rajoy y rivera asisten a la pelea de la izquierda

Iglesias da su primer mitin para el 26-J con un ataque frontal a Sánchez y al viejo PSOE

Un debate de investidura en el que muy pocos han creído: la mayoría lo ha entendido como el pistoletazo de salida para volver a negociar o preparar las nuevas elecciones

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias. (Reuters)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias. (Reuters)

"Cal viva", "miserables", "cobarde", "cultura del pelotazo...". Pablo Iglesias se ha subido a la tribuna del Congreso para dar el primer mitin de campaña con vistas al 26-J. Sin megáfono en mano, pero con un tono 'quincemayista' traído directamente de las asambleas de Podemos, Iglesias centró sus ataques en el líder socialista y en lo que su partido representa, hasta el punto de querer reivindicar la memoria del "verdadero Pablo Iglesias", el fundador del PSOE. Mientras Sánchez encajaba los golpes una y otra vez, y tendía la mano para poder salvar su investidura y su propio futuro "a partir de la próxima semana", Mariano Rajoy y Albert Rivera asistían casi de convidados de piedra y tan estupefactos como Guindos, Alonso y Tejerina contemplaban el beso en la boca de Iglesias y Domènech a lo Honecker y Breznev.

La intervención de Pablo Iglesias ha sido un auténtico mitin de campaña, destinado a seguir socavando los votos a la izquierda del PSOE y aprovechando que Sánchez le ha dejado esa autopista abierta al llegar al debate con un acuerdo de gobierno con Ciudadanos, que hasta hace dos semanas era "la marca blanca del PP" para el argumentario de Ferraz. Con un discurso muy bien estructurado -"indignado", según Rivera-, Iglesias no ha dejado títere con cabeza, aunque ha centrado sus ataques en Sánchez y en la historia del PSOE. Sabiendo que este año hay elecciones en el País Vasco, y que Otegi será su rival allí y su más que probable aliado luego, ha tenido el mismo recordatorio a los sucesos de Vitoria que el líder de Batasuna tras salir ayer de la cárcel.

Al PP le ha recordado que "siete ministros de la dictadura" estuvieron en su fundación, y repitió los ataques por violar los derechos humanos con las leyes de desahucios y los recortes públicos. Asimismo, aseguró que "el PP sí es un partido corrupto" y lo atacó por compararles "con el coco" (Margallo) y por que "ETA sería feliz si Podemos gobernara" (Fernández Díaz), para terminar preguntando a Rajoy si "tiene un Mario Monti guardado en el armario".

Iglesias da su primer mitin para el 26-J con un ataque frontal a Sánchez y al viejo PSOE

Pero los ataques del mitin de campaña de Iglesias se centraron en un Pedro Sánchez que no paraba de hacer gestos desde su escaño ante las invectivas del líder de Podemos mientras la bancada socialista empezaba a encenderse y a abuchear constantemente el discurso de Iglesias. El 'broncómetro' se disparó cuando en una de las réplicas, Iglesias mencionó directamente a Felipe González -quien se ha manifestado reiteradamente contra un acuerdo con Podemos- para relacionarle otra vez con los crímenes "de la cal viva".

Por mucho que Sánchez, en sus réplicas, insistiera en "tender la mano" e incluso "negociar" y votar algunos aspectos fuera del pacto acordado con Ciudadanos -ninguneando a Rivera, que ponía caritas en su escaño-, la sensación que ha quedado de la bronca es que Pablo Iglesias tiene muy claro que en unas nuevas elecciones seguirá ganando votos de la izquierda del PSOE, por lo que Sánchez Castejón solo tiene tres opciones: o pacta un nuevo Gobierno con Podemos y la izquierda más la ayuda de Compromís y la abstención de los nacionalistas (Iglesias le ha repetido varias veces que esa fórmula suma más que PP con Ciudadanos); o permite un Gobierno de los populares con Ciudadanos que se negocie en los próximos dos meses, o, finalmente, se acude a unas nuevas elecciones para las que Iglesias dio ayer el primer mitin con el PSOE puesto en su diana.

Rajoy da esperanzas a sus huestes

¿Y Rajoy? El presidente en funciones abrió la sesión con un duro ataque a Sánchez y su "investidura de ficción". Haciendo gala -por fin, pensaron algunos de sus correligionarios- de su fama de buen parlamentario, se empleó con ironía -"el pacto de los Toros de Guisando"- y descubrió las vergüenzas aritméticas de un pacto de "no investidura" que no sumaba más que 130 escaños. Rajoy volvió a insuflar algo de aliento a sus alicaídas huestes, que llevaban un mes de espectadores, y acusó a Sánchez de mentir "al Rey y a los españoles", y dejó entrever que de las reuniones con Felipe VI ha quedado un regusto amargo en la relación entre Génova y Zarzuela.

Lo malo para Rajoy es que el cuerpo a cuerpo del día derivó luego en un combate Iglesias-Sánchez que le dejó a él casi de convidado de piedra y con ganas de fajarse, pero el de hoy no era su tiempo. Quizás a partir del lunes... si decide jugársela, aunque como le dijo a Cameron, él -como Iglesias- lleva mucho tiempo pensando en las elecciones del 26-J. Sigue convencido de que unas nuevas elecciones no castigarán al PP y, tras el debate, ha lanzado un mensaje a su bancada: continúa en plena forma parlamentaria y todo apunta a que él sería el candidato. Salvo que tenga un Monti en el armario...

Rivera, dispuesto a cambiar de caballo... sin Rajoy

Por su parte, Albert Rivera -"la naranja mecánica", Iglesias 'dixit'-, asistía cabeceando al cruce de ataques entre PSOE y Podemos, del que de vez en cuando se escapaba algún guantazo dialéctico -Garicano, asesor de FAES, por mucho que el economista se desgañitara en su Twitter negando haber trabajado "ni un minuto" para la Fundación de Aznar; las comparaciones con Millán Astray; el amigo del Ibex...-. Cuando llegó el turno de su intervención, hacía tiempo que el climax había pasado. Las tribunas estaban mucho más calmadas y la intervención del líder de Ciudadanos pasó sin pena ni gloria...

Todos parecían saber que el pescado estaba vendido, que los 40 escaños de Ciudadanos no sumaban para un acuerdo de investidura y miraban ya hacia la semana próxima. En la votación de hoy, el pacto será rechazado. También en la del viernes. Ciudadanos era ya prescindible en este momento político y debía pensar también en unas nuevas negociaciones. Ni los gritos de 'Visca Catalunya lliure" que interrumpieron su discurso en catalán y la respuesta de "Visca Catalunya lliure de corrupció" sirvieron para levantar su intervención. 

Eso sí, y pensando ya en las próximas negociaciones, le reconoció a Rajoy el trabajo económico y le empezó a poner condiciones (educación, aforamientos) para negociar con los votantes del PP. "Usted no es creíble", pero sí pidió coraje y valentía a otros "dirigentes del PP, que me consta que los hay". Todos miran ya, como poco, a la próxima semana. Muchos, al 26-J. Muy pocos, a un verdadero debate de investidura que nacía muerta porque la aritmética es testaruda.

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