayoría absoluta. No obstante, los barones más importantes, igual que varios notables del partido -el último en apuntarse públicamente ha sido el expresidente del Congreso y exministro de Defensa Pepe Bono en 'La Sexta noche'-, creen, aunque no lo verbalicen ante los medios, que el PSOE debería estudiar una posible abstención para evitar unas terceras elecciones solo si el PP roza la mayoría absoluta y se garantiza la estabilidad con C's y Coalición Canaria. 

El secretario general, previsiblemente, no reaparecerá públicamente hasta su entrevista con el Rey. Este domingo, lanzó un tuit de homenaje al exjefe de la Cámara Baja Gregorio Peces-Barba, fallecido hace cuatro años, "un hombre de izquierdas, un ejemplo de integridad, bondad y compromiso". 

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