los cambios, con sello personal del presidente

Crisis, ¿qué crisis? Rajoy da por terminados los cambios salvo que Wert fuerce su salida

Nombrar cuatro vicesecretarios nuevos y un jefe de campaña ajeno al 'aparato', sin congreso de por medio, es casi una revolución para la etapa 'marianista'

Foto: Comité Ejecutivo Nacional del PP. (EFE)
Comité Ejecutivo Nacional del PP. (EFE)

"Igual ya no cambia ni a Wert", repiten en el Partido Popular y en el Gobierno después de la remodelación de cargos en el comité ejecutivo acometida por Mariano Rajoy. Cuatro vicesecretarios nuevos y un jefe de campaña ajeno al aparato, sin congreso de por medio, puede parecer poco para el observador externo, pero en la tradición de Génova y en la etapa marianista (11 años) es casi una revolución. Si después de la debacle del 24-M en las fuentes más solventes del PP sólo esperaban la salida del ministro de Cultura "y poco más que alguna redistribución de competencias", ahora, ni eso.

Salvo que José Ignacio Wert se empeñe en dejar el Ministerio y fuerce su salida inmediata, los cambios de Rajoy han terminado. Es más, en medios del partido consideran que el momento elegido por el ministro (que no es del PP) para dar "la espantada" es el más inoportuno dada la ofensiva de los nuevos gobiernos autonómicos formados por el PSOE, Podemos y los nacionalistas de extrema izquierda para paralizar la aplicación de la reforma educativa, la LOMCE. A ese dato se suma el malestar interno ante el empeño de Wert en que el Gobierno, como salida, le designe embajador ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, con sede en París, donde ya está destinada su novia, la exsecretaria de Estado de Educación Montserrat Gomendio.

"Cambiar la dirección del partido y el Gobierno en 24 horas son muchas decisiones juntas para Mariano", advertía un veterano y destacado dirigente del PP en el Congreso el pasado miércoles cuando se daban por hecho ambas cosas incluso en el Grupo Popular. El pronóstico se cumplió al pie de la letra al día siguiente. Con cinco nombramientos (Pablo Casado, Fernando Martínez Maíllo, Javier Maroto, Andrea Levy y Jorge Moragas) y una destitución, la de Carlos Floriano, en Génova, desde La Moncloa acabaron con cualquier suspense. "Aquí no hay nada previsto", fue el mensaje para los días siguientes.

Rajoy, con Casado y Moragas. (EFE)
Rajoy, con Casado y Moragas. (EFE)

Rajoy se desplaza el lunes a su tierra, Pontevedra, para asistir a la XXVIII Cumbre bilateral hispano-portuguesa que se celebra en Bayona. El miércoles por la mañana tiene pleno de control en el Congreso y por la tarde reúne en la sede de Génova al comité de dirección del PP para arrancar la anunciada nueva etapa en la que vuelve a tomar las riendas del partido. Lo hace después de tres años y medio de abandono (no reconocido) porque sacar a España de la crisis, evitar el rescate y poner en marcha las reformas no le dejaron tiempo para ocuparse de su formación.

Cambiar a Wert es cuestión de sacar una nota, lo, podría hacer el martes próximo, pero primero tiene que decidir por quién le sustituye. Y de todos es conocido lo que le cuesta a Rajoy cambiar a los miembros de su equipo. Por eso comentan en el PP que si puede evitar la marcha del titular de Cultura lo mantendrá en el gabinete el tiempo que pueda.

Ni de Cospedal, ni de Soraya Sáenz de Santamaría, ni de la vieja guardia; son jóvenes y no tan jóvenes en los que se ha fijado Rajoy para promocionarlos

Después de los nombramientos en Génova, en el aparato del partido resaltan el hecho de que todos lleven el sello personal de su jefe. Ni de María Dolores de Cospedal, ni de Soraya Sáenz de Santamaría, ni de la vieja guardia; son jóvenes y no tan jóvenes en los que se ha fijado Rajoy para promocionarlos sin que estén amparados por ningún mando intermedio. Igual que hizo en la renovación del congreso de Valencia de 2008, del que salió con un nuevo equipo después de las salidas de Ángel Acebes y Eduardo Zaplana.

El nuevo número tres, el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez Maíllo, es amigo personal de Rajoy, y Casado empezó su carrera en la primera división de la política cuando el presidente del partido le envió de diputado cunero a Ávila. En el caso de Andrea Levy su nombre fue puesto sobre la mesa por su jefe de gabinete, Jorge Moragas, a quien también ha encargado el presidente del Gobierno que sea el jefe de campaña.

Javier Maroto es repescado desde el País Vasco para contribuir a la ofensiva de imagen anunciada ante las elecciones generales por encarnar la figura de víctima de los pactos anti-PP. Fue el candidato más votado en Vitoria pero se quedó sin alcaldía por la alianza de todos los demás, desde Bildu a los socialistas. Maroto es el ejemplo de lo que no quiere ser Rajoy después de las elecciones del otoño: jefe de la oposición ante un gobierno que reúna a las fuerzas de toda la izquierda y los nacionalistas.

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