LA CRISIS DE LOS SOCIALISTAS TRAS EL 20-D

Susana Díaz alcanza el punto de no retorno para despejar su futuro político en Madrid

La batalla aplazada por el liderazgo del PSOE vuelve a poner el foco en la presidenta de la Junta de Andalucía, que año y medio después vuelve a emerger como cortejada por los principales barones

Foto: La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, durante la reunión del comité federal del PSOE de este 28 de diciembre. (EFE)
La presidenta de Andalucía, Susana Díaz, durante la reunión del comité federal del PSOE de este 28 de diciembre. (EFE)

¿Hasta cuándo? La batalla por el liderazgo del PSOE está aplazada pero ni mucho menos enterrada. Se ponga como se ponga, Susana Díaz tiene cada vez más difícil no aclarar su futuro inmediato. La imagen de interinidad, de líder con un pie en Sevilla y otro en Madrid, de presidenta del Gobierno andaluz a medias, enredada en las cuitas internas del partido, erosiona a la gran baronesa socialista. En su propio entorno tienen muy claro que la presidenta de la Junta deberá más pronto que tarde despejar de una vez si acepta el reto de liderar el PSOE en el momento más complicado de su historia o deja pasar de nuevo el tren, y esta vez puede ser la definitiva, que la conducirá al puente de mando en Ferraz.

Se esperan semanas 'muy entretenidas' por delante. La crisis en el PSOE es un camino sin retorno y el cuestionamiento del liderazgo de Pedro Sánchez conducirá más pronto o más tarde a abordar en manos de quién queda el partido. Puede ser enero, febrero o marzo, pero pocos fontaneros orgánicos dan más margen. La situación comienza a ser 'insostenible'. Esta es la radiografía general. "No se puede estar todo el tiempo amagando y no dar. Es el cuento de la lechera", advierte un dirigente socialista. Eso sí, si quiere, tendrá que ir a unas primarias contra Pedro Sánchez, Ferraz le prepara una feroz batalla y tiene muchas posibilidades de estrenarse perdiendo unas elecciones. ¿Alguien da más para una líder política que no practica el salto sin red de seguridad? Aun así, la opinión generalizada en su entorno es que dará el paso. Sus críticos creen que este lunes perdió la oportunidad de plantar batalla y ya no tiene margen.

Susana Díaz alcanza el punto de no retorno para despejar su futuro político en Madrid

Da la sensación de que la bola de nieve ha echado a rodar, y aunque se frene la velocidad del descenso, antes o después Pedro Sánchez caerá. Eso es lo que transmiten los adalides del socialismo andaluz, valenciano, extremeño, manchego y asturiano. Durante estos dos días de autos en Ferraz, daba la impresión de que Susana Díaz, arropada por los principales barones, le perdonaba la vida una vez más al secretario general "para no romper el PSOE". Pero ni mucho menos quedaba claro que la baronesa haya renunciado a nada ni que la batalla esté terminada. En este análisis coinciden la mayoría de los dirigentes del PSOE en Andalucía consultados por este periódico. Se da por hecho que en las próximas semanas todo podría moverse de forma definitiva.

Los andaluces tratan de blindar a su líder

Existe una corriente dentro del partido, afín a Susana Díaz pero con discrepancias con su núcleo duro y sobre todo con las formas de Máximo Díaz Cano, su principal hombre en la sombra, que advierte de que la están arrastrando a una jugada de máximo riesgo. "¿Por qué no espera? ¿Para que se la va a jugar ahora? Su momento llegará cuando el barco llegue a puerto y toque cambiar la tripulación, pero ahora mismo es como ponerse al frente de una nave que zozobra. No gana nada. Se está precipitando, pero si la jugada le sale bien desde luego demostrará una valentía encomiable", señalaba una dirigente socialista que se lo ha transmitido así a la presidenta. "Susana arriesga mucho, pero ella hace las cosas porque las tiene medidas. Ojalá no se equivoque. En el aplausómetro del comité federal, ha ganado Pedro", añadía otra voz cualificada del partido.

Los socialistas andaluces insisten en que ni van por libre, ni esto es una guerra de Susana Díaz contra Pedro Sánchez ni el pulso interno está agotado. “En las posiciones del PSOE andaluz está la inmensa mayoría del partido”, subrayan. Nadie quiere que la presidenta andaluza aparezca como responsable de la muerte política de Sánchez. Ella quiere llegar con las manos limpias. Durante su carrera le ha acompañado una imagen de 'killer' política contra la que lucha, una etiqueta de política criada en las luchas intestinas del PSOE de Sevilla, un nido de intrigas y pulsos internos, donde aprendió "lo mejor y lo peor de la política", parafraseando a un veterano socialista.

El mayor empeño del PSOE andaluz es dejar claro que este pulso lo abrió Pedro Sánchez cuando declaró unilateralmente que no abordaría debates internos sobre su futuro, y que ella "no ha maniobrado ni intrigado en su contra". Eso hay quien se lo cree y evidentemente quien no. Valga un detalle: el que se fajó pidiendo fecha para el congreso fue el asturiano Javier Fernández, mientras que ella ni lo mencionó. Al salir insistió: "Hoy tocaba hablar de pactos, nada más". Un barón que aseguraba que le daría su apoyo maliciaba que desde luego Susana Díaz cuenta con un "aliado inconmensurable", los medios de comunicación, a los que ella cuida, a diferencia de Sánchez. "Lo que no sé es cuándo gobierna", deslizaba con ironía. 

Susana Díaz afronta una jugada de alto riesgo y Pedro Sánchez también tiene su claque entre la militancia

Ahora, la palabra más repetida es que el PSOE necesita “un revulsivo” o camina hacia la desaparición. Así de apocalíptico. No es casual que la mayoría de dirigentes provinciales del PSOE andaluz coincida en el análisis. Habrá elecciones pronto y es mejor que el PSOE esté preparado para abordar un relevo. Dan por hecho que en primavera podrían repetirse las elecciones generales. En ese caso, lo más lógico es ir al congreso federal en marzo como muy tarde. Es más, insisten en que aunque Mariano Rajoy logre “el milagro” de formar Gobierno, no durará más de un año antes de que haya nuevos comicios y no repetirá en los carteles.

Un momento de la reunión del comité federal del PSOE celebrada este 28 de diciembre. (EFE)
Un momento de la reunión del comité federal del PSOE celebrada este 28 de diciembre. (EFE)

 

Todos los caminos conducen a nuevas elecciones y al relevo de Sánchez como candidato. "No salen las cuentas. No sumará mayoría. ¿Para qué formar un Gobierno con Podemos, que podría suponer la desaparición del partido, que sería además corto e inestable al que le tocará asumir un recorte de 10.000 millones de euros en el Presupuesto y abordar el desafío de Cataluña en primera persona?", se preguntan asombrados dirigentes del PSOE. Detrás yace un reproche velado a Sánchez, una crítica profunda al secretario general, al que acusan de aferrarse a la poltrona del cargo porque sabe que o es investido presidente o está enterrado políticamente.

Las piezas en el tablero, una vez más, están dispuestas para que una de las preguntas principales sea: ¿qué hará Susana Díaz? Pues esa cuestión, aunque resulte increíble, sigue sin respuesta oficial. Eso sí, las evidencias son innegables. No fue casual que abandonara el domingo la reunión de Ferraz colgada del brazo del líder del PSOE asturiano y se dedicara en las horas posteriores a dejarle claro al mundo que ella no había perdido y que sigue mandando.

En Andalucía, las discusiones sobre el futuro de Díaz se afrontan en bucle, es como el a de la marmota, cansino. La socialista accedió a la presidencia de la Junta en septiembre de 2013 tras la retirada de José Antonio Griñán. Se hizo rápidamente con el control absoluto del partido en Andalucía. Nueve meses más tarde, la dirigente andaluza era señalada por las voces con más peso del PSOE como la solución para el partido y la alternativa tras la retirada de Alfredo Pérez Rubalcaba. Fue reclamada y aclamada por los principales barones como la líder de referencia. Nadie encarnaba como Díaz los valores más puros de la socialdemocracia, no había otro dirigente que con su juventud comprendiera y conociera mejor al partido -se afilió a los 17 años-, ni una política que hablara más claro para la gente ni atesorara un liderazgo como el suyo. Ese fue el relato, impulsado en gran parte por su propio entorno, que caló de Despeñaperros hacia arriba.

Ya se dejó querer una vez y reculó

Ella se dejó querer y cuando vio que el camino no estaba expedito y que tendría que medirse en unas primarias con Eduardo Madina, se echó para atrás. Alegó que su despacho en San Telmo, sede del Gobierno andaluz, se había inundado de cartas de ciudadanos andaluces reclamándole que se quedara. Explicó que el termómetro de la calle le decía que tenía que quedarse, que no era todavía su momento, dejando siempre una puerta entreabierta. Aupó a Pedro Sánchez y no hubo ni 100 días de tregua. En el comité director del PSOE andaluz celebrado en septiembre, tal y como avanzó El Confidencial, afloró el descontento con el líder. Semanas después ya dejó claro en una entrevista en 'El País' que se desmarcaba de la estrategia del secretario general.

En el último año y medio Díaz no ha perdido el foco. Se ha cultivado como una líder nacional, ha capitalizado y dirigir los grandes debates del país y del PSOE

De eso hace un año largo, y en estos 14 meses Susana Díaz no ha perdido el foco. Se ha cultivado como una líder nacional, ha tratado de capitalizar y dirigir los grandes debates políticos del país y del PSOE, le ha hablado de tú a tú al poder económico y político de España. Ha tejido su propia red en el partido por si llegaba el momento de decirle a Pedro Sánchez que le tocaba a ella y que se apartara a un lado. Hasta los más partidarios del secretario general admiten que mientras ella estaba en eso, al líder del PSOE le ha faltado equipo y visión para preparar la batalla interna.

Susana Díaz alcanza el punto de no retorno para despejar su futuro político en Madrid

Ahora todo es distinto, trasladan desde sus filas. Ha ganado cuatro elecciones en año y medio, unas en Andalucía como candidata. Es la única socialista que ha frenado a Podemos y contenido su avance en una comunidad clave. Aunque no se sabe si su estilo calaría en el electorado urbano de izquierdas, lejos del voto rural que ancla y sostiene al PSOE en Andalucía. Si hubiera nuevas elecciones generales a corto o medio plazo, podría aspirar a ser la candidata socialista, admiten personas del entorno de la presidenta. Mientras tanto, deslizan sus generales, por qué no se puede compatibilizar la secretaría general del partido y la presidencia de la Junta de Andalucía. El foco se pone en su capacidad política y pocos miden su capacidad gestora, su balance como presidenta de la comunidad más poblada de España.

Ella calla y otorga. Acusa a los demás de intrigar sobre su futuro y se sitúa al margen de las batallas internas, en un plano superior, ungida como salvadora, señalada como si no se hubiera puesto hábilmente en el centro de la pista. Y sigue sin despejar su futuro. Pedro Sánchez la reta a participar en unas primarias. Quienes conocen a Susana Díaz indican que ella querría ahorrarse ese desgaste interno, llegar a Ferraz con alfombra roja y aclamada. Lo que sí cunde es la sensación de que el tiempo se agota. De que no le puede salir gratis mantener esta incertidumbre política. De que tiene que decidirse de una vez. Centrar y tirar a puerta. Se habla de semanas, de meses, el debate sobre su liderazgo ha entrado en bucle. Y sus adversarios políticos en Andalucía empiezan además a centrar sus ataques en este asunto.

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