300 MILLONES Y 3.000 EMPLEOS ILÍCITOS AL AÑO

Humillados y llevando la droga a quemar a Avilés: así combaten al narco en La Línea

El tráfico de hachís lleva meses en el punto de mira por lo escandaloso de sus maniobras, pero la droga sigue entrando a diario en España. La policía admite que existe un cártel

Foto: La roca de Gibraltar y La Línea de la Concepción. (Reuters)
La roca de Gibraltar y La Línea de la Concepción. (Reuters)

Si una patrulla de Policía Nacional acude de urgencia a la playa de La Atunara a intervenir un desembarco de hachís, lo más probable es que su coche se quede atascado en cuanto ponga una rueda en la arena, mientras los traficantes se ríen de ellos y salen zumbando con el alijo a bordo de varios todoterrenos de alta gama. Las bandas tienen todoterrenos de toda clase, casi todos robados por toda España y comprados en La Línea de la Concepción a entre 6.000 y 8.000 euros la unidad, pero la policía no tiene ni un solo 4x4. No es raro que en cualquier persecución uno de sus Citroën C4 termine con el cárter reventado en una maniobra brusca. La Guardia Civil tiene algo más de suerte, cuenta con algunos Nissan Patrol aunque muchos andan hechos unos zorros, con cientos de miles de kilómetros a sus espaldas.

Así transcurre la guerra contra el narcotráfico en el Campo de Gibraltar. Un bando dispone de radares de última tecnología, de visores nocturnos, de 30 soldados por operación de descarga en la playa, y otro bando anda en patrullas de a dos, con tecnología antigua, sin visores nocturnos ni tan solo para los barcos de vigilancia aduanera que controlan el mar por las noches. "Para ellos es muy fácil. Hasta que lo intervinimos, estaban usando un radar de alta precisión instalado en una casa de La Línea que le da veinte vueltas al del SIVE [Servicio Integrado de Vigilancia Exterior de la Guardia Civil]. Iban guiando por radio a las lanchas de hachís para que evitaran las embarcaciones policiales", cuenta José Encinas, secretario general de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) en la provincia de Cádiz.

Dos agentes de la Guardia Civil controlan la bahía de Algeciras. (Reuters)
Dos agentes de la Guardia Civil controlan la bahía de Algeciras. (Reuters)

Pese a que el tráfico de hachís lleva meses en el punto de mira social y político por lo escandaloso de sus maniobras, la droga sigue entrando igual que siempre en España, solo que de forma más prudente. Algunas en plena noche y muchas más al despuntar del alba, las 'gomas' del hachís siguen llegando a toda velocidad y encallando en la amplia playa de La Atunara de La Línea de la Concepción, si bien ese no es su único punto franco. En la arena esperan decenas de jóvenes dispuestos a alijar la droga, meterla en los todoterrenos y salir hacia las 'guarderías' donde se almacenan toneladas de hachís a la espera de su distribución por toda Europa. El barrio del Zabal, al norte del municipio, se ha convertido en una inmensa 'guardería' de casas francas ocultas tras muros infinitos. Se calcula que esta industria delictiva mueve en la comarca 300 millones de euros al año y emplea a cerca de 3.000 personas entre lancheros, alijadores, puntos y el resto de personal logístico.

El hachís mueve 300 millones al año y emplea a cerca de 3.000 personas en el Campo de Gibraltar

"Aquí viene gente de toda la región a trabajar en el narcotráfico", explica Paco Mena, portavoz de la plataforma ‘Por tu seguridad, por la seguridad de todos’, que aglutina a varias asociaciones cívicas y cuerpos policiales del Campo de Gibraltar. “Tal como está establecido hoy, una vez entras en ese mundo ya no eres capaz de salir. Lo que debemos es procurar que los jóvenes no entren ahí, porque en cuanto un chaval de 15 años entra en el contrabando de tabaco y luego se pasa a las 'collas' del hachís y empieza a ganar el que menos 600 euros en una noche, a ver qué le ofreces tú mañana en un trabajo normalizado de camarero o jardinero. El 70% de la población juvenil de las barriadas en el campo está en paro y tenemos seis veces más abandono escolar que el resto de la provincia de Cádiz".

La Línea de la Concepción es uno de los municipios más deprimidos de España. (D.B.)
La Línea de la Concepción es uno de los municipios más deprimidos de España. (D.B.)

Rozando el esperpento

La plataforma exige al Gobierno y a la Junta de Andalucía medidas sociales y económicas para cortar las raíces del narcotráfico en la región. Únicamente con medidas policiales, aseguran, es imposible impedir que los jóvenes caigan en la tentación del narcotráfico en un lugar especialmente castigado por el desempleo y la falta de oportunidades. Ahí es donde entra el plan integral para el Campo de Gibraltar, una propuesta que concreta inversiones en fomento del empleo, educación, infraestructuras y también seguridad. Uno de sus grandes objetivos es que el Gobierno declare la comarca "zona de especial singularidad" y con ello se premie económicamente a los funcionarios destinados a la región, desde médicos a profesores pasando por policías, jueces y fiscales. Hoy en día, ser designado al Campo de Gibraltar es poco menos que un castigo para un empleado público a menos que tenga vínculos en la comarca.

Desde la plataforma cívica acusan concretamente a la Junta de Andalucía de falta de promoción educativa, planes de desarrollo económico, infraestructura judicial y lucha contra el tráfico de estupefacientes, todo ello competencias autonómicas. Un ejemplo que roza lo grotesco: Andalucía no dispone de depósitos judiciales en condiciones para almacenar las narcolanchas confiscadas por la policía. Un decreto reciente ha ilegalizado las narcolanchas, con lo que una vez requisadas deben ser destruidas. Las comandancias de la Guardia Civil en Cádiz acumulan varias de estas lanchas en sus dependencias, hasta un total de 40 amontonadas y ya no saben dónde meterlas. Hay que llevarlas a Sevilla para que sean destruidas, con el coste y el operativo de seguridad que eso requiere. "Los mandos ya nos están diciendo que no requisemos más gomas, que no saben dónde meterlas y les están generando un problema. Es frustrante la falta de previsión", confiesan.

Camiones cargados con 40.000 kilos de hachís cruzan con frecuencia la Península para poder incinerar la droga

Casi peor es la quema de hachís. Lo explica el portavoz de la plataforma cívica: "Parece mentira que después de 30 años nadie haya pensado en tener plantas para incinerar todo el hachís. ¿Sabes dónde tienen que llevarse todas esas toneladas para quemar? A una incineradora en Avilés porque la planta provincial de Cádiz no tiene capacidad. Imagina todo el despliegue que eso requiere. Son camiones cargados con 40.000 kilos de droga que han de cruzarse toda España".

Efectivos de la Policía en un registro en La Línea. (Jesús Domínguez)
Efectivos de la Policía en un registro en La Línea. (Jesús Domínguez)

Sí, hay un cártel

Ajenos a todo este ruido de despachos oficiales, los 30 clanes de la droga que operan en La Línea continúan con el negocio y se coordinan para maximizar beneficios. "Funcionan en economía colaborativa, yo los veo como una UTE [Unión Temporal de Empresas] en la que llegan a acuerdos para utilizar la infraestructura de unos y otros. Déjame tu lanchero, o tu embarcación, y yo pago por ella. O tienes un buen radar y te lo pago, o buenos puntos [vigilantes] o una buena ‘guardería’. En vez de pelearse por controlar el negocio han dicho ‘aquí nos podemos repartir el pastel, hay dinero para todos", explica Mena. "Es lo que se conoce en América Latina como 'cártel', lo que pasa es que decir eso en España suena muy fuerte. Pero lo son", confirma Encinas.

En efecto, en el estrecho de Gibraltar hay literalmente dinero para todos. Los clanes del hachís se encargan de recibir los alijos que vienen de Marruecos, los contrabandistas de tabaco entran y salen de Gibraltar en sus coches particulares o esperan en sus motos y bicicletas a que les entreguen las cajas por un agujero de la valla fronteriza o por agua, y el pez gordo de todo este entramado, el tráfico ilegal de cocaína, tiene en el puerto de Algeciras su punto de entrada a Europa en envíos procedentes de América Latina y África. Son tres negocios distintos. Ninguno se mete en el terreno del otro porque no tienen necesidad. Les va de fábula tal como está todo ahora.

La cocaína, pese a mover miles de millones, no está generando el revuelo social del hachís. Y es lógico. La industria del hachís es de ámbito local. Son los hijos de las familias de las barriadas quienes se introducen en estas redes y padecen las consecuencias. También son ellos quienes operan a plena luz del día en las playas de La Línea, alijando droga con descaro frente a los bañistas, protagonizando persecuciones con la policía que ponen en riesgo a todo aquel con quienes se cruzan. La impunidad que exhiben los traficantes al moverse por La Línea se les ha vuelto en contra, ya que parte de la sociedad que siempre había visto este negocio como parte del paisaje ha empezado a decir basta por la imagen horrible que se da del lugar a los turistas e inversores y por la sensación de peligro que genera.

Barrera anti lanchas en la desembocadura del río Guadarranque. (D.B.)
Barrera anti lanchas en la desembocadura del río Guadarranque. (D.B.)

Uno de los grandes responsables es el clan de Los Castañas, que controla el 60% del tráfico de hachís. Sus dos líderes son 'Los Castañitas', los hermanos Francisco y Antonio Tejón, ambos en la cárcel actualmente. "Que nadie dude que siguen controlando el negocio desde prisión. Seguramente Francisco lo dejó todo cerrado antes de entregarse. Pagó todas sus deudas y dejó el negocio en manos de algún lugarteniente. Hasta donde sabemos, nada ha cambiado por estar los líderes en la cárcel", dice Javier López, portavoz del Sindicato Unificado de Policía (SUP) en La Línea.

La colaboración entre bandas es la gran diferencia entre el narcotráfico español y el de México o Colombia. La detención de los Castañitas en México habría provocado un río de sangre por la guerra entre bandas por hacerse con la plaza. Pero aquí todos colaboran. "Solo se enfrentan entre ellos cuando se producen 'vuelcos', es decir cuando se roban los alijos. Siempre que eso ocurre es una banda que viene de fuera, nunca se enfrentan ellos mismos. Ese es el único caso en el que hacen uso de las armas de fuego, pero el gran peligro es que alguien algún día cruce esa línea y empiece a usarlas también contra los agentes policiales", explica Encinas.

Una narcolancha, también conocida como 'goma', es decomisada por la Policía.
Una narcolancha, también conocida como 'goma', es decomisada por la Policía.

Esa línea roja está a un aliento de cruzarse por la táctica de los ladrones de alijos de vestirse de guardias civiles y tunear los coches para que las bandas les entreguen la mercancía. Estas ya conocen el engaño y más de una vez han recibido a tiros a hombres uniformados de guardia civil sin saber si son ladrones o agentes de la autoridad. Sería el paso definitivo en la escalada de desprecio que las nuevas generaciones de traficantes muestran a la policía. "Antes existía la regla no escrita de que el traficante, cuando le cogían, sabía que el agente estaba haciendo su trabajo y le respetaba. Ahora se les echan encima y abren los coches para liberar a los detenidos, embisten patrullas y embarcaciones aduaneras o se lían 150 personas a apedrear los coches de policía. Por eso es tan importante recuperar el principio de autoridad perdido tras tantos años de déficit en inversión en seguridad, que ha hecho que ellos se sientan más fuertes", considera Mena.

"Algunos se ríen en nuestra cara: '¿Qué, ya habéis cobrado?", se queja un policía local de La Línea

Quien sale peor parado en esta guerra es la policía local de La Línea. "Algunos se ríen en nuestra cara. '¿Qué, ya habéis cobrado?', nos preguntan cuando les damos el alto. Si tuviéramos un salario digno y recursos eso no pasaría", se queja Raúl Urbano, portavoz del Sindicato de Policía Local de La Línea (SPLL). Hasta hace dos años, los agentes locales patrullaban los fines de semana en autobús por la falta de coches. Ahora ya tienen vehículos, pero siguen siendo "la policía local peor pagada de Andalucía con 1.400 euros", a pesar de que cada día han de hacer tareas de seguridad ciudadana, como perseguir motos y coches e inspeccionar a integrantes de las bandas, generalmente armados. "Si te toca turno de noche raro es que no tengas que intervenir en un desembarco de droga. Y si el mar está calmado sabes que ese día hay meneo. Nosotros solo tenemos dos coches patrullando en una ciudad de 70.000 habitantes donde además tenemos que controlar el tráfico y todo lo que corresponde a cualquier policía local. Con estos medios es imposible", suspira Urbano. En 2008 había 150 agentes locales en La Línea. Con la crisis económica y la quiebra del ayuntamiento linense ahora solo hay 80.

Un agente de La Línea falleció durante una persecución en 2017. (EFE)
Un agente de La Línea falleció durante una persecución en 2017. (EFE)

La policía local de La Línea ha protagonizado manifestaciones y protestas por su situación y persigue al alcalde Juan Franco para que mejore sus condiciones. "Ya estamos sufriendo las consecuencias de la falta de personal y recursos. No tenemos ni seguro de accidentes laborales y hemos padecido la muerte de un compañero que perseguía el tráfico ilícito de tabaco y acumulamos cuatro heridos en atropellos. Es habitual ver motos saltándose semáforos a toda velocidad y metiéndose en zonas peatonales. Están dispuestos a lo que sea por proteger sus alijos de cientos de miles de euros. Ya hay muchos barrios configurados como guetos y búnkeres y cada vez hay más casas donde guardan la droga y los vehículos", prosigue.

A pesar de todo, el año pasado se alcanzó un récord de incautaciones de droga y detenciones de traficantes según datos de la Fiscalía Antidroga de Cádiz. En concreto 170 toneladas de hachís, 11,8 toneladas de cocaína y 56 toneladas de marihuana. Un total de 1.454 personas fueron detenidas por tráfico de drogas y se intervinieron 263 vehículos, tres cabezas tractoras, 45 embarcaciones semirrígidas y nueve motos de agua. También se recuperaron 800 vehículos robados en España que aparecieron en distintas 'guarderías' y operativos de los traficantes. Coches de alta gama que antes tenían como destino Marruecos y ahora se quedan en Cádiz.

Francisco Tejón (centro) en un fotograma de un videoclip.
Francisco Tejón (centro) en un fotograma de un videoclip.

Narcos de película

"Tal como está la cosa, da la sensación de que ser traficante merece la pena. Estos jóvenes que abandonan los estudios pronto lo tienen clarísimo. Cuando se acostumbran a vivir con 5.000 euros no quieren perderlo y hacen lo que sea. Si han de cumplir pena de cárcel, se 'comen el marrón' y saben que están protegidos dentro y sus familias lo están fuera. Por eso no tienen miedo a la cárcel. Cuando salen vuelven a delinquir. Es un círculo vicioso provocado en parte por las leyes tan blandas que tenemos", resume el portavoz del SUP. Lo primero que hacen estos chicos es comprarse un coche de alta gama, o joyas, o darse fiestas con alcohol y chicas como en las películas del narcotráfico colombiano. Ahí está el videoclip musical que Francisco 'el Castañita' protagonizó poco antes de ser detenido.

"Antes el contrabando era para ganarse la vida y ahora es para darse la vida", afirma Urbano. "Como estos chicos no tienen cortapisas morales ni sociales solo buscan la opulencia y la exhibición. Un ejemplo es aquel niño que celebró su cumpleaños en La Atunara y en lugar de regalarle una tarta con un dibujo de la patrulla canino le pusieron una 'goma' del contrabando. Eso demuestra que la sociedad está algo corrompida y se precisan medidas estructurales. Hay alarmas que nos hacen ver que la situación se está yendo de las manos".

A un niño en su cumpleaños le dibujaron en la tarta una 'goma' del narcotráfico. La sociedad está algo corrompida

Paco Mena, que además de la plataforma preside varias asociaciones contra la drogodependencia en Cádiz, advierte: "Nos da miedo lo que llamamos ‘la galleguización' del estrecho. En Galicia primero fue el tabaco, luego se pasaron al hachís y finalmente a la cocaína. Y todos sabemos que los países subsaharianos se están convirtiendo en centros logísticos del negocio de la cocaína. Solo falta que a alguien se le ocurra meterla a través de las narcolanchas". No obstante, esa posibilidad es por ahora remota: el puerto de Algeciras funciona como la seda (como funcionan el resto de puertos españoles y europeos) gracias a los grandes volúmenes que se manejan y al soborno a autoridades y operarios, y jugarse 3.000 kilos de cocaína en una lancha que pueden terminar en el fondo del mar no es lo mismo que hacerlo con 3.000 kilos de hachís.

Guardias civiles y pescadores del Campo dee Gibraltar hablan en alta mar. (Reuters)
Guardias civiles y pescadores del Campo dee Gibraltar hablan en alta mar. (Reuters)

Y en esa gran diferencia de dinero que mueve hachís y cocaína se basa una de las claves para que el Campo de Gibraltar no se haya convertido en una narco-región, y es la incapacidad de Los Castañas y la industria del hachís de corromper a las autoridades a gran escala. Han logrado tener agentes de policía local y otros perfiles básicos, pero de ningún modo han alcanzado la judicatura o altos mandos de Policía o Guardia Civil, como sí logran, a cuentagotas, los cárteles de la cocaína en la policía portuaria y los operarios de la estiba. "Los tentáculos de las mafias intentan llegar a todas partes. La Guardia Civil les interesa porque controla el mar y la Policía más en el ámbito terrestre, pero afortunadamente son pocos los casos", indica López. El portavoz de AUGC secunda: "Si llegaran a penetrar en las autoridades ya nos iríamos a una situación como la de América Latina, a los narco-estados. El narcotráfico es un pulpo y va a intentar introducirse en todos los ámbitos de la sociedad. Si lo ganan es porque los jueces, policías y legisladores se han corrompido. Por eso necesitamos contrarrestarlo con todo lo que planteamos en mejoras salarias y de recursos".

La tercera pata es la más histórica y a la vez menos preocupante: el contrabando de tabaco. Los contrabandistas, muchos padres de familias que redondean así sus magros salarios, nunca portan más de 15.000 euros en tabaco, así el delito, si les pillan, no pasa de una mera sanción administrativa. Sin embargo, la plataforma cívica avisa: si a raíz del Brexit se consigue que el tabaco de Gibraltar tenga la misma fiscalidad que el español, toda esta pequeña industria se vendría abajo, obligando tal vez a muchos contrabandistas a asaltar viviendas, abrir coches o cometer hurtos callejeros para obtener dinero.

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