mañana lo ratificará el consejo ciudadano

Podemos: mano de hierro de Echenique contra corrientes internas y el centralismo

La transición está limitada por los estatutos del partido, pero la intención del nuevo secretario de Organización es dotar de más autonomía a los territorios hasta una nueva asamblea

Foto: Pablo Echenique y Pablo Iglesias, durante la rueda de prensa posterior a la reunión del secretario general con los líderes autonómicos. (EFE)
Pablo Echenique y Pablo Iglesias, durante la rueda de prensa posterior a la reunión del secretario general con los líderes autonómicos. (EFE)

La dirección de Podemos ratificará mañana en su consejo ciudadano estatal, máximo órgano de decisión del partido entre asambleas, a Pablo Echenique como nuevo secretario de Organización, en sustitución del cesado Sergio Pascual. El aragonés defenderá una propuesta que en líneas generales apuesta por la descentralización del partido, un modelo menos dependiente de Madrid y que permita una mayor autonomía a los territorios, antes de someterse a votación su nombramiento. Si bien los errejonistas cuentan con mayoría en el consejo, ya han avanzado que no bloquearán su elección por tratarse de una persona de consenso, pero sí dejarán constancia de su discrepancia con el cese del cargo.

El modelo de partido nacido en Vistalegre se orientó hacia la construcción de una organización política clásica, vertical y muy centralizada con el único objetivo temporal de afrontar el ciclo electoral. Una maquinaria de guerra electoral, como lo denominó su autor intelectual, Íñigo Errejón. La transición está limitada por los estatutos del partido, sin cuya revisión difícilmente se podrán realizar grandes cambios en el modelo organizativo, pero la intención del nuevo secretario de Organización es ir abriendo camino en esta dirección. Sin embargo, su simple nombramiento supone un salto cualitativo, al romperse la dinámica de que el núcleo fundador copase los puestos de dirección.

El secretario general de Podemos en Aragón, Pablo Echenique. (EFE)
El secretario general de Podemos en Aragón, Pablo Echenique. (EFE)

El simbolismo de Echenique quiebra la dependencia de Podemos del grupo originario. “Desmadrileñiza” el partido, en palabras de Errejón. Por otra parte, el aragonés encabezó junto a la secretaria general andaluza, Teresa Rodríguez, y el grupo alternativo a la promotora en el congreso fundacional, lo que le otorgó un aura de crítico y un amplio apoyo entre las bases, pues siempre mostró una mayor sensibilidad hacia el papel de los círculos y los procesos participativos. Su no presencia en el Congreso de los Diputados también le permite huir más fácilmente de la lógica parlamentaria para estar más pegado al terreno.

El propio número dos del partido, Íñigo Errejón, comparte a grandes rasgos el giro que capitaneará Echenique. Esta semana ha insistido varias veces -en rueda de prensa, en un vídeo colgado en redes sociales y rescatando de los archivos su ponencia en la universidad de verano del partido- en su intención de enterrar la maquinaria de guerra electoral para dar paso a un “movimiento popular”. Entre sus propuestas, destaca la creación de una estructura de partido federal, según recalcó este martes, “con una mayor raigambre en el territorio”.

"La única innovación de largo alcance y no coyuntural que Podemos puede encarnar es la organizativa"

La preparación del consejo se ha centrado en orientar la mayor parte del debate a las negociaciones de investidura, sobre cuya estrategia no existen fisuras internas. Las diferentes corrientes apoyan la propuesta de un 'Gobierno a la valenciana', y el relevo de Errejón por Iglesias al frente del equipo negociador responde más a la necesidad del secretario general de blanquear su imagen, tras la “cal viva”, que a las supuestas diferencias a la hora de encarar la estrategia negociadora.

La discusión interna sobre le modelo organizativo se aplazará formalmente hasta después de la investidura, aunque también habrá tiempo en el consejo para dejar claras las posiciones en los informes políticos que, al menos, presentarán Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Pablo Echnique. Este último ya esbozó en un artículo publicado en su blog personal, con el título 'Remake de una tragedia o el partido del futuro', su postura sobre los comportamientos y dinámicas que deben erradicarse o fomentarse en el plano organizativo. Y es que apunta que “la única innovación de largo alcance y no coyuntural que Podemos puede encarnar es la organizativa”.

Superación de las corrientes internas

Para Echenique no caben términos medios. “O somos un objeto organizativo radicalmente distinto de los que nos han precedido o el destino es la normalización (más o menos lenta)”, advierte en el texto, enmendando la plana al partido clásico desarrollado en Vistalegre. “El poder normalizador de las instituciones a las que ya estamos accediendo y del 'stablishment' que teje sus redes de intereses en torno a ellas es tan grande que no hay más opciones que el todo o nada”, añade.

La oposición a la creación de corrientes internas es un principio que Echenique comparte con Iglesias. Este último lo dejó claro en la carta dirigida a la militancia que precedió al cese de Pascual: “En Podemos no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos y los recursos; pues eso nos convertiría en aquello que hemos combatido siempre: un partido más. Debemos seguir siendo una marea de voces plurales, donde se discute y debate de todo, pero sabiendo que la organización y sus órganos son instrumentos para cambiar las cosas, no campos de batalla”.

En el documento antes citado, Echenique alerta asimismo sobre “las dinámicas de confrontación y de creación de frentes, a veces sin ningún motivo político sustancial detrás”. Tampoco aprueba que se tienda a “una identificación de grupos o personas de Podemos como quasi-enemigos políticos, dedicándoles más tiempo de debate y de pensamiento a veces que a los adversarios políticos externos (casi siempre mucho más reales)”. Del mismo modo, define como dinámicas perniciosas “la conformación de grupos de trabajo y equipos en función de afinidades personales, de lealtades de bloque o de 'quid pro quos', así como “la creación de grupos de intereses que actúan de una manera coordinada sin que el resto de la organización lo sepa”.

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