EL DIFÍCIL CAMINO HACIA LA FORMACIÓN DE UN NUEVO GOBIERNO

Los militantes dan oxígeno a Pedro Sánchez para encarar una investidura imposible

Una participación de casi el 52%, más alta de lo previsto, y un respaldo del 79%, sirven como potente aval del acuerdo con Rivera. Pero las matemáticas del Congreso siguen estando en su contra

Foto: Pedro Sánchez y el alcalde de Alcalá de Henares, Javier Rodríguez, en la presentación del acuerdo con Ciudadanos en su encuentro con militantes el pasado 26 de febrero en la ciudad complutense. (EFE)
Pedro Sánchez y el alcalde de Alcalá de Henares, Javier Rodríguez, en la presentación del acuerdo con Ciudadanos en su encuentro con militantes el pasado 26 de febrero en la ciudad complutense. (EFE)

Era de José Luis Rodríguez Zapatero de quien se decía en el PSOE que había nacido con baraka. Con suerte. A Pedro Sánchez quizá haya que endosarle una etiqueta semejante a la espalda. Un secretario general aupado por el impulso de las bases y de los aparatos en 2014 siendo hasta entonces un perfecto desconocido, un líder cuestionado permanentemente, un jefe de filas a quien se le vio acorralado poco después de las generales... Pero Sánchez ha sabido rehacerse y sobrevivir. Y salir indemne de un envite que se le podía haber torcido en el último momento: la consulta a la militancia. Planeaba la pesadilla de una pésima participación y no fue así. El secretario general arriesgó y ganó su apuesta. Las bases respondieron pese a la premura de los plazos: un 51,70% acudió a votar y el sí a su pacto con Ciudadanos recibió un rotundísimo respaldo, del 78,97%. Datos por los que la dirección, que temía que una débil movilización hiciera naufragar su apuesta, se declaró "razonablemente satisfecha". Sánchez pidió a los suyos un sí "claro y rotundo" a su entente con Albert Rivera. Y la tuvo. 

Eso se traduce en oxígeno para Sánchez. Aire para su liderazgo y para una investidura que, sin embargo, sigue igual de complicada. O imposible. Porque el candidato sigue sin disponer de los apoyos suficientes para salir elegido presidente del Gobierno, ni siquiera en segunda votación. Necesitaría la abstención bien del PP, bien de Podemos. Hoy por hoy, ese escenario es impensable. Aunque la política cambia a la velocidad de la luz, y una semana es mucho. Más aún si se cuenta con un escenario a más de dos meses vista, antes de la disolución de las Cortes, el próximo 3 de mayo, si no hay un nuevo Ejecutivo. 

[Consulta aquí en PDF los resultados provisionales de la consulta del PSOE]

Sánchez dio un puñetazo sobre la mesa el pasado 30 de enero. En el último comité federal. Había perdido su apuesta por el congreso, había aceptado la fecha que querían los barones críticos, a mediados de mayo, antes de una presumible repetición de las generales. Se sacó el as de la manga: la consulta a las bases. Así conseguía un potente salvoconducto para recibir el aval al acuerdo que fuera capaz de tejer. Así lograba sortear el obstáculo de los barones críticos, algunos recelosos de cualquier entendimiento con Podemos, otros con posturas más matizadas y todos ellos convencidos de que la investidura no podía depender de la abstención de las fuerzas independentistas. Sánchez apretó el "botón nuclear" (así lo llaman algunos de sus contrarios), el recurso a la militancia, con la intención de revalidar su liderazgo y disponer de la fuente originaria de legitimación en el difícil intento de conquistar La Moncloa. 

Los militantes dan oxígeno a Pedro Sánchez para encarar una investidura imposible

Acuerdo "abierto" y "de izquierdas"

Tras cuatro semanas de negociaciones, el tiempo apremiaba y Sánchez tenía que cumplir su promesa: llevar algún bocado a las bases antes de subir a la tribuna del Congreso para defender su investidura. Firmó un pacto con Ciudadanos en el que se dejó pelos en la gatera y que espantó a los grupos a su izquierda: Podemos, IU y Compromís. El acuerdo, que defendió como "abierto", "de izquierdas" y "progresista", cegó abruptamente sus posibilidades de salir elegido. 

En las federaciones críticas no interesaba un revés al líder a tres días del pleno de investidura, y primó la "cultura de partido". Pero el entusiasmo fue menor

Con todas esas piezas en el tablero se convocó la consulta. 189.256 militantes llamados a participar -y no 189.167, la primera cifra dada por Ferraz que corrigió este sábado-, de los cuales 13.699 habían demandado el voto a través de la plataforma online miPSOE. En los últimos días, tanto Ferraz como las federaciones habían palpado una fuerte desmovilización de las bases. Los barones críticos, a excepción del extremeño Guillermo Fernández Vara, habían rehusado adelantar el sentido de su voto -con el argumento de que dado que el secretario general había apelado a los afiliados, ellos debían tener la palabra y no sufrir "interferencias"- y movilizar a su feligresía. De camino se había cruzado la hostilidad de los presidentes de diputación socialistas, indignados muchos de ellos con un acuerdo con Ciudadanos que promete suprimir las instituciones provinciales para sustituirlas por consejos de alcaldes. 

Papeleta de voto en una agrupación de Zaragoza, este 27 de febrero. (EFE)
Papeleta de voto en una agrupación de Zaragoza, este 27 de febrero. (EFE)

Había un peligro cierto de que la consulta se volviese en contra de Sánchez. Que fuera su órdago y su trampa. Pero al final no lo fue. Ferraz agitó a los suyos en las federaciones afines, y en las contrarias a los barones tampoco les interesaba que ganase el no al acuerdo con C's, ni que sus territorios, los de mayor peso, destacasen por una abultadísima abstención. Pero tampoco se volcaron. Como confesaba uno de los líderes autonómicos a este periódico horas antes del cierre de las urnas, al final en el PSOE se impone "la cultura de partido", y abocar al candidato a un revés ya insuperable a sólo tres días del pleno de investidura podría tener consecuencias imprevisibles. Es decir, que imperó el sentido común y el respeto al líder más que el afecto a un jefe cuestionado. 

Quince puntos menos que en 2014

Ningún portavoz valoró los datos en la noche del sábado, tras conocerse el escrutinio -lo hará el número dos, César Luena, hoy domingo en un acto en Vallecas, Madrid-, pero la dirección se mostró "satisfecha". Respiró. La participación superó la mitad del censo (51,70%) cuando se esperaba mucho más baja (del 30-40%), y el sí al acuerdo fue incontestable (78,97%), con el 97,88% de los votos escrutados. Los datos, además, fueron homogéneos. El apoyo a la alianza con Albert Rivera ganó en todas las federaciones -la horquilla osciló entre el 63,65% de Aragón y el 90,62% de Euskadi- y en todas las provincias salvo en Huesca -allí venció el no por un 56,68%-. El 51,70%, aunque sepa a poco, supera con creces los datos de las últimas consultas de Podemos, recordaban en Ferraz: el del programa de la formación morada para las generales, por ejemplo, se quedó en el 4%

La movilización, del 51,70%, fue no obstante inferior al de la consulta precedente, las primarias de julio de 2014. En aquella ocasión, un 66,76% de las bases para elegir a su secretario general entre tres candidatos, Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. Ni en Ferraz ni en las federaciones anticipaban que se repitiese ese éxito, porque hace dos años hubo competición y una larga campaña y el partido estaba tensionado. Ahora la ejecutiva se dirigía a los afiliados con una pregunta ambigua -y no exenta de críticas- para que respaldara la entente con Ciudadanos, que por sí misma es insuficiente para conseguir la investidura.

Los 90 escaños de los socialistas, los 40 de Rivera y el apoyo de la única diputada de Coalición Canaria no sirven para que Sánchez salga elegido ni en la primera ni en la segunda votación, 48 horas después. Dicho de otra forma, se preguntaba a la militancia por un acuerdo que no suma, y en un plebiscito exprés convocado el miércoles y sin apenas campaña informativa. Una "tomadura de pelo" para los críticos. Un ejercicio "histórico" de democracia interna en el PSOE, elogiaba Sánchez y con él su equipo. El líder salió a animar a los suyos a votar "con orgullo", porque el pacto es un proyecto "coherente con los grandes principios socialistas de igualdad, libertad, justicia social, paz y fraternidad".

Sánchez había pedido a su militancia un "sí rotundo y claro" al pacto, porque es un proyecto "coherente" con los principios y valores socialistas

Los datos tienen claroscuros. Para todos. Si se calcula el apoyo sobre censo, los 73.940 síes representan un 39,07% sobre el censo total de 189.256 militantes. El rechazo al acuerdo fue mayor en cuatro de las seis federaciones más críticas con Sánchez: Andalucía (24,01%), Asturias (24,25%), Extremadura (21,56%) y, sobre todo, Aragón (36,35%). También destacó el no del sufragio online (24,17%). Ello indica un cierto voto de protesta en cuatro territorios de peso, todos ellos con presidente autonómico socialista. En Valencia (18,77%) y Castilla-La Mancha (19,54%), también no alineadas con Sánchez y sí más cercanas a la andaluza Susana Díaz, el volumen de rechazo fue menor a la media (21,03%). 

 

Otra conclusión significativa: los 73.940 síes son 9.824 votos más que los que obtuvo Sánchez contra Madina y Tapias en 2014 (fueron 64.116), con una participación este 27-F 15 puntos menor. Y eso que en esta ocasión los aparatos regionales más poderosos no se movilizaron a su favor, como sí ocurrió hace dos años.

El agujero negro de Huesca

El apoyo más cerrado a Sánchez se dio, como cabía esperar, en las federaciones que le son más leales: Euskadi (90,62% de síes y la participación más elevada, un 70,03%), Murcia (89,50%) y La Rioja (88,91%), la región de la que aún es secretario general el responsable de Organización y número dos del líder, César Luena. En Cataluña, la comunidad de más peso en militantes de todas las que son fieles a Sánchez, el respaldo fue del 79,04%, en la media, aunque la participación cayó hasta el umbral más bajo, 31,32%

Los datos son bastante homogéneos: el sí oscila entre el 63,65% de Aragón al 90,62% de Euskadi. En todas las federaciones se impone el respaldo al acuerdo

El no al acuerdo sí se impuso en Huesca, pero no en otras dos provincias, Jaén y Zaragoza, cuyos presidentes de diputación, Paco Reyes y Juan Antonio Sánchez Quero, habían anunciado públicamente su voto contrario. El PSOE gobierna 18 diputaciones (Cádiz, Córdoba, Granada, Jaén, Huelva, Sevilla, Cáceres, Badajoz, Albacete, Ciudad Real, Toledo, Valencia, Soria, Huesca, Zaragoza, A Coruña, Lugo y Pontevedra), y en su mayoría los jefes de las mismas se habían mostrado recelosos de la alianza con C's. Pero en todas, salvo en Huesca, se impuso el sí. Los datos, por tanto, dejan en peor posición al jefe del Ejecutivo aragonés, Javier Lambán, tanto por la cifra de rechazo al pacto en su comunidad, la mayor (36,35%), como por el agujero negro de una de sus tres provincias donde ganó el no. 

Los militantes dan oxígeno a Pedro Sánchez para encarar una investidura imposible

Sánchez ya sabe que tendrá libre el camino hacia la investidura. Aunque será el comité federal del lunes el que bendiga definitivamente el acuerdo con Rivera -es el órgano que estatutariamente tiene la potestad de decidir la política de alianzas-, no es previsible que se escuchen discrepancias. Y menos a 24 horas de que defienda su investidura en el Congreso. El voto de la militancia, aunque no es vinculante, sí compromete. Así que las aguas bajarán forzosamente tranquilas. 

Los militantes dan oxígeno a Pedro Sánchez para encarar una investidura imposible

Pero no eso no remueve los obstáculos insoslayables que tiene Sánchez por delante. El rechazo de la mayoría absoluta de la Cámara a su elección. Sánchez insistió este mismo sábado, tras votar en su agrupación de Pozuelo (Madrid), que el pacto está "abierto" al "resto de las fuerzas del cambio". El PSOE está dispuesto a ampliar los contenidos del documento redactado con Ciudadanos, pero no a desmontarlo. Podemos está dispuesto a sentarse tras la investidura fallida, IU y Compromís ya han anunciado su voto en contra mientras no "abandone" a Rivera y se sume al barco de la izquierda. Si Sánchez fracasa, el escenario puede virar otra vez. En su contra, si el pacto al final es imposible. O a su favor, si el abismo de las nuevas elecciones desbloquean los vetos y los noes se transforman en abstenciones. La senda hacia La Moncloa no está en absoluto despejada. Pero Sánchez sí puede presumir, dentro de su partido y ante sus rivales, que cuenta con el aval de las bases. Arriesgó y ganó. Esta vez, al menos, el líder tuvo baraka. Él al menos cree que "el cambio está más cerca". 

Los datos más importantes de la consulta

-Censo de votación: 189.256.

-Mesas totales: 2.598.

-Censo escrutado: 97,88%

-Votos emitidos: 95.763 (51,70%). 

-Votos nulos: 335 (0,35%). 

-Votos en blanco: 1.673 (1,76%).

-Votos válidos a candidatura: 93.632 (98,24%).

-SÍ: 73.940 (78,97%).

-NO: 19.692 (21,03%).

Aquí puedes consultar todo el escrutinio provisional en PDF

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