encrucijada en andalucía

Cs y PP pelean por presidir Andalucía bajo amenaza de unas segundas elecciones

La pelea de la derecha será larga y el control de los tiempos será clave para que lleguen a un acuerdo y no dejen pasar la oportunidad de liderar el cambio tras 36 años de PSOE

Foto: El presidente del PP, Pablo Casado (d), junto al candidato del PP a la Junta, Juanma Moreno (i). (EFE)
El presidente del PP, Pablo Casado (d), junto al candidato del PP a la Junta, Juanma Moreno (i). (EFE)

Partido Popular y Ciudadanos coinciden de momento en una sola cosa, los dos quieren liderar el cambio político en Andalucía y no permitirán bajo ningún concepto, advierten, que lo haga el contrario. La pugna de las derechas, que han interpretado a la perfección Pablo Casado y Albert Rivera durante la campaña, se escenificará con fuerza durante las negociaciones para formar Gobierno andaluz. La encrucijada política es muy complicada. Tanto PP como Cs han dejado la puerta abierta a hablar con Vox para formar Gobierno siempre que sea en el marco de la Constitución.

Cs y PP pelean por presidir Andalucía bajo amenaza de unas segundas elecciones

El escenario además no puede estar más polarizado. En Sevilla, Málaga y Granada, cientos de personas salieron a la calle con consignas contra Vox y el fascismo. Los datos demuestran que la baja participación, del 58%, la más baja de las elecciones autonómicas desde 1982, castigó a la izquierda, y que fueron muchos votantes del PSOE, Podemos e IU los que se quedaron en casa. La multitudinaria protesta en la capital sevillana llegó a las puertas del Parlamento. Las concentraciones supuestamente se organizaron a través de las redes sociales. El partido de Santiago Abascal denunció que si hay “ataques, violencias y amenazas”, el culpable será Podemos por su llamamiento a salir a la calle para crear “un frente antifascista”.

Control de los tiempos

De momento, la primera fecha clave en el calendario es el 27 de diciembre. Ese día está prevista la constitución del Parlamento y deberán elegirse los miembros de la Mesa. El reparto de sillones en el órgano de gobierno de la Cámara autonómica es crucial. Quien se haga con la presidencia del Parlamento tendrá el control de los tiempos, y eso es clave a la hora de controlar la investidura. El Estatuto fija un plazo de dos meses desde la primera votación para que un candidato obtenga la investidura por mayoría simple si en la primera votación no obtiene la mayoría absoluta (55 diputados). Si ese tiempo expira, automáticamente se disolverá la Cámara y se repetirán elecciones. Aunque los partidos amagan con que ese escenario puede darse, en un momento aún de máximos en las negociaciones, todos saben que sería un fracaso difícil de explicar frente a otras citas electorales que están en el aire.

Entre PP y Cs las relaciones están presididas por la desconfianza. En el fondo pelean por el mismo espacio electoral y temen que cualquier movimiento en falso dé ventaja al contrario frente a las próximas elecciones generales o las autonómicas, municipales y europeas de mayo. Andalucía es el laboratorio para los pactos posteriores en toda España.

Tanto Juanma Moreno (PP) como Juan Marín (Cs) cuentan con el aval y la orden de sus ‘jefes’ de que den el paso para liderar una investidura en Andalucía. La amenaza de un bloqueo que lleve a segundas elecciones está sobre la mesa. Ante esa pregunta, ambos partidos aseguran que es el escenario que deben evitar a toda costa y que sería imperdonable no propiciar el cambio.

Cs quiere la presidencia

El problema no es tanto de aritmética como de negociaciones. PSOE y Adelante Andalucía no suman mayoría suficiente para gobernar. La irrupción de Vox con 12 diputados le da la llave de una alianza de las derechas que permita desalojar a los socialistas de San Telmo tras 36 años ininterrumpidos en el poder. Suman, pero los dos partidos quieren liderar el cambio. El PP alega que es la segunda fuerza con 26 diputados. Cs explica que son ellos los que han duplicado apoyos, pasando de nueve a 21 escaños, y que el PP de Juanma Moreno ha caído desde los 50 diputados en dos convocatorias electorales.

Vox va a dejarse cortejar. Casado solo ha puesto un límite en un posible pacto con el partido de Santiago Abascal y es el respeto a las autonomías, puesto que Vox propone su supresión de los gobiernos autonómicos en su programa electoral.

Cs, de momento, prefiere ni siquiera poner líneas rojas a Vox y ofrece primero el pacto a PP y PSOE. Aseguran que si el partido de Abascal se hace con la llave del Gobierno será porque otras fuerzas constitucionalistas no han dado paso a Cs. El partido naranja está empeñado en su operación Borgen, en alusión a la serie danesa donde el partido minoritario lidera la formación de Gobierno, con Marín de candidato e incluso un Ejecutivo en solitario.

Nadie habla hasta la fecha de que Vox vaya a entrar en el Gobierno de Andalucía. Ni siquiera esta formación ha mostrado interés sobre este asunto más allá de su oferta a participar en cualquier alianza que permita desalojar al PSOE.

Rivera sabe del coste que podría tener un pacto con Vox, que le achicaría el espacio en el centro, de ahí que el PSOE quiera que se retrate y se desgaste

Albert Rivera sabe del coste que podría tener para su formación un pacto con Vox y preferiría evitarlo. Sin embargo, llegado el momento, admiten, podría darse el acuerdo para lograr que el vuelco político en Andalucía se consume en un nuevo Gobierno. Siempre podrían alegar que lo intentaron con otras fuerzas.

El PSOE está enrocado. Por ahora, el mensaje firme de que no darán paso a Cs tanto de Ferraz como de Susana Díaz es en lo único que coinciden, porque el enfrentamiento ha vuelto al primer plano. Susana Díaz consideró “extraño” que le pidan que dé apoyo al partido de Rivera cuando ella es primera y los naranja terceros. También aquí hay trasfondo nacional. Los socialistas aseguran que si Cs quiere la presidencia de Andalucía deberá pagar el coste de pactar con un partido de ultraderecha como Vox y retratarse, dejándose muchos votos en el espacio del centro.

Adelante Andalucía, con 17 escaños, ha pasado a ser prácticamente irrelevante en las futuras negociaciones. En la confluencia de Podemos e IU la autocrítica también brilló por su ausencia en las primeras horas tras el batacazo electoral de las izquierdas en Andalucía.

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