LA CRISIS DE LOS SOCIALISTAS TRAS EL 20-D

El PSOE afronta desconcertado y partido en dos la encerrona de Rajoy e Iglesias

El doble órdago pilla al partido con el pie cambiado y con la pugna interna en carne viva. Barones y exlíderes socialistas se irritan por la "arrogancia" del jefe de Podemos y ven su oferta un "insulto"

Foto: Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa en el Congreso de los Diputados tras su reunión con el rey Felipe VI, este 22 de enero. (EFE)
Pedro Sánchez, durante la rueda de prensa en el Congreso de los Diputados tras su reunión con el rey Felipe VI, este 22 de enero. (EFE)

Casi se diría que el PSOE tiene dibujada en su cara una gran pregunta. La vieja máxima leninista. Qué hacer. Por qué camino tirar. Cómo resolver un dilema sumamente complicado y malévolo sin despeñarse ni fracturarse aún más. Cómo responder al doble órdago de Mariano Rajoy y Pablo Iglesias. ¿Asumir la patata caliente dejada por el presidente en funciones para que Pedro Sánchez acuda a una investidura incierta y arriesgada, y calcinarse en el intento? ¿Buscar un pacto -un Gobierno de coalición- con Podemos e IU, asumiendo sus exigencias? ¿Provocar unas nuevas elecciones? ¿Dejar paso al PP en el último minuto, asfixiándole durante una legislatura corta y obligándole a deshacer buena parte de sus medidas?

Ninguna salida es sencilla ni está exenta de riesgos, aunque la última es la más lejana e imposible de todas. El campo cada vez se llena de más minas, pero ahora la presión está en el PSOE. Toda en el PSOE. La dirección no quiere dar pasos en falso y los barones se ven obligados a redefinir su estrategia. El desconcierto inundó la casa socialista. Y, junto a él, la irritación de muchos cuadros que veían en la oferta envenenada de Iglesias una celada para seducir al secretario general y devorar al partido. 

Los socialistas ya comenzaron el viernes con la conmoción pegada en el cuerpo. La rueda de prensa de Pablo Iglesias tras su reunión con el Rey en la Zarzuela se podía calificar de cualquier cosa menos anodina. Titular tras titular, el líder de Podemos iba tejiendo su telaraña para que los socialistas cayeran en ella. Tras consumir días denunciando el "búnker" de PSOE, PP y Ciudadanos por el pacto para la Mesa y el rechazo al desdoblamiento de Podemos en cuatro grupos distintos, Iglesias protagonizó un efectista triple salto mortal. Ahora quería pacto. Más aún: un Ejecutivo de coalición con IU y con él como vicepresidente. Todo eso mientras Sánchez se veía con Felipe VI y le insistía en que era "el tiempo de Rajoy" y que, si este fracasaba, asumiría la "responsabilidad" de intentar pilotar un Gobierno "de cambio". Como él mismo bromeó, entró en el palacio sin Ejecutivo y salió de él "con los ministros nombrados" por el jefe de Podemos. 

El rey Felipe VI recibe al líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante la ronda de consultas, este viernes. (EFE)
El rey Felipe VI recibe al líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante la ronda de consultas, este viernes. (EFE)

Estupor ante la "jugada" de Rajoy

El secretario general salió airoso del difícil envite. En las federaciones críticas le reconocían incluso que había estado "impecable", porque no se había salido de la baldosa fijada por el comité federal del 28 de diciembre. No se había lanzado a recoger el guante de Podemos e hizo hincapié en que primero son las políticas y luego los sillones ministeriales. Eso sí, eludió la crítica directa a Iglesias y mostró su disposición al diálogo: "Nuestros votantes no entenderían que no nos pusiéramos de acuerdo". Una aceptación clara del diálogo que, sin embargo, rechinaba en los cuarteles de los barones. 

La cúpula socialista leyó el gesto de Rajoy como un intento de ganar tiempo. Pero no corre el contador mientras hay un "vacío constitucional"

Pero la montaña rusa en que se convirtió este 22 de enero no se detuvo. La Casa del Rey anunció en un comunicado que Rajoy declinaba la propuesta del monarca de acudir al debate de investidura. El propio presidente en funciones admitió que no tenía los apoyos suficientes y que "de momento" daba un paso atrás. No renunciaba a su candidatura. 

La dirección socialista leyó el gesto como lo que parecía: como un intento de Rajoy de ganar tiempo después del órdago de Iglesias. Un alto cargo de la ejecutiva, de la máxima confianza de Sánchez, no podía ocultar su estupefacción por lo que entendía como "una pinza de PP y Podemos", una "jugada" redondeada por el presidente e insólita en la historia democrática española. El propósito: pasar la tea al PSOE, que se abrase Sánchez para intentarlo él de nuevo y, si no consiguiera los apoyos, poder presentarse en unas nuevas elecciones con más garantías, señalando con el dedo a quienes no quisieron investirle.

El PSOE afronta desconcertado y partido en dos la encerrona de Rajoy e Iglesias

Entretanto, no corren los tiempos. La Constitución indica, en su artículo 99, que la disolución de las Cortes y la repetición de las generales es automática a los dos meses de la primera votación de investidura. Pero si no hay candidato, no hay investidura. Así de simple. El 'impasse' puede prolongarse un tiempo indefinido. Se trata de un "vacío constitucional", como apuntaban con resignación en el círculo del presidente del Congreso, el socialista Patxi López. 

El PSOE pide al presidente que se aclare

La primera reacción oficial, la de César Luena, secretario de Organización, dejó más dudas que certezas. El número dos de Sánchez exigió a Rajoy -al que combatió por su actitud "muy irresponsable", de "trilero", "de perro del hortelano", de "antisistema"-, que explique qué significaban sus palabras: si renunciaba definitivamente a su candidatura o simplemente la aplazaba. El propio Rajoy ya dijo que lo que hacía era esto último. Luena no avanzó qué haría el partido. El PSOE no quiere maniobrar hasta que se certifique que el presidente fracasa y se va. 

Sánchez e Iglesias comenzarán a dialogar este fin de semana. El 27, el Rey comenzará una nueva ronda de contactos. El 30, comité federal del PSOE

Las declaraciones de Luena revelaban en qué situación se encuentra el PSOE: en "estado de 'shock'", como resumían en Ferraz, y dividido internamente, con un pulso muy vivo entre un Sánchez muy determinado a seguir adelante y armar un Ejecutivo "progresista y reformista", tendiendo la mano "a derecha e izquierda", y unos barones -todos los presidentes autonómicos, a excepción de la balear Francina Armengol- muy recelosos de la hoja de ruta del secretario general y asustados por las consecuencias de un pacto con Podemos y de que la investidura dependa de la abstención de fuerzas independentistas, como ERC y Democràcia i Llibertat (DiL). 

El PSOE afronta desconcertado y partido en dos la encerrona de Rajoy e Iglesias

En las próximas horas es previsible que se despeje algo el horizonte, que se crucen las llamadas entre Ferraz y los territorios, aunque por ahora reina la confusión. "Esto parece 'Carrusel deportivo'. En cada conexión hay un resultado -ironizaba un alto cargo de la federación valenciana, una de las alineadas con la andaluza Susana Díaz-. La nueva política es una serie, como 'Juego de tronos'. Se ha instalado el tacticismo como eje central. E iremos viendo otros capítulos". "Ahora toda la presión está sobre nosotros. Lo que tiene que hacer Pedro es escuchar a las federaciones, porque nosotros queremos lo mejor para el PSOE. Ha de escuchar a la gente", abundaban desde el entorno del presidente asturiano, Javier Fernández. 

De puertas para fuera, Sánchez e Iglesias quedaron en hablar durante el fin de semana. Lo hicieron vía mensaje. Y en el de vuelta que le dirigió el secretario general del PSOE al líder de Podemos, le advirtió de que aún era "el tiempo de Rajoy". Eso era antes de la retirada temporal del presidente. La duda es si después de su salida de escena el tiempo es el de Sánchez. Ferraz no pudo responder. Lo cierto es que el paso al lado de Rajoy obliga a los socialistas a actuar rápido: el próximo miércoles, 27 de enero, el Rey inicia la segunda ronda de consultas, tras la cual debería elevar el nombre de un candidato al pleno de investidura. Iglesias echó más carbón y urgió al PSOE a mover ficha porque "España no tiene por qué esperar a Rajoy". Y para el sábado 30, en plena vorágine está convocado un decisivo comité federal del PSOE, aunque podría aplazarse. Sánchez tendrá que desactivar todas las bombas si no quiere ver peligrar su cabeza. 

El PSOE afronta desconcertado y partido en dos la encerrona de Rajoy e Iglesias

Un "intento de humillación"

El repliegue táctico del presidente pilló con el pie cambiado al PSOE, y eso que ya se especulaba con esa posibilidad. Hasta entonces, la irritación se vertía sobre Iglesias. No tanto contra el secretario general, pese a que la desconfianza es un hecho y no se ha borrado. Susana Díaz y el resto de federaciones críticas quedó más o menos conforme con la respuesta que había dado Sánchez en su comparecencia, aunque les pareció insuficiente el sarcasmo con el que despachó el desafío de Iglesias, su tono de perdonavidas o el aguijonazo de que debía agradecer ser presidente a "una sonrisa del destino".

Distintos dirigentes consultados por este periódico subrayaban que el líder se había adaptado "perfectamente" a la resolución del comité federal del 28 de diciembre. En cambio, Iglesias, a quien se reconocía cierta "maestría" comunicativa, había demostrado "arrogancia" y "prepotencia" hacia el PSOE, su dirigencia y sus bases. "Es la primera vez que oigo en mi vida ofrecer un acuerdo de gobierno insultando gravemente al partido con el que quieres acordar", escribió el ex secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba en un durísimo post en su muro de Facebook. "Se parece mucho más a un intento de humillación al PSOE que a una voluntad real de negociar nada. El PSOE merece respeto", apuntó por su parte el exdiputado Eduardo Madina, rival de Sánchez en las primarias de 2014, en Twitter. "Así no", añadió el exministro José Blanco en la misma red social. Mientras, en Twitter se reproducía el 'hashtag' #RespetoAlPSOE.

 

En Asturias o Andalucía aseguraban que Iglesias se había pasado de frenada y había dejado ver cómo sería la situación si cuajara un pacto: un Gobierno con Podemos en el que el líder de la formación morada aplicaría desde la vicepresidencia el ordeno y mando y dejaría sin espacio para respirar al PSOE. Es decir, que su objetivo se mantiene intacto: "Destruir", "machacar", "joder", al partido. Y la aritmética, analizaban, era igual de complicada: el ofrecimiento directo de Iglesias no facilitaba los números, puesto que Sánchez seguiría necesitando de la abstención de C's o de ERC y DiL. El único alivio era que el secretario general de Podemos había dejado ver que su interés estaba puesto "en los sillones". Cosa que también reconocían en la ejecutiva federal: "Hasta ahora, ha puesto el acento en lo de los grupos y ahora en los ministerios. Todo chiringuitos, nada de políticas". Nada de poner "el carro delante de los bueyes", que dijo el asturiano Javier Fernández. 

¿Cuál es el mejor escenario?

Las lecturas, con todo, eran diferentes. El líder agradeció la oferta de Iglesias y en su círculo se sentía "algo más cercana" la posibilidad de un acuerdo. En los territorios, mientras, se percibía que quedaba más lejos, pues apreciaban que la oferta de Iglesias no era "sincera" y que las condiciones no habían cambiado, puesto que no había renunciado por completo al referéndum. "Intentó lanzar la pelota al tejado del PSOE sin apoyar con una mínima lealtad. Hace difícil que tanto 'postureo' sea aceptado como una mínima garantía de estabilidad -juzgaba un veterano fontanero del partido-. Esto es un paso previo a unas elecciones anticipadas, pero trasladando la responsabilidad en el PSOE", justo el escenario más temido. 

Los críticos consideran que la oferta de Iglesias no es "sincera", que sólo busca aplastar al PSOE y echarle la culpa de un eventual adelanto electoral

 “Con una actitud tan prepotente y de tanta chulería como la del líder de Podemos nadie va a percibir que es culpa nuestra. Jugamos con esa ventaja”. “Es un político estrafalario”. “Su escenificación de hoy es una prueba más de que a Podemos le mueve sólo una cosa, el resentimiento hacia el PSOE”, afirmaban distintos dirigentes andaluces, informa Isabel Morillo.

Hay que esperar a que se agoten los tiempos. Nadie se atreve a decir públicamente que se baraja en algunos círculos la idea de dar al paso a un Gobierno del PP, como apuntaba este viernes públicamente Alfonso Guerra. En la resolución del comité federal los socialistas dejaron muy claro en el primer punto el no rotundo al PP, y por eso retractarse es difícil, por no decir imposible. Y menos ahora que los populares han vuelto a ser señalados por la mancha de la corrupción, ahora por el caso del borrado de los ordenadores de Luis Bárcenas. Susana Díaz salió la noche electoral a decir que no al PP, no a Podemos, lo que conducía a nuevas elecciones, pero el pasado lunes, en la reunión de la Interparlamentaria andaluza, ya cambió el paso para dejar claro que unas nuevas elecciones serían “un fracaso colectivo difícil de explicar a los ciudadanos”.

Tras un día de piruetas inesperadas, de golpes de efecto, sólo quedó una certeza: la presión está en el PSOE. Y resolver el puzle quizá sea su tarea más compleja en muchos años. Con un agravante: las tensiones internas que sólo añaden más temperatura a una olla muy caliente. Otro capítulo más en un inacabable 'Juego de tronos' al que dio vida el 20-D. 

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