de nuevos ministrables a la sucesión ordenada

Rajoy se blinda con un Grupo Popular de incondicionales para lo que pase tras el 20-D

En el próximo Grupo Popular estarán todos los que son y los que aspirar a ser, el núcleo duro del Ejecutivo, la dirección casi al completo y los demás dirigentes próximos a Rajoy

Foto: Rajoy junto a sus más allegados colaborades en las tareas de gobierno a su llegada a la Conferencia Política del PP. (Foto: EFE)
Rajoy junto a sus más allegados colaborades en las tareas de gobierno a su llegada a la Conferencia Política del PP. (Foto: EFE)

Mariano Rajoy prometió a su partido ser "justo" en la elaboración de las listas electorales y respetar las propuestas de los comités provinciales (dejando claro al tiempo que se cierran en la sede nacional), y lo ha cumplido: todos los candidatos a diputado son marianistas incondicionales. En el próximo Grupo Popular estarán todos los que son y los que pueden aspirar a ser, el núcleo duro del Ejecutivo, la dirección nacional casi al completo y los demás dirigentes más próximos al presidente del Gobierno de cada rincón de España.

En las candidaturas del PP figuran desde los nuevos ministrables por si Rajoy vuelve a formar Gobierno (Álvaro Nadal o Francisco Martínez), a las figuras clave para organizar una transición ordenada si el PP vuelve a la oposición, con Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal flanqueadas por sus fieles. Sobre todo en el caso de la secretaria general del partido.

A diferencia de lo ocurrido en las listas de 2011, donde entraron hasta los escasos 'críticos', antiguos aznaristas, recomendados de Rodrigo Rato, la vieja guardia de Alianza Popular, fieles de Eduardo Zaplana o enviados personales de los barones autonómicos, esta vez todos los diputados tienen el aval común del oficialismo más estricto. Los 'no marianistas' como Ignacio Astarloa, Cayetana Álvarez de Toledo, Miguel Ángel Cortés, Gabriel Elorriaga, Carlos Aragonés, Eva Durán, Vicente Martínez Pujalte o Jaime García-Legaz no están esta vez en las listas al Congreso, por voluntad propia o inducida.

Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy. (EFE)
Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy. (EFE)

De la generosidad que fue posible hace cuatro años, básicamente porque la expectativa de crecimiento daba margen para ello, en la sede de Génova han pasado a mirar con lupa la cuestión de la fidelidad. Todos los ministros que han querido, más los secretarios de Estado en activo y llamados a contar en el futuro, todos los miembros de la dirección nacional menos Javier Arenas, más los diputados que ya lo eran y estaban en la línea oficial, la edad y los apoyos locales requeridos, componen unas candidaturas que forman un bloque de marianismo estricto.

Rajoy ha querido recompensar a sus más fieles y al tiempo garantizarse una base sólida en el Grupo Parlamentario, forzosamente a la baja, para lo que pueda suceder después de los comicios. El presidente del Gobierno es el más optimista de su partido y da por hecho que está en condiciones de llegar a los 150 escaños y después manejarse para gobernar en minoría, con apoyos externos. Si sus planes se tuercen porque los demás grupos, el PSOE con Ciudadanos o Podemos, pactan para echarle del poder, en el PP se abrirá un nuevo ciclo a partir del congreso nacional previsto para febrero con todo tipo de incógnitas menos una: los marianistas tendrán el control absoluto del mismo, siga o no su jefe al frente.

En las candidaturas al Congreso figuran por delante, la mayoría como números uno o dos por cada provincia, y de 'cuneros' donde ha sido preciso, todos los dirigentes del partido más próximos a Rajoy, desde Ana Pastor y José Manuel Soria a José Manuel García-Margallo. Y por debajo de ellos, hay una legión de fieles o peones de estricta obediencia a la secretaria general, María Dolores de Cospedal, que ha demostrado a la hora de elaborar las listas una influencia decisiva, desde la criba efectuada en la de Madrid hasta el encaje de veteranos y noveles en varias provincias, de Castilla-La Mancha y de otras regiones.

Del peso del actual aparato deja muestra el hecho de haber hecho hueco hasta al coordinador de Exteriores, Ramón García Hernández, que deja los últimos puestos por Madrid para incorporarse a la lista de Ávila de número dos, el puesto que en 2011 correspondió a Pablo Casado.

El actual portavoz del Partido Popular es el eslabón entre las listas por cuotas de hace cuatro años al bloque marianista de las ahora elaboradas. José María Aznar le recomendó a Rajoy para que le integrara en la candidatura de Madrid, el presidente del partido le mandó a Ávila de 'cunero', y en segundo puesto. Este año, Rajoy le ha ascendido a vicesecretario general y le devuelve a la misma provincia, ya de cabeza de candidatura.

Fuera del próximo Grupo Popular en el Congreso a las órdenes de Rajoy y con todos los antiguos barones regionales a la baja después del 24-M (salvo la marianista Cristina Cifuentes) solo queda una figura del PP que puede brillar con luz propia: el presidente de la Junta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, que ha decidido seguir en la política autonómica. De momento y pendiente de las elecciones generales, porque según le salgan a Rajoy podrá aspirar a entrar en el Gobierno o jugar sus bazas en el partido.

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