ARRANCA LA CAMPAÑA DEL 26-J

El PSOE, entre la incredulidad y el 'shock', acusa al CIS de tirar demasiado de 'cocina'

Los dirigentes socialistas, en Ferraz y en las federaciones, prefieren no creerse los datos del macrosondeo público, sobre todo por la proyección de escaños. Quedar tercero hundiría al partido

Foto: Pedro Sánchez y su mujer, Begoña Gómez, en el arranque de campaña, en la plaza de Pedro Zerolo de Madrid. Detrás, un gigante 'sí' hecho con flores. (EFE)
Pedro Sánchez y su mujer, Begoña Gómez, en el arranque de campaña, en la plaza de Pedro Zerolo de Madrid. Detrás, un gigante 'sí' hecho con flores. (EFE)

Arranque aciago de campaña para el PSOE. No podía ser de otra manera. Una mala encuesta, otra más. Y esta vez la del CIS, el oráculo demoscópico que otra vez se mostró adverso. Más incluso que en diciembre. Entonces, el organismo público mantuvo al menos al PSOE como segunda fuerza. Ahora no: su macrosondeo vaticina el 'sorpasso' en votos y escaños de Unidos Podemos, en línea con la tendencia de encuestas privadas. Los pésimos datos sobrecogieron, deprimieron e inquietaron a los socialistas, que sin embargo insistieron en que el CIS no era creíble, ni era correcta la asignación de escaños por el margen de error, que en algunas provincias superaba el 7%. Y aún confiaban en que el voto indeciso, del 32,4%, se inclinara a su favor, y en que sobre todo se movilizara el elector socialista clásico.

"El socialismo nunca es resignación, es lucha. Sabemos mejor que nadie que el futuro no está escrito", intentó animar el candidato, B, a unas desfondadas (y poco numerosas) bases congregadas en la céntrica plaza de Pedro Zerolo de Madrid, en un deslucido acto de apertura de campaña cerrado antes de las 21:30. El secretario general cruza los dedos para que la afirmación que repite machaconamente, este jueves también, que el PSOE está "en mejores condiciones" que el 20-D, se cumpla.

[Consulte aquí en PDF la encuesta preelectoral del CIS]

La macroencuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizada entre el 4 y el 22 de mayo, vaticinó un hundimiento del PSOE a escasísimas horas del pistoletazo inicial de la campaña. No tanto en votos -pasaría del 22% del 20-D al 21,2% el 26 de junio-, pero sí en escaños, ya que podría perder hasta 12 de sus 90 diputados actuales. Se quedaría entre 78 y 80 actas, por las 88-92 de Unidos Podemos y el 25,6% de los sufragios. Si en las siguientes generales se confirmaran estos datos, el suelo de los socialistas no solo retrocedería más aún -el de diciembre ya fue su peor resultado histórico en democracia-, sino que perdería por primera vez la etiqueta de fuerza hegemónica de la izquierda. Resultado, una crisis profunda y sin precedentes, cuya primera consecuencia sería, previsiblemente, la caída (voluntaria o forzada) de Pedro Sánchez como secretario general y de toda su dirección. 

Los socialistas intentan movilizar a su electorado clásico y confían en que se vuelque a su favor parte del 32,4% de españoles que aún no ha decidido su voto

Pero ni en Ferraz ni en las federaciones se quieren situar aún en esa tesitura. Una aritmética que encima dejaría al PSOE como árbitro, decisivo para facilitar el Gobierno al PP -vía abstención- o para aupar a la presidencia del Gobierno a Pablo Iglesias. Toda una "bomba atómica" para un partido con 137 años de historia, en palabras de un conocido dirigente, y que nadie quiere acabarse de creer del todo. Quedar terceros, como se analiza de puertas para dentro, sería "el principio del fin del PSOE, tal y como lo conocemos hoy". Pero ni críticos ni cercanos con Sánchez desean que eso ocurra. La crisis sumiría al PSOE en una crisis insondable. 

El PSOE, entre la incredulidad y el 'shock', acusa al CIS de tirar demasiado de 'cocina'

Aún "hay partido"

La dirigencia socialista intentó levantar un cortafuegos tras el mazazo del CIS, convencerse de que aún "hay partido" hasta el 26-J. Distintos cuadros, de Ferraz o de federaciones de peso, buscaban aferrarse a cualquier esquina de esperanza, sin esconder desde luego el "desánimo" del que ha venido hablando Sánchez en los últimos días. En el comité electoral remarcaban que la estimación de voto para las próximas generales, 21,2%, es algo mejor que la calculada por el propio CIS para el 20-D (20,8%), o que todavía hay un 32,4% de ciudadanos que no ha decidido aún su voto (era un 41,6% en el anterior macrosondeo), o que un 9,4% duda entre PP y PSOE, otro 7,5% entre PSOE y Unidos Podemos y otro 8,9% entre PSOE y Ciudadanos, lo que demostraría que hay "varios caladeros que explorar". O que es el partido preferido por los electores -un 18% declara su simpatía hacia la formación dirigida por Sánchez-. 

Ferraz se agarra a que el PSOE es el partido preferido. Los territorios remarcan que el margen de error provincial del CIS es demasiado alto

En los territorios, sorprendió menos el porcentaje de voto estimado, 21,2%, frente al de Unidos Podemos, 25,6%, porque se entiende como congruente con lo que ya venían apuntando las encuestas de institutos privados. Lo que encaja menos, según las fuentes consultadas, es la proyección de escaños. El CIS vaticina que el PSOE perdería dos escaños en Andalucía (cae uno en Sevilla, otro en Almería y otro en Jaén, pero ganaría uno por Málaga), dos en Euskadi (en Vizcaya, el de Patxi López, presidente del Congreso, y el de Álava), y uno en Baleares, Santa Cruz de Tenerife, Toledo, Badajoz, Pontevedra y Soria, y se disputa con Podemos un representante en Teruel y otro con el PP en Ávila. De ahí que retroceda de los 90 diputados del 20-D a los 78-80 del CIS. No llegaría a ganar en ninguna comunidad. Todo lo más, empataría con el PP en dos de sus feudos históricos, Andalucía y Extremadura. 

En las federaciones se recela de los datos ofrecidos por el organismo público porque, pese al enorme volumen de la muestra (17.488 entrevistas), el margen de error en cada circunscripción es mucho más alto que en el conjunto de la muestra (±0,76%), en algunas provincias alcanza o supera el ±7%. La conclusión que extraen los cuadros territoriales es que "varios escaños bailan por muy pocos votos" y que por tanto "hasta el rabo todo es toro". En Ferraz y en las federaciones se insiste asimismo en que la foto del CIS está "pasada", porque el estudio de campo está contaminado por el "efecto burbuja" de la firma de la coalición de Podemos e IU, en palabras de César Luena, secretario de Organización y coordinador general de la campaña. 

El PSOE, entre la incredulidad y el 'shock', acusa al CIS de tirar demasiado de 'cocina'

"Encuesta tras encuesta y elección tras elección, se puede demostrar que el CIS, de manera sistemática y desde que gobierna el PP, infravalora siempre los resultados del PSOE. Esta es una dinámica que se puede comprobar", apuntó el número dos del PSOE. Sánchez sacó del maletín de campaña la frase a la que recurre cuando le preguntan por la mala marcha de los sondeos: "Los españoles tratan mejor a los socialistas que las empresas demoscópicas", señaló en un coloquio organizado por la revista 'Mongolia' en el teatro Luchana de Madrid. Durante su mitin posterior no vertió críticas sobre el CIS y pidió no hablar "ni de encuestas, ni de sillones". Susana Díaz, desde Sevilla, se dirigió a los que "se emborrachan de encuestas" advirtiéndoles de que "el PSOE es mucho PSOE". Claro que no es el mismo PSOE en toda España, ni con la misma fortaleza de que ha gozado históricamente en Andalucía. 

¿Qué puede pasar?

¿Qué efectos puede tener el CIS? Dirigentes cercanos y más alejados de Sánchez reconocen que puede aumentarse la polarización entre PP y Podemos, y que una parte de los votantes visualice que el voto útil para echar a Mariano Rajoy de La Moncloa pasa por Pablo Iglesias. Pero también consideran que la mera hipótesis de que la alianza de izquierdas quede por delante puede movilizar al votante clásico del PSOE. "Tendríamos que hacer ver que, puesto que la derecha no suma, los electores tendrán que elegir entre dos posibles presidentes, o Pablo o Pedro", opina un dirigente regional. No lo comparten desde el comité electoral: entienden los estrategas de Ferraz que hay que rehuir cualquier "llamada al voto útil" a favor de Unidos Podemos, por lo que no creen conveniente que Sánchez deje claro que no hará a Iglesias jefe del Ejecutivo. 

Los cuadros socialistas admiten que la encuesta ayuda a polarizar entre PP y Podemos, pero confían en que revuelva a sus votantes y les anime a votar

Los socialistas confían en que los próximos 15 días ayuden al partido y al candidato, y recuerdan que en las campañas siempre fluye de menos a más. Pero por lo pronto hundió su moral en el arranque en Madrid. Sánchez llegó a la recién renombrada plaza de Pedro Zerolo en Madrid acompañado de su esposa, Begoña Gómez. Medio millar de personas congregadas (1.000, según la organización). Ni la mitad de la plaza ocupada. El ambiente en el auditorio, plomizo, frío, casi distante. Pocos aplausos y nada de corear el clásico "¡presidente, presidente!". Se notaba que el ánimo estaba bajo, que el CIS había caído como una losa. 

El PSOE, entre la incredulidad y el 'shock', acusa al CIS de tirar demasiado de 'cocina'

El propio candidato parecía acusar la punzada de las encuestas. Enhebró un discurso menos apasionado que en otras ocasiones, y con pocos mensajes nuevos. Sánchez hizo un llamamiento a los "socialistas de corazón y a los progresistas" para acudir a las urnas el 26-J y apostar por el PSOE: "Nunca como hasta ahora España ha necesitado a los socialistas, a los progresistas. Si nos unimos, habrá cambio, habrá Gobierno y Mariano Rajoy será historia". "El cambio está en nuestras manos", proclamó, insistiendo en que es clave que los electores socialistas se movilicen. Y para eso el PSOE encarna la opción "más honesta", frente a la "política del miedo y del bloqueo" del PP y la de aquellos que "quieren romper con todo", en alusión a Podemos. Su partido tiene "proyecto y equipo" para liderar el cambio, con figuras como Ángel Gabilondo -que ofició de telonero, como en tantas otras ocasiones-, Jordi Sevilla y Alfredo Pérez Rubalcaba. "La nueva política la ha hecho un viejo y joven partido como el PSOE", reivindicó, frente a los dos emergentes. 

Sánchez apela a "los socialistas de corazón y progresistas" para "unirse" al proyecto del PSOE en un mitin desangelado, poco numeroso y frío

"El socialismo nunca es resignación, es lucha. Sabemos mejor que nadie que el futuro no está escrito, que en democracia el futuro se escribe con el poder de los votos. El cambio está en nuestras manos. A la tercera [después de las dos votaciones de investidura, el 2 y el 4 de marzo] va la vencida. A por ello", gritó al final de su mitin. 

Quizá quien mejor describió el reto del PSOE fue Gabilondo, que tiró de humor... y de latín. Recordó que del verbo latino 'movere' emanan nuestros 'mover', 'movilizar', 'emocionar' y 'moverse', las acciones que "son la razón de ser del PSOE". "Somos la moderación, el punto de encuentro entre dos bloques. Quien quiera una sociedad sin extremismos, que nos busque". Y, citando a Marco Aurelio, subrayó que "la mejor manera de defenderse de ellos", de los extremismos, es "no reproducir lo que son". "Queremos líderes, no caudillos", arengó el portavoz en la Asamblea de Madrid, en clara crítica a Iglesias. 

Gabilondo pidió a la deprimida parroquia socialista dejarse de "tontunas, lamentos y tibieza", para sacar coraje, "entereza e integridad" (que también vienen de una misma raíz latina). No será fácil con el chaparrón de las encuestas a la contra. Más cuando el PSOE se juega su ser. Y Sánchez, su cabeza.

De la apertura en una plaza simbólica a una pegada de carteles virtual y en movimiento

Pedro Sánchez eligió para abrir campaña la simbólica plaza de Pedro Zerolo, en el corazón del barrio madrileño de Chueca, a dos pasos de la Gran Vía. Este 9 de junio hacía un año que el edil falleció de cáncer. Un mural con una caricatura del activista presidía el escenario, con la leyenda: "Desde aquí veo cómo seguís luchando". Otro enorme '', a juego con el eslogan de campaña ('Un sí por el cambio') confeccionado con flores multicolores llenaba el espacio. 

El candidato animó a seguir "el ejemplo" de Zerolo y calificó la plaza dedicada al socialista -hasta el 14 de mayo, llamada de Vázquez de Mella- como "el kilómetro cero de la igualdad". "Pedro es laicidad, libertad, igualdad", proclamó por su parte la secretaria general del PSOE-M, Sara Hernández. 

Los socialistas abrieron campaña bastante antes de la medianoche por primera vez. El acto concluyó a las 21:30. No hubo pegada de carteles como tal protagonizada por el candidato. El partido lo sustituyó por un vídeo que difundió por las redes sociales pasada la medianoche, y en el que se pide "votar sí al PSOE y al cambio". 

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